“Yngermina o la hija de Calamar” vuelve al panorama literario colombiano con la edición crítica de Consuelo Triviño Anzola
Consuelo Triviño (Bogotá, 1956) ha publicado, con Ediciones Cátedra, un sólido estudio en torno a esta novela de Juan José Nieto Gil, único presidente afro de Colombia. El texto reinterpreta, con acierto, problemáticas en torno al mestizaje y el encuentro entre la cultura europea e indígena; esto sin exaltar la primera ni trivializar la segunda. Adicionalmente, la autora evidencia las tensiones derivadas del conjunto de prácticas, temas y símbolos propios de la literatura decimonónica en Colombia.
Por: Alejandro Alzate

Foto: Wikipedia.
Alejandro Alzate (AA): Usted plantea que Yngermima no obedece plenamente las normas del drama romántico; no obstante, la novela sí está construida sobre el arquetipo clásico de la literatura decimonónica, esto es, el seguimiento del cristianismo, la dificultad para amar que experimentan los enamorados y el drama del mestizaje. Desde esa perspectiva, ¿qué funda, en qué es pionera esta novela en el contexto literario colombiano?
Consuelo Triviño (CT): Como planteo en esta introducción de la edición de Cátedra, Yngermima se inscribe en la categoría de novela histórico-romántica, género que en Hispanoamérica emerge entre el “lirismo de las ideas patrióticas” y el “sentimentalismo interior”. Sabemos que las manifestaciones del romanticismo son diversas y sus adaptaciones en Hispanoamérica también. No es lo mismo una novela como Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, que Amalia de José Mármol. En Yngermima no se suicida ninguno de los amantes, como si ocurre en Indiana, de George Sand. Yngermina dialoga con el romanticismo francés, que aportó tipos, temas, paisajes, ambientes y procedimientos estéticos, como el mito del buen salvaje, la intriga amorosa cargada de presagios, de sacrificios y renuncias, el paisaje como proyección del sentimiento, el amor a la patria, la atención al yo, la rebelión del héroe, el suicidio como solución al conflicto y el aislamiento del eremita.
El modelo de Yngermina es, sin duda, Atala, del francés Rene de Chateaubriand, publicada en 1801. Nieto Gil asume algunos de estos procedimientos narrativos. Su intención es dar cuenta de una cultura que surge del mestizaje y que previamente él ha estudiado con rigor. Aquí la mujer es la alegoría de la Patria tras los enfrentamientos entre los nativos y los conquistadores. Esta novela es pionera en Hispanoamérica por llevar a cabo los planteamientos que se propusieron para este género en nuestros países. Todo ello está expuesto en el prólogo de Soledad, de Bartolomé Mitre, y Nieto Gil se adelantó tres años al argentino.
Tampoco debe olvidarse lo mucho que el romanticismo hispanoamericano debe al costumbrismo en la búsqueda de las manifestaciones regionales; ni la influencia de la española Fernán Caballero en cuanto al papel de la novela y los propósitos del escritor a la hora de dar cuenta de las expresiones más auténticas de una nación.
AA: Las ficciones fundacionales dieron cuenta, entre otros aspectos, de la reconfiguración nacional postindepedentista en Hispanoamérica. En su opinión, ¿cuál es y cómo es el principal retrato nacional que pinta la novela?
CT: La novela Yngermina, publicada en 1844, nos instala en 1533, año en que Pedro de Heredia fundó Cartagena de Indias. El autor busca el rigor histórico y da cuenta de los enfrentamientos entre indígenas y españoles, y de la resistencia de los pueblos originarios. Su propósito es dar voz a los vencidos, pero también asumir el hecho histórico y subrayar el carácter mestizo de la nación. La figura de la mujer indígena no es en absoluto banal, ya que desde los inicios de la nación nuestra iconografía muestra, por ejemplo, en una pintura de 1819, de Pedro José Figueroa, al libertador abrazando a una indígena.
AA: Cumandá, de Juan León Mera, fundó simbólicamente el Ecuador; María, de Jorge Isaacs, fundó la patria colombiana. No obstante, a Yngermina, obra anterior al best seller Isaacsiano, le fue negada la gloria. ¿Por qué?
CT: Al lado de María o Manuela, Yngermina es una novela menor, pero no por ello menos importante. Sin embargo, pasó desapercibida para las historias de la literatura colombiana por diversos motivos. En primer lugar, por su escasísima y casi nula distribución; y en segundo lugar, por el desdén hacia las manifestaciones culturales regionales por parte de nuestra élite intelectual, que excluye y descalifica. Hay que tener en cuenta que Yngermina se publicó en Jamaica, cuando el autor se había refugiado allí por motivos políticos. Es decir, se escribe en el exilio, igual que Soledad, del argentino José Mitre. Nieto Gil regresa al país en 1847 y se dedica a la política; funda un periódico y publica una segunda novela en 1850, que tampoco se tuvo en cuenta. Lo cierto es que la tertulia El Mosaico avaló novelas como Manuela y María, pero ignoró Yngermina.
