Calimío Desepaz. Un pueblo dentro de Cali
El Distrito de Aguablanca es visto desde afuera como un lugar que no conoce la paz, el agua potable, ni las construcciones modernas. Veamos cómo es la vida en uno de sus barrios, Calimío Desepaz, contada por una persona que ha vivido en él desde su fundación.
Por: Carolina González
Estudiante de Lic. en Filosofía

Foto: http://www.metrocali.gov.co
Vivir en el Distrito de Aguablanca es como vivir en otra Cali. Supongo que por eso mi mamá se refiere a nuestro barrio como “el pueblo”, claro que de Andrés Sanín para fuera lo llama “la ciudad”. Mi barrio es Calimío Desepaz, más adentro de Sanín, lindando con Potrero Grande, Pízamos, Remansos, Manuela Beltrán y el Jarillón de Cali. Pero usualmente estas indicaciones no me funcionan para ubicar a quienes no conocen, entonces comienzo de nuevo: ¿Ustedes conocen Valle Grande, el Centro Comercial Río Cauca o Andrés Sanín? Bueno, unos seis barrios más adentro. Creo que para empezar debo responder las preguntas más comunes al decir dónde vivo.
¿Eso por allá es muy peligroso? El tema es espinoso, y prefiero evadirlo, porque no sé qué responder. Llevo 21 años viviendo aquí (es decir, toda mi vida), y sólo una vez fui víctima de un atraco; aunque he escuchado muchas veces el ¡Cójanlo, cójanlo! Entonces, si por peligroso se refieren a qué tanto roban por acá, les debo la estadística, porque no sé si estos han sido casos excepcionales o son habituales. Mejor dicho, no sé si roban a diario o sólo en fechas especiales.
Tampoco he visto muertos, aunque he escuchado de personas a las que han asesinado. Pero si por peligroso se refieren a la cantidad de muertes violentas, es otra estadística que debo. No sé qué quiere decir la gente cuando me pregunta si vivo en un sector peligroso, porque aún no veo la diferencia con el resto de Cali.
Vivir en el Distrito de Aguablanca es como vivir en otra Cali. Supongo que por eso mi mamá se refiere a nuestro barrio como “el pueblo”, claro que de Andrés Sanín para fuera lo llama “la ciudad”. Mi barrio es Calimío Desepaz, más adentro de Sanín, lindando con Potrero Grande, Pízamos, Remansos, Manuela Beltrán y el Jarillón de Cali
También me preguntan mucho si llega el MIO por acá. Esta pregunta me parece muy curiosa, porque me hace pensar que los otros imaginan que no hay carreteras sino trochas, que los Jeeps o “Jipetos”, como les dicen, son los únicos que entran. La verdad es que el sistema de transporte es muy amplio en el sector, tenemos varias rutas de Jipetos, la ruta Decepaz, la Ermita, y el MÍO. También es común ver entre 5:00 a. m y 7:00 a. m las caravanas de motos, carros y bicicletas que van a “la ciudad”, las personas que van al trabajo, al estudio, a hacer las vueltas del médico. Siempre me ha generado curiosidad este hecho. Siendo tan fácil entrar, ¿por qué nadie viene? Es que vos vivís muy lejos, me dicen. La distancia es la misma para las dos partes, lo que pasa es que mi barrio es lo desconocido, es “el pueblo”.
Me explico, muchas personas no han venido porque no se han visto en la obligación de hacerlo. En mi barrio no hay ninguna empresa grande, salvo algunas droguerías que son administradas por los habitantes de la casa donde está el local. También hay una sucursal del Autoservicio El Jardín, pero la mayoría de empleados son vecinos. No tenemos ningún banco, centro de salud, ni hospital; y sólo hay un colegio grande, el público, Santa Isabel. Tal vez eso es lo que ocurre, que no hay mucho por hacer. Pero cuando hablo de los bajos costos de los gimnasios y de los comederos, parece que la distancia no se hace tan larga y el barrio no parece tan recóndito.
Muchas personas no han venido porque no se han visto en la obligación de hacerlo. En mi barrio no hay ninguna empresa grande, salvo algunas droguerías que son administradas por los habitantes de la casa donde está el local. También hay una sucursal del Autoservicio El Jardín, pero la mayoría de empleados son vecinos. No tenemos ningún banco, centro de salud, ni hospital; y sólo hay un colegio grande, el público, Santa Isabel. Tal vez eso es lo que ocurre, que no hay mucho por hacer
Una forma de entretenimiento muy común en el barrio son las verbenas. Puedo asegurar que tres de cada cinco vecinos tienen bafles tipo torres: la música es esencial en los barrios populares.
Aunque más que la música, se puede afirmar que es el ruido, no importa si tu vecino tiene el equipo a todo volumen, si considerás necesario prender el tuyo a un nivel mayor, tenés el derecho de hacerlo. Debo admitir que esta situación me parece bastante incómoda, pero creo que es necesario comprender por qué esa necesidad de ruido, por qué resulta tan incómodo el silencio. La mejor respuesta la encontré en una serie de Netflix llamada Sense8. En ella se le pregunta a un personaje de Kenia por qué resulta tan importante tener un televisor tan grande y lujoso, mientras el resto de su casa lucía tan pobre. El personaje responde que el televisor debe ser tan grande como la realidad de la que desea escapar. Creo que esa puede ser la razón. Tal vez las penas de mis vecinos se escuchan más fuertes en el silencio, tal vez quieren callar los conflictos internos.

