Con el amor no se juega. Gabriel García Márquez, entre la realidad y la ficción
A través de tres cortometrajes, la película dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y los hermanos Carlos y José Luis García Agraz, presenta el amor desde una mirada melancólica con tres historias que se conectan en la imposibilidad del sentir. El enamoramiento se ve frustrado por obstáculos como la diferencia de clases y el abismo generacional, sin dejar de insistir en la infidelidad como única vía de acceso hacia el amor soñado.
Por: Natalia Candado López
Estudiante de Licenciatura en Literatura

Foto: mercadolibre.com.mx
Como producto del taller de guion de la Escuela de Cine y Televisión de Cuba impartido por Gabriel García Márquez desde su fundación en 1986, se rodó a inicios de la década de los 90, en colaboración con Producciones Amaranta, Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y RM Associates, la película Con el amor no se juega. Una serie de tres cortometrajes que dejan entrever las vicisitudes del amor a través de un tono melancólico, hoy día bastante revelador: El espejo de dos lunas, Ladrón de sábado y Contigo en la distancia.
El espejo de dos lunas
Con Arcelia Ramírez en el papel de Susana, y Daniel Giménez Cacho como el teniente Nicolás, el corto dirigido por Carlos García Agraz, y guionizado por la periodista mexicana Susana Cato en compañía del nobel de literatura Gabriel García Márquez, plasma la historia de una joven mujer que, en vísperas de su boda, descubre a través de un espejo antiguo la ventana hacia un mundo paralelo. Por medio de este, comparte su reflejo con un militar del ejército antiimperialista mexicano de 1863. Pese a creer inicialmente que se trataba de una alucinación, los jóvenes entablan un diálogo continuo que, con el pasar de los días, se transforma en amor; un amor separado en el tiempo, atravesado por un abismo generacional de al menos 127 años.
Ladrón de sábado
El segundo cortometraje conserva el tono melancólico, esta vez acompañado de la ironía. Dirigido por José Luis García Agraz, con guion de Consuelo Garrido y Gabriel García Márquez, el filme sigue la historia de Hugo (Damián Alcázar), un ladrón de fines de semana y Ana (Blanca Guerra), una bella e insomne treintañera, dueña de la casa que un sábado cualquiera el hombre decide entrar a robar. A pesar de la situación, y gracias a la intervención de Pauli, la pequeña hija de la mujer, ambos experimentan cierta conexión, aún más cuando Hugo descubre que la voz de Ana lo ha acompañado durante un largo tiempo, pues es ella quien dirige su programa radial favorito. Así pues, lo que inicia siendo una velada tenebrosa, termina convirtiéndose en una posible historia de amor construida durante las largas ausencias del esposo.

Gabriel García Márquez y el cine: una historia de amor no correspondido.
Foto: es.rbth.com
Contigo en la distancia
Finalmente, el último corto de la secuencia, dirigido por Tomás Gutiérrez Alea y guionizado por Eliseo Alberto Diego y García Márquez, presenta la historia de un amor frustrado durante 35 años, a causa de una epístola que jamás llegó a manos de su destinataria. De esta manera, Ofelia, personaje interpretado por Blanca Sánchez, recibe, luego de haber hecho su vida al lado de otro hombre, una carta enviada por José Luna, su novio de la adolescencia, el 9 de abril de 1956. Con el fin de comprender los sucesos, la mujer decide emprender la búsqueda de su amado a través de la ciudad y sus antiguos amigos, terminando a las nueve de la noche, cuando luego de más de tres décadas, logra, siguiendo las instrucciones plasmadas en la misiva, cumplir con la cita concretada por el hombre cuando ambos tenían 18 años.
Con el amor no se juega combina el romance y el drama con la fantasía, permitiendo identificar a simple vista la influencia del estilo narrativo de Gabriel García Márquez. En este orden de ideas, el filme presenta a través de los cortometrajes, tres historias de amor fragmentadas por la adversidad en diferentes etapas de la vida: la juventud (Susana y Nicolás), la adultez (Hugo y Ana) y la longevidad (Ofelia y José Luna). Cada una de ellas se encuentra atravesada por una temática recurrente: la infidelidad como única alternativa para conseguir, de cierto modo, la realización personal. Así pues, aunque el amor aparece o regresa en un momento inoportuno, las tres mujeres eligen ir tras él.
Dicho lo anterior, si se tienen en cuenta las últimas revelaciones sobre la intimidad del autor colombiano y su antigua alumna, Susana Cato, podríamos inferir que la temática escogida para construir el argumento total de la obra cinematográfica se basa en la experiencia personal de ambos guionistas. De esta manera, El espejo de dos lunas podría ser el reflejo de aquellos sucesos que traspasaron la ficción durante la época en la que García Márquez impartía su taller en Cuba: el abismo generacional existe entre los protagonistas separados, en este caso, por 33 años; y la infidelidad, esta vez invertida, se encuentra presente debido a que, para ese entonces, García Márquez llevaba más de treinta años junto a su esposa Mercedes Barcha. Ahora bien, pese a que en la ficción se dejan las puertas abiertas frente la probabilidad de un final feliz, la realidad quedó enfrascada entre el anonimato y la imposibilidad del sentir.



