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Botero: el volumen como expresión de insumisión artística

La rebeldía se expresa de muchas maneras. En el arte, llevarle la contraria a las formas tradicionales de representación ha tenido diferentes perspectivas que terminan dando origen a nuevas tendencias. En Fernando Botero, sus formas singulares y su manera de usar el color dieron génesis a una corriente artística que lo distingue de las demás en todo el mundo.

Por: Fidel Valencia Robles
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Fernando Botero (1932 – 2023), pintor y escultor colombiano. Foto: Museo de Antioquia. Tomada de: infobae.com
Fernando Botero (1932 – 2023), pintor y escultor colombiano.
Foto: Museo de Antioquia. Tomada de: infobae.com

La primera vez que vi la reproducción de un cuadro de Fernando Botero fue en un almanaque colgado en la tienda del barrio donde viví mi niñez. Mientras esperaba mi turno para ser atendido con la lista del mandado en la mano, observé la imagen de una pareja bailando, ambos gordos, perfectos en su redondez, pero con una liviandad que sugería que estaban bailando un tango, un merengue o una salsa. Mucho tiempo después supe que, evidentemente, el cuadro se titula Pareja bailando y fue pintado en 1987. Ahora, que el artista antioqueño ha cruzado hacia la inmortalidad, ese recuerdo lejano de mi cotidianidad infantil me lleva al tema de la estética como elemento identitario de un autor. Estética que llega a trascender como uno de los múltiples rasgos que hacen parte de la identidad artística de una nación tan compleja como la colombiana.

Fernando Botero nació en Medellín en 1932. Realizó sus estudios de bachillerato en el Colegio Bolivariano, donde escribió un artículo sobre Picasso en el que exaltaba la rebeldía del artista español. El texto, publicado en el periódico El Colombiano, no pasó desapercibido. La santa y fundamentalista ira de la curia antioqueña se hizo sentir. Botero fue expulsado del colegio y, al no poder seguir sus estudios en la capital de la montaña, los continuó en el San José de Marinilla, a donde mandaban a los alumnos problema. Merecido castigo, dirá uno que otro montañero conservador del nuevo milenio, por hablar bien de un comunista declarado como Picasso. ¡Ni más faltaba atreverse a elogiar al diablo!

Fuera de las consideraciones y críticas que se le puedan hacer a sus cuadros, cosa apenas normal porque hasta la Gioconda tiene detractores, en el pintor colombiano hay un estilo único. El volumen como parámetro de su propio mundo. Las transformaciones de los cuerpos para trasgredir las formas tradicionales ponen en relieve esa rebeldía propia, y que tanto le llegó admirar a Picasso. En Botero hay nociones de deconstrucción de la figura humana, o como él mismo explicaba: “Soy el pintor del volumen, no de las gordas”.

Pero Botero no se amilanó. Su interés por Picasso era indicio de su inclinación por la pintura. Al tiempo que asistía a la escuela de tauromaquia de la plaza de La Macarena pintó su primera acuarela con inspiración en la actividad taurina. La peligrosidad del oficio de andar pinchando toros por diversión, pronto le hizo comprender que esa no era su vocación. Desde entonces, el mundo presenció el nacimiento del Botero pintor. Pocos años después, hizo su primera exposición en solitario en la galería Leo Matiz con mucho éxito. En ese entonces, solo tenía diecinueve años de vida. En 1952 obtuvo el segundo lugar en el IX Salón Nacional con una pintura al óleo titulada Frente al mar, y con el dinero del premio viajó a Europa y así inició la etapa más importante del artista.

