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Adiós, Heriberto Fiorillo: luto en la cultura colombiana, llanto en el Caribe

El pasado martes, 30 de mayo, falleció en Barranquilla quien fuera uno de los más destacados cronistas y gestores culturales del país. Fiorillo, a quien sus allegados llamaban cariñosamente “Fiori”, dejó un importante legado fílmico y literario en el que se destacan títulos como El hombre que murió en el bar, Arde Raúl y Nada es mentira: crónicas y otros textos. También es de destacar el colosal trabajo que realizó mediante el Festival Internacional de las Artes y la Fundación La Cueva, instituciones que nacieron bajo su liderazgo.

Por: Alejandro Alzate

Heriberto Fiorillo (1952 – 2023), periodista cultural que se destacó como columnista, narrador, editor, director, productor de televisión y guionista.
Foto: https://twitter.com/jdcorreau/status/1663562256981041153

A los 71 años ha partido Heriberto Fiorillo. Se ha cumplido, como un rito, su cita con el más allá. Por eso, a modo de homenaje, hoy queremos rememorarlo como el hombre de cultura que fue. Sus intereses, como es bien sabido, comprendieron la literatura –expresión que cultivó en casi todos sus géneros–, el teatro, la edición, la cinematografía y la gestión cultural. Sin lugar a dudas, es grande el vacío que deja el caribeño con su partida. En palabras de Felipe Buitrago, exministro de Cultura, “Fiorillo ha dejado una huella y un legado trascendental en Colombia y, particularmente, en Barranquilla. Él se ha destacado durante casi dos décadas por entregar a sus coterráneos un espacio que ha contribuido a la descentralización de la cultura y, como reza su eslogan, hacerlo un lugar único en el mundo”. El escritor Fausto Pérez Villareal, su amigo cercano desde hace muchos años, expresó que “[él era] un hombre apasionado por lo que hacía: periodismo, cine, literatura y gestión cultural. Hasta el último momento afloró su irrenunciable amor por la vida”.

Como consta a raíz de lo mencionado por quienes lo conocieron, las habilidades múltiples del cronista fueron uno de sus distintivos característicos. Así lo recalcó el también periodista Carlos Polo. De acuerdo con él, “Heriberto Fiorillo ha transitado con éxito por las competitivas arenas del periodismo, la edición, la literatura, la televisión, la radio y el cine”. Desde ese común denominador, el interés de estas páginas es dar cuenta de los logros que obtuvo el barranquillero en algunas de las áreas mencionadas. Como cineasta, y como bien lo reseñamos en el texto que sobre él publicamos el pasado mes de febrero: “Fue Garabato, un largometraje, el trabajo que le valió el encomio de la crítica en 1985, obtuvo una mención de honor en el Concurso Nacional de Guiones que realizaba. Una vez idos los nostálgicos años 80, llegó cargada de proyectos la caótica y explosiva década de 1990; [momento en el que surgieron] producciones como Talento, la cual escribió y dirigió. Posteriormente, apareció Amores ilícitos, primera entrega de un proyecto que hacía parte de De amores y delitos, una idea original de Gabriel García Márquez”.

Fiel al espíritu que guio su actuar, Fiorillo escribió sus textos pensando en acercar al lector tanto a sus historias, en particular, como al mundo del libro, en general. Su idea fue, en todo momento, promover la cultura, el pensamiento y el disfrute por la sensibilidad que solo el arte prodiga.

En calidad de periodista, los galardones que obtuvo fueron muchos. Dentro de ellos, brillan con luz propia el Simón Bolívar y el de Colombiano Ejemplar, distinción que le concedió el periódico El Colombiano en 2019. Su obra manifestó, desde sus juveniles inicios en El Heraldo, un interés por testimoniar lo cotidiano y por realzar la sutil belleza de lo aparentemente trivial. Su prosa fue de fácil lectura, pero profunda. Fiel al espíritu que guio su actuar, Fiorillo escribió sus textos pensando en acercar al lector tanto a sus historias, en particular, como al mundo del libro, en general. Su idea fue, en todo momento, promover la cultura, el pensamiento y el disfrute por la sensibilidad que solo el arte prodiga. Una ojeada a su extensa bibliografía permite conocer su interés por una multiplicidad de temas entre los cuales la reminiscencia es protagonista. Es este el caso de Cantar mi pena, un texto que se estructura en torno a la leyenda del compositor vallenato Leandro Díaz. Mito y realidad convergen para testimoniar la historia de uno de los más grandes juglares del Caribe.

Finalmente, hay un aspecto que le concede a Fiorillo los más caros reconocimientos de sus colegas periodistas. Se trata de la concepción ética del oficio, de las virtudes que deben tenerse para ejercerlo con dignidad y formar ciudadanía más allá de la salvaguarda de los intereses de los gremios. En torno a esto, el autor de Arde Raúl fue ejemplar y ejemplarizante, tal como lo señalan algunos de los apartes del discurso ¿Dónde está el buen periodismo?, que publicó El Espectador el pasado mes de mayo.

Un buen periodista tiene fe en la inteligencia de su audiencia. De lo contrario, escribe o narra para una masa de tontos. Lo digo aunque hoy muchas audiencias causen decepción entre profesionales del periodismo que desean servirlas. En Colombia, por ejemplo, la gente lee más, pero lee peor. La mayoría de los lectores demanda artículos de pobre calidad. Han pasado de su condición de masa a la de individuos masificados, con pobrísimos hábitos de lectura, preferencias por revistas de gran liviandad, incapaces de analizar o digerir informaciones complejas y globalizadas.
[…]Comprometido con su audiencia, dentro de un universo mediático que informa, enseña y entretiene, un buen periodista apuntará siempre a lo relevante, luchará por mantener su credibilidad e intentará crecer y resistir donde pueda, en medios tradicionales o tecnológicos. Su propósito democrático será el de siempre: proporcionar a los ciudadanos la información que les permita ser libres y capaces de gobernarse por sí mismos.

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