Crítica

No esperes demasiado del fin del mundo, de Radu Jude

Por: PhD. Juan Carlos Romero C.
Profesor del Instituto Departamental de Bellas Artes/ Unidad Central del Valle – (UCEVA)

Foto: MUBI.
Foto: MUBI.

Es reconfortante saber que el cine, su esencia, no es lo que hoy se expone con efectos de marketing y muchas horas de autopublicidad en las carteleras comerciales. El cine, como objeto artístico que transforma la cultura, sigue vital y comprometido con dejar sentir las muchas voces maravillosas que, a través de historias, imágenes, sonidos, debaten sobre el eterno e inagotable tema de la condición humana. Hoy se han ampliado los medios para hacer películas. Esta dinámica ha afectado las formas como circulan las películas. Un científico social hablaba de las sociedades líquidas (Z. Bauman, 1925- 2017). Este concepto se aplica en la actualidad a la circulación del cine, el cual viaja por la autopista digital del internet. La tecnología ha democratizado el acceso a las imágenes y ese milagro hay que celebrarlo, y por qué no, agradecerlo.

No esperes demasiado del fin del mundo (2023), de Radu Jude, exige que en su escritura sea inseparable el nombre de la película seguido de su autor. Se hace indispensable saber el nombre del relojero que ha diseñado esta provocadora criatura cinematográfica que nos llega de Bucarest. Ese país que es una mezcla infinita, que apenas intenta reestablecerse luego de una trágica, violenta y opresiva dictadura comunista. Radu Jude crea una heroína elocuente y fascinante, Ángela Raducanu, interpretada de manera magistral por Ilinca Manolache, una mujer que nos hace vivir un día de su intensa jornada de trabajo en la Rumania de este siglo.

Desde los ojos y la piel de Angela Raducanu, la película nos muestra el colapso de un proyecto social y político en esa Europa central que flota a la deriva por los embates del capitalismo.

La película es un juguete cinematográfico fascinante. Si se concibe la idea de un cine total, esta es una oportunidad de comprobar esa posibilidad. La cinta inicia su demolición a través de su audaz propuesta visual. Se rompe ese recurso técnico de la planimetría. Una forma, imperceptible, de dominación narrativa, que el cine derivado de la influencia occidental hace del recurso fotográfico. Radu June elige narrarnos su obra en un frenético plano secuencia en blanco y negro que, de manera abrupta, se interrumpe para dejarnos ver largas secuencias de una película llamada Ángela goes on, filmada en los últimos años de la dictadura de Nicolae Ceaușescu. Al inicio de la película, el director nos anuncia que su obra es un “dialogo” cinematográfico entre las dos mujeres, llamadas Ángela, que deambulan por una congestionada Bucarest, ayer y hoy. 

Desde los ojos y la piel de Angela Raducanu, la película nos muestra el colapso de un proyecto social y político en esa Europa central que flota a la deriva por los embates del capitalismo. Ángela no es feliz. Sus días se consumen en interminables jornadas en el tráfico agresivo de su ciudad, padece la precarización laboral del sistema, es productora de una empresa de cine, pero en medio de esas dificultades emerge una mujer increíble que publica en las redes un personaje masculino brutal, llamado Bobita, que habla sin tapujos y de manera provocativa de todos los temas; una mujer que lee y sabe que es víctima de una forma de explotación y se resiste a ella; una mujer de hoy que sabe que vive en el último escalafón económico de la vieja Europa, su Rumanía natal, en donde coexisten distintas razas y maneras de vivir (gitanos, húngaros, albaneses, etc.) producen una música , literatura, teatro y cine increíbles. Ante su pobreza económica, Rumanía se expresa a través de su riqueza artística. No esperes demasiado del fin del mundo, de Radu Jude, es prueba de ello.

Radu Jude (1977), director de cine rumano. Foto: Tomada de dafilmfestival.com
Radu Jude (1977), director de cine rumano.
Foto: Tomada de dafilmfestival.com

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