Pareja bailando, de Fernando Botero. Foto: flickr.com
Pareja bailando, de Fernando Botero.
Foto: flickr.com

En el viejo continente no dudó en buscar al hombre que lo cautivó y por cuya admiración sufrió la expulsión del Bolivariano, pero que también lo llevó al gozo del mundo artístico. No lo encontró. En cambio, halló su propio estilo, su huella pictórica. Fuera de las consideraciones y críticas que se le puedan hacer a sus cuadros, cosa apenas normal porque hasta la Gioconda tiene detractores, en el pintor colombiano hay un estilo único. El volumen como parámetro de su propio mundo. Las transformaciones de los cuerpos para trasgredir las formas tradicionales ponen en relieve esa rebeldía propia, y que tanto le llegó admirar a Picasso. En Botero hay nociones de deconstrucción de la figura humana, o como él mismo explicaba: “Soy el pintor del volumen, no de las gordas”.

Fernando Botero deja una obra abundante: 177 pinturas y 23 esculturas destacadas en distintos museos, galerías y parques del mundo. Sus formas y sus volúmenes son vistos, admirados y criticados por miles de espectadores.

El boterismo, como lo llaman algunos críticos, fue el resultado de una serendipia que el maestro tuvo en su taller. Al momento de pintar una mandolina, un pequeño instrumento de cuerda, se dio cuenta que el orificio del sonido le había quedado muy pequeño en comparación con el resto del cuerpo, que a su vez, le había quedado abombado. De ese modo halló la expresión volumétrica que regiría su obra de ahí en adelante. Era una deformación apenas apropiada en una época cuando el arte buscaba alejarse de la representación tradicional figurativa. Sin embargo, fue en este último donde encontró la otra parte de su inspiración, según el maestro Guillermo Angulo, Botero inspiró su teoría del color de La batalla de san Romano, obra de Paolo Uccello, tríptico de 1438 hoy repartido entre la Galería Uffizi, La Galería Nacional de Londres y el Louvre de Paris. Por lo tanto, la pintura de Botero parte desde lo figurativo para construir un estilo excéntrico y altamente reconocible en el mundo, no solo por la crítica especializada, sino por el público de a pie.

El óleo Frente al mar ganó el segundo puesto en el IX Salón Nacional de Artistas de Bogotá y fue el primer reconocimiento "oficial" a Botero como artista. Foto: elledecor.com
El óleo Frente al mar ganó el segundo puesto en el IX Salón Nacional de Artistas de Bogotá y fue el primer reconocimiento “oficial” a Botero como artista.
Foto: elledecor.com

Fernando Botero deja una obra abundante: 177 pinturas y 23 esculturas destacadas en distintos museos, galerías y parques del mundo. Sus formas y sus volúmenes son vistos, admirados y criticados por miles de espectadores. Así como de niño vi esa imagen de la pareja voluminosa bailando en aquel almanaque y que se me hizo tan peculiar, otro niño, en la actualidad, podría estar teniendo el mismo encuentro, y tal vez su curiosidad lo lleve a preguntarse quién pintó o esculpió tales figuras. Quizás se entere que son autoría de Fernando Botero y, por qué no, termine identificando ese estilo con el arte colombiano. Y ese es precisamente el legado del pintor y escultor antioqueño: haber llevado el arte de este país, impregnarlo con escenas cotidianas, e integrarlo al arte universal con un estilo propio que trasciende los juicios de valor estético. Puede que te guste o no te guste, pero sabrás identificar un Botero cuando lo veas y, por extensión, relacionarlo con Colombia.

A modo de curiosidad postrera: como si la vida lo hubiera desagraviado por aquel encuentro frustrado con Picasso, en 2017 se llevó a cabo la exposición “Botero dialoga con Picasso” en Francia; en ella, el maestro colombiano presentó sus afinidades con el maestro español. Ambos partieron de este mundo a la edad de 91 años.

Según el maestro Guillermo Angulo, Botero inspiró su teoría del color de La batalla de San Romano, obra de Paolo Uccello, tríptico de 1438. Foto: historia-arte.com
Según el maestro Guillermo Angulo, Botero inspiró su teoría del color de La batalla de San Romano, obra de Paolo Uccello, tríptico de 1438.
Foto: historia-arte.com

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