El espejo de nuestra identidad

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Tal vez nunca será del todo explicable el éxito mundial de Cien años de soledad. Cuando se publicaron los primeros ocho mil ejemplares, edición agotada en Buenos Aires, se desató una alucinada recepción del libro que los latinoamericanos desparramados por el mundo asumieron como el gran espejo de su identidad cultural. La audacia volcánica de su extremada invención puso a rodar sueños por las laderas de Colombia y fueron mil y una noches saliendo de estas páginas mágicas. El impacto del libro llegó hasta el delirio, a tal punto que el novelista mexicano Carlos Fuentes, al terminar su lectura, escribió que acababa de leer la Biblia latinoamericana.
El poeta chileno, Pablo Neruda, no dudó en afirmar que se trataba del segundo Quijote de la lengua española. Rescatar a Macondo, metáfora de 500 años de Historia de Colombia y América Latina, no sólo “desfacía el entuerto” del olvido y defendía nuestra identidad, como revivía la línea de lo lúdico y de la libertad de la imaginación que iniciara la genial obra de Cervantes. Captando todos los niveles de la vida –lo real y lo imaginario, lo culto y lo popular, lo sagrado y lo profano, lo regional y lo universal, la ciudad y el campo–, y los diversos tiempos –mítico, bíblico, histórico, político y autobiográfico–, en un corpus en el que todo aparece imbricado con todo, Cien años de soledad reconstruye nuestra identidad cultural y los avatares de nuestra Historia a través del juego, de la mamadera de gallo trascendental y supremamente seria.
El dominio del lenguaje metafórico, la originalidad en la estructura narrativa del asunto, el poder cognitivo, y lo que es una fiesta para sus lectores, la exuberancia poética, son los elementos que hacen de Cien años de soledad una de las grandes conquistas del arte de novelar en el siglo XX. Con la mediación de la circularidad mítica, el eterno retorno, García Márquez no sólo organiza su relato, sino que orquesta toda su crítica al modelo de desarrollo latinoamericano, a las paradojas de su Historia y su ingreso a marchas y contramarchas en la modernidad. Así, ironiza, parodia y carnavaliza las inconsistencias de nuestros procesos históricos, que giran en redondo sin avanzar, que se estancan y permanecen aislados del tren de la Historia a pesar de esfuerzos como el de José Arcadio Buendía, el patriarca fundador de Macondo que termina sus días como Prometeo encadenado.
El pecado original, el éxodo, la peste, el diluvio, el apocalipsis, el sánscrito, el hielo, los juguetes mecánicos, la lupa, el imán, el reloj, el telescopio, el sextante, el astrolabio, el clavicordio, el tren, el cinematógrafo, la luz eléctrica, los prodigios de los magos y los desvelos de los alquimistas, la magia y las supersticiones, la utopía social, la guerra, el amor, el incesto, los fantasmas de la culpa y la soledad se entretejen en las peripecias de los Buendía, cuya fuerza alegórica trasciende el referente histórico para tornarlas una fábula vital de la historia de la humanidad.



