El idiota de Byung Chul Han y la iglesia virtual de los últimos tiempos
Psicopolítica (2000), del filósofo surcoreano Byung Chul Han, es un acertado diagnóstico y una crítica fundamental sobre las formas de poder que se truecan en violencia y anulan la libertad sin que lo parezca. De modo que el sujeto contemporáneo pervive bajo la crisis de la libertad de modo inadvertido.
Por: Gustavo A. Pérez
Estudiante de la Maestría en Filosofía, Univalle

Foto: semana.com
El aumento del cansancio hasta la fatiga crónica, la depresión y el suicidio son síntomas de la crisis contemporánea de la libertad; aquello que entendemos por libertad se torna aún más problemático cuando ésta se instrumentaliza como medio de autoexplotación, dado que el sujeto contemporáneo se explota a sí mismo en aras de la libertad de hacer de sí mismo un proyecto; la violencia de tal transición de sujeto a proyecto reside en la coincidencia entre la optimización de sí mismo y la optimización del sistema. La violencia se extiende en tanto el capital y la función administrativa, trascienden la inmanencia de la vida, en tanto se administra y se capitaliza a espaldas de la vida misma, de su equilibrio; así, el nuevo credo global tiene la forma del rendimiento del capital sin límite de realización, de modo que la promesa de la libertad total se torna en suicidio.
Frente al absoluto del rendimiento económico que hace coincidir según B. Han, libertad y explotación, es el acontecimiento aquello que desborda los límites de tal absoluto; tal cual como aquel azar del que surge una amistad insospechada, su libro Psicopolítica, objeto de nuestra breve intervención, es un acertado diagnóstico y una crítica fundamental sobre las formas de poder que se truecan en violencia y anulan la libertad sin que lo parezca. De modo que el sujeto contemporáneo pervive bajo la crisis de la libertad, de modo inadvertido. Esta crisis de la libertad es el subtítulo del primer apartado de la Psicopolítica y consideraremos en este breve escrito, el eje central de la obra del autor surcoreano. La primera edición del libro en consideración tiene por primera versión el texto en alemán Psychopolitik en 2014, y la versión española del mismo año, de la editorial Herder, de Barcelona, como casi todas sus obras en español. El autor propone la psicopolítica en tanto técnica de explotación psíquica del neoliberalismo. El control psíquico contemporáneo, cuyo objeto no es someter sino agradar, tiene por objeto la optimización de sí en pro de la optimización y el aumento del rendimiento del sistema económico. El sujeto de nuestra época es así un ser liberado al exceso productivo sin percatarse de ello, dada la gestión prospectiva de sus deseos. La administración digital de sus deseos no explota su cuerpo como fuerza productiva, propia de la sociedad disciplinaria diagnosticada por Foucault, sino su psique como mercancía. El sujeto contemporáneo es mapeado, su psique vertida en el Big data, al punto que ni él mismo sabe tanto de sí mismo.
Las formas del poder diagnosticadas por Foucault, a saber, poder pastoral, soberano, disciplinario y biopolítico, no permiten comprender, para Byung Han, el ejercicio del poder contemporáneo; dado que, considerando el objeto último de la biopolítica en tanto gestión calculadora de la vida, el objeto de la técnica biopolítica es la población, el cuerpo poblacional bajo la forma de la coerción. Pero la gestión contemporánea del poder no se basa necesariamente en la coerción, ni su objeto es el cuerpo poblacional. Para el surcoreano, la gestión contemporánea del poder es psíquica, su objeto de explotación es la psique y ello no requiere del cuerpo como medio productivo de mercancía. En su lugar, la psicopolítica es la psicotécnica que hace coincidir libertad y explotación, de modo que no supone, necesariamente, la coerción disciplinaria como medio. En su lugar opera la estetización y la ludificación. En el primer caso, un ejemplo son el auge de los centros de estética como factor dinamizante del rendimiento económico, la ludificación basada en la gratificación de los seguidores y el me gusta. De modo general en la positivización social como forma de lo que B. Han considera un poder inteligente. En lugar del panóptico benthamiano tenemos el Big data como espacio de registro total, del cual las redes sociales hacen una vitrina global. El sujeto contemporáneo es el resultado de la coincidencia entre la libertad sin límites informacionales y la anulación de sí; pues la sobreexposición y el acceso ilimitado a la información configuran un “panóptico digital.” La vigilancia del panóptico benthamiano no demandaba del consentimiento del recluso. La vigilancia en el “panóptico digital” tiene el consentimiento del recluso neoliberal que se autoexpone voluntariamente; su intimidad al desnudo reposa en forma de datos. “La transparencia es en realidad un dispositivo neoliberal” (Han, 2014, p. 21) basado en el registro total, en el que pasivamente se consciente. La psique liberada a habitar la infinitud del espacio informativo se desborda en la proyección de sí a través de la realización productiva sin límite. El sujeto liberado a ser proyecto se constituye en producto de rendimiento, la forma más eficiente de realización es el control emocional y estético. Ya no se requieren solo cuerpos dóciles, sino cuerpos optimizados, la estética y el modelado del deseo es el medio predilecto de optimización y aumento de la producción.
