Crítica

American Fiction: la importancia de contar historias desde la mirada cultural

Nominada al Oscar en la categoría de Mejor Película, American Fiction cuenta la historia de un escritor afroamericano que, cansado del fracaso editorial, decide crear un alter ego afroamericano estereotípico para conseguir ventas en un país que está decidido a escuchar solo la historia única.

Título: American Fiction
Director: Cord Jefferson
País: Estados Unidos
Año: 2023
Duración: 117 minutos

Por: Sofia Londoño Galeano
Comunicadora social y periodista
Estudiante de Lic. en Lenguas Extranjeras, Univalle

Foto: Amazon Prime Video.
Foto: Amazon Prime Video.

Hace algunos años, para la promoción de la película Fences (2019), protagonizada por Denzel Washington y Viola Davis, le preguntaron a Washington en una entrevista por qué era importante que el director de este largometraje fuese afroamericano. El actor contestó que no se trataba del color de piel, sino de una cuestión de cultura. Es aquí donde las miradas importan. Mucho se ha hablado del male gaze como la mirada que objetiviza a las mujeres y las convierte en aquello que es deseable para los hombres. En cuestiones de color de piel podemos hacer el paralelo con la inextinta mirada blanca, que impone una visión colonialista y estereotipada de la población negra. Hoy en día, en tiempos que demandan la inclusión políticamente correcta, los estereotipos afloran de otras maneras, y eso es lo que nos hace ver American Fiction.

Nominada a mejor película para los premios Oscar que se llevarán a cabo el próximo 10 de marzo, el director Cord Jefferson logra retratar de manera ligera y cómica la hipocresía del mundo literario estadounidense con respecto a las historias contadas por autores afroamericanos. La trama gira en torno a Thelonious “Monk” Ellison, un escritor con un par de libros publicados, que es forzado a tomarse un tiempo libre de su trabajo como profesor de literatura en una universidad de Los Ángeles. Es así como vuelve a Boston, su ciudad natal, para hacerse cargo de problemas familiares que se había negado a enfrentar antes. La ironía de la historia recae en la explotación de historias que estereotípicamente serían catalogadas como afroamericanas, para productos culturales como libros y películas. Este tipo de explotación niega la diversidad dentro de la misma comunidad afro y la cataloga dentro de un tipo único de historia. Tal como lo dice la escritora nigeriana Chimamanda Adichie, “la historia única crea estereotipos y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Hacen de una sola historia la única historia”.

Es extraño que un largometraje que no cuenta con actuaciones extraordinarias, sets con alto presupuesto y uso constante del humor, haga parte de esta categoría. Pareciese que fuese una nominación políticamente correcta, donde la Academia se ve presionada a incluir, al menos, una película afroamericana.

Monk se da cuenta, a través de su fracaso por tratar de publicar historias distintas, que lo único que le interesa al mercado es la repetición del estereotipo afroamericano donde prime la pobreza y la violencia. La hipocresía del mundo literario queda al descubierto cuando Monk decide escribir, a modo de broma, un manuscrito que siguiese este patrón, y que, al contrario de sus otras historias, fuese de gran atractivo para los editores. Es así como este personaje crea un alter ego de autor con el que poco se identifica, haciendo de este su fachada para no revelar su verdadero yo. El resto de la trama fuerza a Monk a encontrarse con su otra versión constantemente, en una suerte de tire y afloje donde su alter ego promueve el estereotipo, mientras que su yo trata de destruirlo.

Cord Jefferson (1982), director de American Fiction. Foto: esquire.com
Cord Jefferson (1982), director de American Fiction.
Foto: esquire.com

La película muestra una gran adaptación al guion del libro Erasure de Percival Everett, que fue publicado hace 23 años. La temática de este sigue más vigente que nunca en épocas de cuestionamiento a los hilos profundos de la sociedad. Jefferson logra, a través de un humor particular, llegar a públicos de cualquier color de piel, porque lo cuenta desde adentro, desde el sentimiento de ser enmarcado en la historia única. De ahí la importancia de que quien cuenta el relato, sea alguien que entienda culturalmente las implicaciones del mismo, tal como lo señaló Washington en su entrevista.

Ahora bien, a nivel cinematográfico, esta película es incomparable a otras nominadas como Poor Things u Oppenheimer, que cuentan con sets imaginativos y extravagantes. American Fiction es bastante modesta es este sentido, al igual que en las actuaciones, ya que exceptuando el papel de reparto por el que está nominado Sterling K. Brown, no están fuera de lo ordinario. Queda entonces pensar en que el valor agregado de la película es la exposición de una problemática poco tratada. Del mismo modo, queda por cuestionarse si la ironía que retrata American Fiction no es la misma en la que cayó al ser nominada a mejor película. Es extraño que un largometraje que no cuenta con actuaciones extraordinarias, sets con alto presupuesto y uso constante del humor, haga parte de esta categoría. Pareciese que fuese una nominación políticamente correcta, donde la Academia se ve presionada a incluir, al menos, una película afroamericana. Es importante preguntarse, entonces, hasta qué punto la representación en este tipo de premios es la indicada, cuál sería una representación ideal y si se está replicando o no la historia única.

Adam Brody y Jeffrey Wright en la película American Fiction. Foto: latimes.com
Adam Brody y Jeffrey Wright en la película American Fiction.
Foto: latimes.com

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