Crítica

La traducción del mundo, nuevo libro de Juan Gabriel Vásquez

Es cierto que la literatura colombiana goza hoy de buena salud. También es verdad que Vásquez es uno de los escritores que más activamente han contribuido a la consecución de dicho estado de gracia editorial. Así las cosas, analizar y comentar algunos aspectos de su más reciente libro es una labor gratamente inevitable.

Por: Alejandro Alzate

Juan Gabriel Vásquez (1973), escritor colombiano.
Ilustración: Jillian Tamaki. Tomada de: nytimes.com

Lo primero que he de mencionar, lamentablemente, es un exceso; uno que le resta sobriedad al libro. Los comentarios de Andrea Bajani y Thierry Clermont, efusivosen extremo, son más un protocolo editorial decadente que un auxilio. Ambos constituyen un desatino que está más cerca de los apremios de un diletante que de los requerimientos de un escritor profesional como el autor de El ruido de las cosas al caer. Bajani, redactor de La Repubblica, dice que Juan Gabriel Vásquez es “uno de los autores más grandes del mundo”. A su vez, Clermont, periodista de Le Figaro, señala que el bogotano es “un escritor superdotado. Uno de los escritores mayores del mundo hispánico”.

Uno y otro están desfasados. Totalmente. Sus paratextos aburren y huelen a mandado; a payola, para usar la expresión de los músicos cubanos de la década de 1940. Hecha esta acotación, cabe señalar que las conferencias que integran este libro son cuatro y están bien logradas, creativamente pensadas y certeramente documentadas. De la primera a la última, el lector se encontrará con: “La mirada de los otros”,“Tiempo y ficción”, “Contar el misterio” y “Para la libertad”. La primera de ellas plantea la necesidad de validar las observaciones e interpretaciones que del mundo hacen los otros; esto con el fin de configurar el propio, el mundo particular de alguien o de alguna sociedad determinada. El recorrido propuesto es amplio. Va desde El lazarillo de Tormes hasta Robinson Crusoe, pasando por las pinturas de Velásquez. La dificultad, plantea Vásquez, estriba en que “asumir el punto de vista de otro es una de las tareas más difíciles para un ser humano: exige altas dosis de imaginación y flexibilidad moral, de curiosidad y de clarividencia. Lo cual no está al alcance de todos”. Como instancia mediadora, aunque no exenta de desconfianza, entonces, aparece la ficción. Es esta la que termina tendiendo los puentes para que los hombres de todos los confines se adhieran o no, acepten o rechacen aquello que un escritor, en tanto traductor, propone como interpretación de un fenómeno social, cultural o político concreto.

… la literatura, y por ende la ficción, es la mejor herramienta de que dispone hoy el hombre contemporáneo para escapar de la alienación del mercado y de los discursos que buscan afanosamente la uniformidad de cuerpos y pensamientos.

La segunda conferencia, “Tiempo y ficción”, establece cómo la noción de realidad que se pondera en torno a los hechos históricos, cualquiera que estos sean, no constituye la única aproximación a ellos; pues siempre quedan cosas, datos o elementos de juicio perdidos en el mar de la inexactitud o la relatividad que supone el concepto de verdad en sí. Desde esa perspectiva, propone Vásquez, “la ficción que se escribe sobre la historia es el lugar donde intentamos comprender lo que la historia no cuenta por sí misma; si la ficción que se escribe sobre la historia nos dice lo mismo que la historia dice, se vuelve redundante y por lo tanto superflua”. Lo problemático de esto estriba en que las ficciones son también arbitrarias, es decir, las escriben unos u otros según intereses o conflictos particulares; de tal suerte, todo termina siendo una aproximación, más o menos ajustada o desfasada, en relación con la forma como sucedió un determinado hecho histórico. Vásquez pone como ejemplos dos magnicidios acontecidos en la historia política colombiana: el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, y el acribillamiento a hachazos de Rafael Uribe Uribe.

La tercera conferencia se titula “Contar el misterio”. En esta, la mirada del escritor plantea un contrapunteo entre aquello que transcurre de manera pública o privada en la vida de los hombres. Lo que sucede a Gurov, personaje de La dama del perrito, establece un “momento de lucidez casi doloroso”, como se aprecia a continuación: “Todo lo que le parecía importante, interesante, necesario, todo aquello en lo que era sincero y no se engañaba, que constituía el centro de su vida, ocurría en secreto”, mientras que “todo lo que constituía su mentira, su coraza, tenía lugar a la vista de sus congéneres”. Esta cita, puede decirse, estructura el espíritu de la conferencia en la medida en que explica cómo “ese secreto, esa vida oculta de cuya existencia solo tiene noticia quien la vive, fue a partir de cierto momento el terreno de caza de la novela y, con certeza, una de las razones de su auge”. Vásquez pone en evidencia que la novela es en sí una licencia, no exenta de cierta ética, desde luego, que permite auscultar sucesos o pasajes de vida que desde otras perspectivas serían inescrutables. Conrad, puntualiza el bogotano, “escribe que la tarea del escritor es, mediante el poder de la palabra escrita, haceros oír, haceros sentir y, sobre todo, haceros ver”. Ford, por su parte, “se refiere a una interpretación correcta o precisa de los otros”. Uno y otro tienen razón. No obstante, quizás sea Ford quien peque de pretencioso al pretender una interpretación precisa de los otros;búsqueda que constituye en sí misma una irrealidad.

Foto: penguinlibros.com

Finalmente, la conferencia que cierra el libro, “Para la libertad”, se erige como una invitación a reflexionar sobre todo aquel discurso, relato o acción que coarta la libertad connatural de los individuos. Así, pues, la cita de I. Berlin se presenta esclarecedora: “Todo intento de reformar la vida humana con base en una visión de leyes generales y calculables, acaba siendo insensato, doctrinario y utópico”. Esto permite inferir que es en la pluralidad donde se construye la vida social y cultural de los pueblos. La autenticidad de los movimientos sociales se materializa mediante la construcción colectiva que es capaz de corregir su propio camino histórico. Lejos de los esquematismos, la adaptabilidad es lo que permite la pervivencia de una raza o proyecto, independientemente de su índole ideológica o razón. A la par de la reflexión sociológica, Vásquez formula una pregunta punzante y, por demás, muy pertinente para el tiempo que vivimos: ¿puede ser la ficción el terreno donde una sociedad cuestiona el relato que intentan imponerle sus líderes sociales o políticos? La respuesta, como es apenas esperable, la dará cada quien según sus lecturas de la fenomenología del mundo. No obstante, lo que sí puede aseverarse es que la literatura, y por ende la ficción, es la mejor herramienta de que dispone hoy el hombre contemporáneo para escapar de la alienación del mercado y de los discursos que buscan afanosamente la uniformidad de cuerpos y pensamientos.

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