Crónicas noveladas sobre Cali
Con el libro Crónicas noveladas sobre Cali siglo XIX-mitad del XX. -libro de apuntes-, el profesor Carlos Fajardo Fajardo recompone, interviene y vuelve a la vida la historia de nuestra ciudad, sus mitos y símbolos emblemáticos; sus procesos más importantes. A lo largo de las 142 páginas que componen el texto, la prosa empleada informa y entretiene, despierta la imaginación y desempolva las melancolías del pasado. Este trabajo constituye una necesaria reactualización de la pregunta: ¿por qué, para qué y para quiénes es importante la memoria?
Por: Alejandro Alzate

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Quizás, una de las principales tareas de la escritura, y subsecuentemente de la literatura, sea preservar la memoria. De ello dan testimonio los miles de libros escritos sobre las dos guerras mundiales, la invasión napoleónica, las peripecias de Bolívar en América, las gestas del Imperio Romano o la Guerra Civil Española. En el contexto caleño, mención aparte merece Historia de Cali en el siglo XX, trabajo con el que el investigador Edgar Vásquez Benítez mapeó la ciudad tanto física como cultural y económicamente.
Desde la perspectiva de salvaguardar la tradición, entonces, el libro de Fajardo Fajardo (Cali, 1957) vuelve a enfrentarnos con nuestro pasado y sus mensajes; algunos luminosos, otros ocultos, tal vez en clave. La posibilidad de recrear nuevamente hechos de la vida social y cultural es la manifestación del poder de la escritura, de su vitalidad y atemporalidad. El texto, que revisita sucesos tan conocidos como el magnicidio de Gaitán, también esboza la historia y nacimiento de instituciones memorables como el republicano colegio de Santa Librada, insignia académica de la capital del Valle del Cauca fundado por Francisco de Paula Santander en 1823.
…el libro (…) es un puente que conecta los mundos, aparentemente irreconciliables, del pasado y el presente. El gran plus, sin duda, estriba en el encuentro intergeneracional que se efectúa, en el diálogo que sugiere que las historias no se terminan, sino que son cíclicas y enraizadas en lo más profundo del inconsciente colectivo.
Destacable resulta la mezcla de datos duros y licencias ficcionales. Fiel a su condición de poeta, narrador y ensayista, el autor logra un tono en el que lo real y lo irreal van y vienen, se funden, en una danza a veces calma, a veces trémula, como la que se evidencia en “La fonda del río”, una de las crónicas que componen el volumen. Bajo el concepto de libro de apuntes, el lector habrá de notar que la pretensión, más archivística e intimista que intelectual, dista del interés por descubrir el mundo por vez primera y pontificar sobre él. Lo que consignan y sugieren los escritos reunidos es un preclaro interés por dar a conocer, por compartir, una interpretación singular de hechos y vivencias que dialogan para formar un tejido emotivo-histórico y periodístico. La noción del recuerdo, aunada a la nostalgia, es uno de los ejes fundamentales de este ejercicio que reivindica no solo la historia sino la idiosincrasia; todo esto mientras se cuestionan tanto la facilidad con que olvidan las sociedades modernas, como su desinterés por conocer, entender y atesorar el pasado en tanto punto de partida de las construcciones identitarias.

En efecto, es tan importante tener recuerdos que sustenten la identidad, individual o colectiva, como poder desechar un número amenazadoramente grande de recuerdos, a menudo obsesivos, los cuales impedirían la pacificación de la memoria, que es la esencia del perdón. He ahí la importancia de detenernos en el aporte de la literatura a la reflexión acerca de la memoria y, por qué no, a la comprensión de esta. Es tal el poder de la literatura en la construcción del recuerdo y del olvido, que se puede afirmar que ella tiene una profunda conexión con el desarrollo mismo de la civilización. De este modo, la historia de la literatura, en razón de que acoge los infinitos y más insospechados vericuetos de las acciones humanas, llega incluso a representar, a través de la estética de la existencia humana, la verdadera historia de la humanidad, sometida a las leyes del contraste y la polaridad. (Malaver, 2013, 41).
En virtud de lo anterior, puede decirse que el libro que hoy nos convoca es un puente que conecta los mundos, aparentemente irreconciliables, del pasado y el presente. El gran plus, sin duda, estriba en el encuentro intergeneracional que se efectúa, en el diálogo que sugiere que las historias no se terminan, sino que son cíclicas y enraizadas en lo más profundo del inconsciente colectivo. Quién lea este texto, finalmente, tendrá la opción de disfrutar la verdad de las mentiras, o de jugar al detective estableciendo las mentiras de la verdad.

Foto: Tomada del Facebook de Carlos Fajardo Fajardo.



