Liliana Martínez Macías: una mujer con alas multicolores
El sábado 19 de octubre tuvimos la oportunidad de participar en la creación del mural de la artista vallecaucana Liliana Martínez Macías. Una mujer radicada en Alemania, pero que, gracias a la invitación de la Gobernación del Valle, sus alas volaron hacia Colombia para participar en uno de los murales que integran la gráfica de la COP 16. Una de sus cualidades es pintar en vivo durante las exposiciones y su preferencia por vincular al público en el proceso creativo de su trabajo.
Gracias, Liliana, tus alas son muy fuertes.
Por: María Fernanda González
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: Secretaría de Cultura del Valle.
Procedente de una familia de artistas, Liliana se dejó llevar por la vena artística; y cómo no serlo, si una de las figuras más destacadas es su abuelo Efraím Martínez, quien fue un reconocido impresionista y muralista de la región. Desde joven, esta mujer trazó su camino y, gracias a una beca de la Escuela de Arte, pudo perfeccionar su técnica. Si observamos sus obras, podemos ver toda una gama de colores y nunca encontraremos una obra repetida entre sus pinturas. Todo esto no lo supe cuando conocí a Liliana; ahora, después de unos días de compartir con ella, puedo decir con certeza que el arte emana de su cuerpo. Y no es por ser salamera, sino porque su sonrisa y espontaneidad hacen que uno se interese en su obra.
A Liliana no le interesan los reconocimientos superficiales; a ella le interesa dejar una obra que permita que las personas conecten con la naturaleza. Y es que su obra ha girado en torno a los temas de la biodiversidad, medio ambiente y sentido de pertenencia. No ha sido una moda que ha tomado, sino que ha establecido su carrera en pro de ello desde sus primeros pasos en el arte.
Nos conocimos en un cine club de terror. Tuve la oportunidad de dar una pequeña charla sobre una película que se estaba proyectando en Café Macondo y Cali Terror, y como no puedo quedarme callada, quise conversar con la audiencia de lo que estábamos observando. Liliana se mostraba entusiasta y daba paso a la conversación. Cuando terminó la película, compartimos nuestras redes y eso fue todo. Horas después miré su perfil y pude darme cuenta de que era Liliana Martínez Macías, una de las artistas invitadas para la COP 16.
Es curioso cómo la vida se encarga de que conozcas a las personas en el momento adecuado. Con Liliana seguimos hablando de cine de terror, uno de sus géneros favoritos, y le solicité una entrevista porque no tenía ni idea de cómo había llegado a Cali para pintar un mural. Nos encontramos con su hermano, quien también había participado en el conversatorio de cine, y fue un encuentro muy grato. Sentí que éramos unas viejas amigas que tomaban café para actualizar la planilla de la semana. Lo que más me impactó fue su sencillez y entrega, porque esta mujer radicada en Alemania aceptó la invitación de la Gobernación para pintar uno de los murales de la COP 16, pero solicitó no tocar el presupuesto de los artistas locales. Ya sabemos que por este evento ha habido muchos descontentos y polémicas, se ha criticado fuertemente el accionar de las figuras que están detrás de la COP 16, pero lo que hizo Liliana fue un acto de valentía.

A ella no le interesa los reconocimientos superficiales; a ella le interesa dejar una obra que permita que las personas conecten con la naturaleza. Y es que su obra ha girado en torno a los temas de la biodiversidad, medio ambiente y sentido de pertenencia. No ha sido una moda que ha tomado, sino que ha establecido su carrera en pro de ello desde sus primeros pasos en el arte. Y lo pude comprobar el sábado 19 de octubre, cuando me invitó a pintar junto a distintas personas los pájaros que ella había dibujado.
Entre niños, adultos y personas de la tercera edad, nos involucramos para que las aves dibujadas tomaran vida. Todo esto bajo la dirección de Liliana, quien no paraba de moverse, ya que entregaba los pinceles y las pinturas y daba las instrucciones de una forma tan amorosa, que parecía ser la mejor clase de pintura que cada uno pudo tomar. Pocas cosas me sorprenden en la vida, pero esta experiencia fue única y creo que jamás se me va a olvidar. Pude pintar uno de mis pájaros favoritos: el Azulejo, un pájaro perteneciente a la familia de las Tangaras, y que Liliana, sin dudarlo, lo planteó en su obra cuando le comenté sobre ese pájaro. Gracias, Liliana, espero que el mural pueda conservarse, aunque creo que la experiencia del sábado jamás será olvidada por quienes fuimos tus alumnos.




