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El caso de la mujer Wachina en el Cabildo Indígena Universitario. De la selva a la ciudad por un sueño

Con sus ojos rasgados de mirada profunda recorre la Universidad del Valle. Camina ligero por las costumbres de la selva.

Por: Cabildo Indígena Universitario

Carely en su comunidad – Foto: tomada Facebook personal
Carely en su comunidad – Foto: tomada Facebook personal

Carely es una de las mujeres del grupo étnico Pisamira, del departamento del Vaupés. De la comunidad de Yacayaca, a cuatro horas de la capital del Mitú, al borde de las majestuosas aguas del rio Vaupés. Su estudio de la básica primaria lo hizo en diferentes comunidades, una de ellas fue el Internado Bocas del Yi Mandí y la misma comunidad de Yacayaca. El bachillerato lo cursó en el colegio José Eustasio Rivera en la capital del Mitú.

Después de haber recorrido y compartido experiencias junto a sus dos hermanas mayores: Nelsy y Myriam Londoño, quienes le dieron su amor y su compañía, en el año 2006, a la edad de 13 años, ingresó al colegio.

Carely es alguien especial entre los miles de estudiantes universitarios de Colombia: habla Cubeo, Pisamira, entiende el Tucano, el Yuruti y domina el castellano, también entiende el canto risueño de las aves, el silencio del campo

En su corta pero profunda vida, se le han ido presentando uno a uno los avatares de la adversidad con los que ha peleado. Carely recuerda con amor y nostalgia las última palabras de su único hermano Henry, quien cuando ella cursaba décimo grado, emprendió un trágico viaje a Yurupary a siete horas de Yacayaca, en la época en que la guerrilla convulsionaba los vastos territorios nacionales. Dos días después, por medio de las comunidades vecinas, se enteró de la muerte de Henry y desde ese momento y para siempre la acompañan esas últimas palabras de aliento que parecen tronar del corazón de la selva colombiana: Flaquita, hermanita, siga estudiando y pórtese juiciosa, este día voy a viajar a Yurupary aunque se sabe que la guerrilla se encuentra un poco arriba pero yo sé que no me van a hacer nada, pero eso sí, si algo me llega a pasar, sea fuerte y siga con su estudio y ayúdele a nuestros padres.

Al finalizar el año 2011, en el mes de octubre, en busca de elementos para desarrollar una tesis, llegó a la región la lingüista Iveth Patricia de la Universidad del Valle, a Carely, quien en ese entonces conservaba intacto el sueño de salir a estudiar y sabía de la existencia de una ciudad llamada Bogotá, Villavicencio y Manizales, pero no estaba enterada de la existencia de esa universidad, le bastó que sus padres la relacionaran con esa visitante providencial, para que un año después, al regreso de la lingüista a la comunidad, alistara sus pocas pertenencias y con el apoyo de Iveth Patricia, cuando terminó el grado once, se presentara a la Universidad del Valle.

Carely en clase - Foto: Alejandro Salazar
Carely en clase – Foto: Alejandro Salazar

En el año 2013 ya está Carely caminando las convulsionadas calles de Cali, ha salido del silencio de la selva y está en el medio de la bulla que deparan las agitadas masas de ciudadanos que se mueven por la urbe en busca del presente, atrás quedaron sus familiares, sus amigos, sus historias vitales, pero no está sola, se sabe acompañar, pues cada que la vida le depara cruzar la lejanía y visitar a su familia, al regreso, trae con ella su chuquitaña (ají molido), fariña (harina de la yuca brava) y Carayuru (polvo rojo), es una de las integrantes de la directiva del CIU, el Cabildo Indígena de la Universidad del Valle. Sabe que su vida ha cambiado, ahora se mueve con sigilo por una nueva selva de concreto, pero nada teme, sabe que está protegida por sus ancestros, por sus tradiciones.

Carely es alguien especial entre los miles de estudiantes universitarios de Colombia: habla Cubeo, Pisamira, entiende el Tucano, el Yuruti y domina el castellano, también entiende el canto risueño de las aves, el silencio del campo; ahora la alientan esas palabras inolvidables de su hermano, para seguir interpretando el misterioso sueño de la vida.

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