Por primera vez se hace referencia a Nieto Gil en Bibliografía colombiana, obra de Isidoro Laverde Amaya publicada en 1895. Es decir, cincuenta años después de la publicación de Yngermina. Pero hay que esperar a la segunda mitad del siglo XX, con Antonio Curcio Altamar, para que las historias de la literatura incluyeran la novela Yngermina como parte de nuestra tradición literaria. Raymond Williams le dedica unas páginas a esta obra, desde un concepto, digamos que regional, en Novela y poder en Colombia (1844-1987). La fecha del título de este texto, que marca el inicio del periodo tratado, es ya un reconocimiento a Yngermina, que se publica justamente en 1844.
Yngermima se inscribe en la categoría de novela histórico-romántica, género que en Hispanoamérica emerge entre el “lirismo de las ideas patrióticas” y el “sentimentalismo interior”. Sabemos que las manifestaciones del romanticismo son diversas y sus adaptaciones en Hispanoamérica también.
AA: Usted plantea que Yngermina busca legitimar la unión entre colonizadores y colonizados, mas no la igualdad entre unos y otros. Pareciera, en ese sentido, que el autor de la novela propone una suerte de ecumenismo que va más allá de la diatriba y el enjuiciamiento. ¿Qué piensa al respecto?
CT: Como en todo ejercicio crítico, conviene instalarse en la mentalidad del autor y en los valores dominantes. La sociedad ideal que presenta Juan José Nieto en Yngermina, al igual que en Atala, se rige por los principios morales del humanismo que encarna el cristianismo, y que se plantean como un medio de cohesión social. Se trata de una sociedad jerárquica en la que es fundamental el respeto a la autoridad y el pacto entre vencedores y vencidos. La religión cumple un papel regulador en ese sentido y en la construcción de la nueva sociedad, proyecto en el que participa Juan José Nieto. El tema religioso en la segunda mitad del siglo XIX desata pasiones y desencadena guerras civiles. De otra índole es el anticlericalismo de muchos de los liberales radicales en Colombia, en el periodo que le correspondió a Juan José Nieto. No olvidemos la raíz cristiana de un sector del liberalismo en Colombia, que de hecho se designan gólgotas. Es un homenaje al sacrificio de Cristo crucificado, que convoca a los pobres y les promete la redención. Algunos revolucionarios de mediados del siglo XIX retoman la imagen de un “Cristo de las barricadas”. Tampoco podemos juzgar los hechos del pasado en blanco y negro en materia religiosa. No solo los conservadores eran católicos en tiempos de Juan José Nieto.

AA: La novela realiza una rica descripción mística y mitológica de la vida en el pueblo de Calamar. En su opinión, y de cara a la configuración de la nueva república postindependentista, ¿qué tan relevante es esto?
CT: Para Juan José Nieto es muy importante recordarles a los criollos sus raíces indígenas, más aún cuando los caudillos se están peleando por fijar territorios y marcar fronteras y parcelas de poder, ensayando sistemas de gobierno: entre federalistas o centralistas; y despojando a los indígenas de sus derechos. En esas luchas quedaban al margen los antiguos esclavos cuya liberación se proclama solo hasta 1851. Nieto Gil era consciente del papel decisivo de negros, mestizos y mulatos en la independencia de Cartagena, que redactó su propia Constitución en 1812, con amplias libertades individuales, incluida la manumisión de los esclavos, aunque esta no llegó a concretarse. El caso de Cartagena y de Mompox fue excepcional en la Nueva Granada.
AA: Yngermina transcurre dentro de un esquema social evidentemente patriarcal. Así las cosas, ¿se privilegia la configuración armónica de la patria por encima de la reflexión en torno al concepto de feminidad?
CT: Naturalmente. A mediados del siglo XIX no existía, para la crítica, el concepto de “patriarcado”. No podríamos, en consecuencia, esperar, ni de Juan José Nieto, ni de ningún otro autor, una reflexión en este sentido, ya que prácticamente todo en nuestra tradición literaria sería “políticamente incorrecto”, pues la sociedad funcionaba con otros parámetros. En cambio, sí se detectan los conflictos y las contradicciones del patriarcado en los textos. La querella de las mujeres, por lo que se ha padecido a causa del sistema patriarcal, sí se expresa en algunas novelas de Soledad Acosta de Samper. También en Manuela, que es para mí un ejemplo maravilloso de cómo la conciencia femenina señala las contradicciones del discurso hegemónico.