Foto: https://tubarco.news
Hasta ahora puedo decir que, en términos de violencia, mi barrio no se diferencia del resto de la ciudad. En términos de movilidad, creo que incluso estamos en ventaja por la gran variedad de transportes. ¿Por qué somos nosotros “el pueblo” y el resto de Cali “la ciudad”? Por nuestro modo de vida. En el pueblo se hace bulla, se bebe en las calles sin importar ningún código de policía, se anda en chanclas y en shorts. También somos los que deben hacer viajes de más de una hora para ir a estudiar, a trabajar o al médico; porque la verdad es que tener muchos transportes no es un consuelo cuando ardés en fiebre y tu EPS está a una hora de viaje.
Si bien Calimío no es un barrio en el que falte acueducto, electricidad, comunicaciones, etc., no contamos con otros servicios esenciales. El éxodo matutino de mis vecinos me hace pensar en los buses que vienen de los pueblos cercanos a Cali, llenos de gente buscando una vida diferente, algo más allá de lo que les ofrece su lugar de residencia. En ese momento le doy la razón a mi mamá: vivimos en un pueblo, porque para ir a la universidad debo hacer un viaje de hora y media, a veces de dos horas
Si bien Calimío no es un barrio en el que falte acueducto, electricidad, comunicaciones, etc., no contamos con otros servicios esenciales. El éxodo matutino de mis vecinos me hace pensar en los buses que vienen de los pueblos cercanos a Cali, llenos de gente buscando una vida diferente, algo más allá de lo que les ofrece su lugar de residencia. En ese momento le doy la razón a mi mamá: vivimos en un pueblo, porque para ir a la universidad debo hacer un viaje de hora y media, a veces de dos horas. Es casi el mismo tiempo que me toma llegar a mi servicio de salud, visitar a mis amigos o ir al centro. Puede que alguien me lea y piense que así es el modo de vida en Bogotá, que Cali está en proceso de ser una gran ciudad como la capital; pero es una situación diferente, aquí las distancias no son tan largas, el masivo hace que cada viaje se alargue.

Foto: http://www.elpais.com.co/
Para no aguantarse el viaje en bus, que además de largo es insoportable, muchos han comprado moto. Dentro del barrio no rigen las mismas reglas que se supone son para toda la ciudad, aquí es común ver parrilleros hombres, incluso, andan tres, cuatro, cinco personas en moto; los cascos parecen imprescindibles, los chalecos aún más; la velocidad no tiene límite. A pesar de ello, los accidentes no son muy comunes. Otra opción de transporte es la bicicleta, ésta es más popular entre estudiantes y obreros, por lo barata. Últimamente, se ven más personas con carros. El tráfico que hace unos años era escaso ha crecido notoriamente; sin llegar a los trancones, porque contrario a “la ciudad”, la vía principal no tiene huecos. Aquí lo único que para el tráfico son las vacas que salen desde el Jarillón a pastar en las mañanas y al fin de la tarde.
En las mañanas se ven las personas que salen a ejercitarse y a sacar a sus perros, durante la hora boba (…) no se ve mucha gente, porque es el punto que nos separa de Manuela Beltrán, y las leyes de allá no las conozco. Cuando baja el sol, los niños salen a entrenar fútbol, las vacas a pastar y nuevamente los vecinos con sus perritos. Los sábados y los domingos son días bonitos, porque se ven familias paseando, niños en los juegos mecánicos que traen de otros barrios y gente que aprovecha la ciclovía en la mañana
En el Jarillón también hay lagos de pesca, piscinas de agua natural y criaderos de cerdos. Las vacas salen todos los días desde ahí hasta La Alameda, más o menos unas cuatro cuadras de distancia. La Alameda es un parque vertical con torres de electricidad, canchas improvisadas, kioscos que nunca empezaron a funcionar, un sendero peatonal y una cicloruta inconclusa. Además de ser el lugar de relajación de las vacas, lo es para mis vecinos y para los perritos. En las mañanas se ven las personas que salen a ejercitarse y a sacar a sus perros, durante la hora boba (entre las 12:00 m y las 3:00 p. m, se le dice así porque es la hora en que se hace la siesta y dicen que es la hora en que los ladrones buscan a sus presas) no se ve mucha gente, porque es el punto que nos separa de Manuela Beltrán, y las leyes de allá no las conozco. Cuando baja el sol, los niños salen a entrenar fútbol, las vacas a pastar y nuevamente los vecinos con sus perritos. Los sábados y los domingos son días bonitos, porque se ven familias paseando, niños en los juegos mecánicos que traen de otros barrios y gente que aprovecha la ciclovía en la mañana.
Al lado de La Alameda hay un caño, para hacer la conexión, un puente vehicular. Recuerdo que el único caso que conozco de indigencia por estos lares es el de Perea, un señor que construyó su hogar debajo de ese puente. No sé si ese era su nombre, pero así le decía mi mamá. La historia de él terminó de buena forma, hasta donde la conocemos: un día llegó una hermana de Buenaventura, le pidió que volviera, y a la semana Perea estaba bañado, afeitado, con ropa nueva y montado en un bus.

Foto: https://caliescribe.com



