¡Ay oí, oye nuestro canto! ¡Nuestro pueblo ya no aguanta tanto! Entrevista a Hugo Candelario González
Músico guapireño. En 1985 se radica en Cali y, dos años después, estudia música en el Instituto Popular de Cultura y el Conservatorio. Siempre ha estado vinculado a la cultura, la música y las danzas. Director del grupo Bahía.
Por: Clara Inés González L.
Estudiante de Comunicación Social y Periodismo

“Y seguiremos cantando,
Hugo Candelario
Y seguiremos luchando,
Y seguiremos riendo,
Y seguiremos bailando.”
Una pequeña marimba con los colores de la bandera de Santiago de Cali reposa como un tesoro en su estudio musical. Con una así, pero sin pintura y a gran escala, Hugo ha hecho parte del cine, el teatro, la televisión, y el ballet; además no sólo ha interpretado la música de su tierra, la que le recuerda a Guapi, también ha tocado salsa, jazz, latín jazz, música folclórica, fusiones y encuentros; con una marimba como esa ha alegrado todos los continentes.
Un paro de estos es tardío en el tiempo. Sale porque ya no hay forma de resistir la cruel realidad. Históricamente, la etnia negra, la indígena y el mestizaje que hay en el Pacífico, sólo han recibido migajas, miseria, abandono. Por eso se reacciona, y de una manera pacífica, porque nuestro paro es de comunión, porque nosotros somos comunidad
Se presenta como ‘Hugo Candelario González Sevillano, guapireño’. Allí, en Guapi, municipio conocido como el portal entre el cielo y el mar, nació y vivió hasta los doce años, ese lugar es su raíz.
Siempre, desde que se fue a estudiar el bachillerato a Bogotá, ha regresado, porque nunca se ha ido; él no suelta la conexión con su pueblo, con su río, con el ambiente donde se crió, con el Pacífico. El Periódico Cultural La Palabra presenta una conversación sobre la situación de Buenaventura con el director del grupo Bahía.
Como artista oriundo del Pacífico colombiano, ¿cuál es su opinión sobre el paro de Buenaventura?
Me produce admiración y sentido de pertenencia. Reaviva mi dignidad. La forma como se dio la manifestación: el orden, la organización, la claridad, confortó mis valores. Me parece una manifestación muy justa porque hay una deuda grandísima, no sólo con Buenaventura, sino con el Pacífico, así como con muchas regiones de Colombia.
La región Pacífica ha aguantado. Ha estado abandonada por mucho tiempo en cuestiones de seguridad y necesidades básicas. El mundo ha ido evolucionando, desarrollándose, y el Pacífico se ha quedado atrás en casi todos los aspectos. Por esta razón todo lo que ocurre allí es nuevo, cualquier investigación, tesis o proyecto cultural. Todo está por hacerse. Es una región llena de vida: agua, sol, ríos, mar, biodiversidad, sin embargo, políticamente, depende del centro de Colombia; supuestamente Bogotá es su padre, pero la abandona porque es egoísta y ensimismado. No es un concepto personal, la historia lo demuestra.
Un paro como el de Buenaventura invita a reflexionar. En mi caso recapacité antropológicamente sobre algunos de nuestros líderes del Pacífico que, cuando han tenido la oportunidad política y económica, se han dejado seducir y corromper.
Si uno analiza nuestra idiosincrasia, desde un aspecto cultural y ancestral, ya que no hemos tenido nada, cuando alguien tiene la oportunidad de poseer algo parece enloquecerse, pierde el norte, suelta su pueblo, sus creencias, su raíz. No es por criticar ni juzgar a mis paisanos líderes, es una manera de mostrar la condición del ser humano.
Además, la etnia negra no tiene el gen colonizador, como lo tienen los europeos o sus descendientes, en nuestro caso sería la población de Bogotá o Medellín. Por esta razón con poco nos sentimos felices, con poquito gozamos. No estamos pensando en ir a invadir al otro, al contrario, somos amables, nobles. Por eso hemos tenido esa paciencia y tolerancia, ese aguante a través de los siglos.
Un paro de estos es tardío en el tiempo. Sale porque ya no hay forma de resistir la cruel realidad. Históricamente, la etnia negra, la indígena y el mestizaje que hay en el Pacífico, sólo han recibido migajas, miseria, abandono. Por eso se reacciona, y de una manera pacífica, porque nuestro paro es de comunión, porque nosotros somos comunidad.
Sabemos que usted, junto a otros artistas del Pacífico, crearon la canción Oye nuestro canto, como muestra de apoyo al pueblo de Buenaventura, ¿cómo nace este himno?
Oye nuestro canto nace aquí, en este estudio; aquí nos reunimos y grabamos esa bonita canción. Cada uno de nosotros sintió las manifestaciones del Pacífico, y ese fuerte sentimiento de pertenencia nos invitó a la comunión, a despertar la creatividad. Nosotros, desde nuestra esquina, pusimos nuestro granito de arena y alguna fibra tocamos, algún corazón.
Todo inició cuando compartí una canción de Bahía Ensamble llamada Descarga corazón sincero, un tema que tiene mucha marimba y tambor. A partir de esa publicación, me escribió William Angulo, el cantante del grupo Herencia, y me dijo: Candelo, ese tema me tocó mucho la fibra. Él ya lo conocía, pero en ese momento histórico, despertaba la sensibilidad. Deberíamos reunirnos, componer una canción, pensar en algo, agregó William, y me conecté inmediatamente con su idea, con su sentir. Llamé rápidamente a los artistas, a la producción, a Liliana Escobar, puse el ingeniero de sonido, el estudio y la infraestructura, y salió la canción. El resultado fue muy bonito, quizá lo soltemos en el Petronio como Ensamble.
Mientras me responde, la pacífica brisa acaricia mi rostro, Hugo ahora tiene diez años y vive en Guapi, cerca del río; puedo escucharlo mientras aprende a tocar marimba. Este niño no imagina los aplausos que recibirá alrededor del mundo, no sospecha que, algún día, la voz de lucha de Buenaventura reavivará su dignidad.