El empresario de sí esta liberado al mundo desde su pantalla. La eficiencia de la gestión psicopolítica de tal forma administrativa del poder reside en la autoexplotación. El Big data es el campo de gestión psicopolítica en las sociedades de la información; pues la intervención psíquica que posibilita es total, dado que el registro es total. El sujeto mismo descompuesto en datos comercializables es intervenido de modo pre-reflexivo, y la eficacia psicopolítica es tal que interviene la decisión libre, estableciendo condiciones de elección previamente modeladas. El devoto, afirma Byung Han, significa sumiso, de modo que el devoto contemporáneo tiene en su smartphone el objeto de su devoción, de su sumisión digital representada en el goce del modelado de la emoción. El “confesionario móvil” tiene en el padre Zuckerberg y en el resto de los sacerdotes digitales, la iglesia virtual de los últimos tiempos. Como en toda secta, el valor de la emoción rebasa el pensamiento.

Al parecer, solo el idiota cósmico, el desconectado de la virtualidad, pero conectado con el ser, se torna poco productivo, suspendido entre la imposibilidad del todo y la nada, puede reconocerse a sí mismo por fuera de la realización de sí como mero proyecto de rendimiento. El idiota es para Byung Han, el que resiste al sometimiento, el arquitecto de lo otro, de la diferencia del pensamiento volcado sobre sí mismo, en una contracción que revela sin afanes lo no dicho. Esto no dicho sitúa a nuestro autor sobre tan estimable y aparentemente contradictorio estatus. La crisis de la libertad contemporánea solo puede ser, por lo menos hasta la psicopolítica, desafiada por un idiota. El idiota no está determinado por la conectividad ni por “la violencia del consenso”; no es un sujeto de la psicologización y la capitalización sin límite, y no es el resultado igualador de la sobreexposición y la transparencia como dispositivos neoliberales de crecimiento económico. Así, el idiotismo en tanto realización ideológica del idiota, es el campo de resistencia del exceso informativo y productivo. El idiota, marginado virtual que no sucumbe a la exigencia de la hipervelocidad e hiperproducción, abandona las formas igualadoras y se acerca al vacío propio del descubrimiento de la libertad. El acontecimiento, en tanto ruptura del orden y la medida de lo dado, según coinciden, guardadas proporciones, Nietzsche, Foucault, A. Badiou, B. Han, es el escape de las formas calculadoras y normalizadoras, pues en tanto ruptura con lo establecido, posibilita la singularidad. El acontecimiento se refleja en la elección de un texto no leído, una amistad, una relación erótica que comienza en lo inesperado, es el escape en el contexto contemporáneo, al modelado digital del deseo.
Han considera a Sócrates como representante histórico de tal idiotismo. En tanto de la contracción de su pensamiento sobre sí mismo brota aquel: “Solo sé que nada sé.” Lo “totalmente otro” brota de la contracción de pensarse a sí mismo siendo en el mundo. El idiota contemporáneo rompe con la trascendencia del capital, al replegarse sobre sí mismo y confrontarse a sí mismo, siendo en el mundo, de ahí un nuevo decir. Este idiotismo constituye un campo de resistencia frente a la dinámica totalizante de la economía neoliberal contemporánea, que hace del sujeto contemporáneo una máquina virtual de autoexplotación hasta la fatiga extrema, el cansancio, la depresión y el suicidio. El idiota es el hereje contemporáneo, siendo la herejía para Byung Han elección, es el hereje quien decide libremente en medio de la arbitrariedad de un consenso global, que es su propia voz aquella singularidad universalizable.
La libertad es de modo específico un término relacional para el autor, no se puede ser libre más que en relación con otros: “Libertad y amigo tienen el indoeuropeo la misma raíz” (Han, 2014, p. 13), de modo que ser libre solo puede entenderse partir de la mutua realización. Elon Musk no puede ser libre si se abroga la titularidad de Marte y lo coloniza solo para él. La libertad individual es una contradicción y una estratagema estructural que dinamiza el sistema neoliberal, a su vez soportado en la falsa naturalización de la competencia como base de la coexistencia de lo vivo. Así, la crisis de la libertad contemporánea está basada en la gestión psíquica conducente a la autoexplotación. La competencia, el logro individual y la transparencia constituyen dispositivos que anulan la libertad en tanto coexistencia lograda. La seudolibertad neoliberal es, según Byung Han, el “órgano sexual” de la realización del capital.
La tesis fundamental del texto Psicopolítica es que la coincidencia entre la optimización personal y del sistema pone en jaque la libertad. Esta consideración fundamental hace de la libertad una forma paradojal, dado que su forma relacional en la era de la información y la interconectividad, se trueca en formas negadoras de la libertad misma. El idiota sería la expresión suma de la resistencia; la vuelta del pensamiento sobre sí mismo de la que brotaría una suerte de acontecimiento dado en el poder de darse cuenta de que es precisamente en la era de la información, ¡que nos hemos perdido creyendo saberlo todo y en tal sentido nada!