La novela Yngermina, publicada en 1844, nos instala en 1533, año en que Pedro de Heredia fundó Cartagena de Indias. El autor busca el rigor histórico y da cuenta de los enfrentamientos entre indígenas y españoles, y de la resistencia de los pueblos originarios. Su propósito es dar voz a los vencidos, pero también asumir el hecho histórico y subrayar el carácter mestizo de la nación.
AA: En Cumandá, la joven Cumandá, protagonista de la novela, es hija del sacerdote Juan Domingo de Orozco. En la novela de Nieto, Yngermina es también hija de un español: Velásquez. ¿Es el amor, en la novelística decimonónica, una forma dulcificada de dominación y aculturación?
CT: Puede entenderse así en Yngermina, cuando la protagonista adopta la religión de su enamorado y se va “refinando”, es decir, abandona sus “primitivos” usos culturales, sus maneras y sus valores para casarse con él. Pero la coartada que ofrece Nieto Gil es que Yngermina, como hija del español Hernán Velásquez, ya es en gran medida española. Sin embargo, este proceso de “aculturación” se presenta como usual en la historia en cuanto el propio Velásquez, en España, se ha convertido al islam, la religión de su prometida, para casarse con ella. Al llegar a América, él también adopta las costumbres de los indígenas y toma como esposa a una de sus mujeres. Yngermina es hija de esa unión. Entiendo que, con el personaje de Velásquez, Nieto Gil asume el proceso de “aculturación”, o de asimilación de la cultura del otro, como un hecho que también puede ser voluntario.
AA: Desde su perspectiva, y a raíz de las bondades geográficas del territorio y de las acciones que en él surgen, ¿Calamar puede asumirse como cárcel o paraíso?
CT: En Yngermina la naturaleza, que ofrece generosamente sus frutos y acoge a los seres humanos, se percibe como un paraíso. No obstante, los personajes que se refugian en ese paraíso lo abandonan con nostalgia. Son españoles y mestizos que deben cumplir el papel que la sociedad les exige: la consolidación de un orden y la construcción de la nueva sociedad.

Foto:casamerica.es
AA: Siguiendo el pensamiento de Benedict Anderson en relación con la noción de comunidad, ¿Calamar deviene en cofradía imaginada, o en territorio hecho a la medida de un proceso de aculturación?
CT: Para Benedict Anderson los términos “nación”, “nacionalidad” o “calidad de la nación” son expresiones de distinta y cambiante significación. Se trata de artefactos culturales de clase. Por eso prefiere entender la nación como “una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana”. Calamar es en Yngermina una comunidad mítica que se dispersa en la región de la Costa Atlántica, el entonces Estado de Bolívar. Pero ello no significó, en ningún momento, el olvido de los pueblos originarios por parte del líder social y gobernante que fue Nieto Gil, ya que él mismo defendió los derechos de los indígenas sobre sus resguardos, respetando ese pacto social que los vinculaba con sus gobernantes.
AA: Spivak plantea que, bajo ciertas resistencias y comuniones, los subalternos pueden hablar. A la luz de los acontecimientos que plantea Yngermina, ¿en Calamar éstos hablan o no?
CT: La feminista hindú Gayatry C. Spivak cuestiona el concepto de individuo subalterno de Gramsci desde los parámetros de género y etnicidad. Pero Yngermina, como personaje de novela, es una alegoría de la nación, y como tal, representa algo distinto de lo que ella pudiera haber sido como género si hubiese tenido una existencia histórica real, como parece que sí es el caso de la India Catalina, un personaje de gran complejidad. Cuando Yngermina cae prisionera del tiránico régimen del gobernador Badillo, quien pretende seducirla, ella responde a sus requerimientos desde los valores aprendidos: “…conmuévante mis lágrimas, conmuévate nuestra suerte, y rompe las cadenas de nuestra esclavitud con esas manos que los redimidos besarán empapándolas con reconocientes lágrimas; conmuévate, en fin, el ver postrada a tus pies a la princesa de Calamar, en posición suplicante…”. Esta es la sumisión que premia el cristianismo, pero también es la dignidad que le imprime al individuo la capacidad de resistencia ante la adversidad.
Es evidente que Yngermina no habla como individuo. Ella se convierte en medio para entender el proceso de aculturación que sufren los pueblos originarios al adoptar los principios del humanismo cristiano. Nieto Gil parece defender, en esta narración, valores “caballerescos” como la benevolencia, que no abriga deseos de venganza frente al enemigo vencido, pero también los derechos de los ciudadanos, la libertad y la igualdad ante la ley que animaron las luchas independentistas.



