Evento

Indeleble: arte al alcance de las manos

El pasado dieciséis de abril se estrenó la exposición fotográfica Indeleble en la sala número dos del Centro Cultural de Cali. Este proyecto reúne obras de distintos estudiantes de la Licenciatura en Artes Visuales de la Universidad del Valle. Jorge Paredes, jefe del Departamento de Artes Visuales; Javier Mojica, docente, e Isabel Cristina Otero, encargada de la administración de la sala, fueron los responsables de gestionar y asegurar la realización de esta exposición.

Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: William Rosero
Foto: William Rosero

Con esta exposición se da inicio a un nuevo ciclo en la agenda del Centro Cultural de Cali. También marca un precedente que, de acuerdo con las afirmaciones de Jorge Paredes, ha de continuar con nuevas exposiciones protagonizadas por distintos agentes de la Universidad. La gestión del espacio no obedece necesariamente a una negociación interinstitucional. Javier Mojica se encargó de adelantar los acuerdos pertinentes para el uso de la sala. La exposición forma parte de la oficina de extensión del departamento de Artes Visuales. A través de esta se pretende establecer puentes con la comunidad que no participa en los procesos de formación que brinda la Universidad, pero que de cualquier manera pueden contribuir a la discusión en torno a los saberes que se producen dentro de ella.

La disposición del lugar sigue un modelo que favorece la circulación de los espectadores e invita a desafiar la distancia convencional que determina la apreciación de las obras. Los estudiantes contaron con total libertad en sus respectivas exploraciones, lo cual tiene un correlato en los múltiples formatos empleados en la consecución de sus intereses. Nada más entrar, justo en frente de la puerta, hay una instalación compuesta por una serie de vestigios de origen vegetal que, dada su posición, parecen cumplir una función ritual con la que se evoca la conexión de algunos de los artistas con un pasado ancestral o la memoria de los pueblos originarios.

Foto: William Rosero
Foto: William Rosero

La exposición es eminentemente fotográfica, y las obras que difieren de este paradigma no dejan de explorar la identidad desde una perspectiva autorreferencial. Esto demuestra que la diversidad de temperamentos y de soportes no fue un impedimento para crear desde una temática común a todos que podría condensarse en la pregunta: ¿quién soy? Por otro lado, si se atiende a la carta de presentación que encabeza el proyecto, inteligentemente rotulada con un epígrafe de Duchamp, los artistas, además de responder a esta vieja cuestión, se movieron bajo la guía de un estímulo claro: el arte en el capitalismo. Eso explicaría muchas de las decisiones que se tomaron a nivel de diseño. La típica etiqueta con la que se distinguen las obras estaba hecha en el mismo formato que las etiquetas de la ropa de marca. Así mismo, los materiales de algunas obras fueron cuidadosamente seleccionados, o sustraídos, de la cotidianidad, quizá con el propósito de fundamentar la hipótesis de Duchamp, quien afirmaba que el arte se completa en la mente de quien lo observa. El arte no se trata, entonces, de un ejercicio de depuración o de concreción, sino más bien de una interposición deliberada entre un objeto cargado de significado y un público idealmente expectante, o por lo menos esto es lo que puede deducir quien visite la exposición.

La obra Reflejos, del artista Juan José Mutis, es un ejemplo característico de esta apuesta por el arte objetual del que hablaba Duchamp, entendido este como un objeto que extrae su significado de la elección del artista y no de la intervención técnica efectuada por este. La obra se compone de tres espejos pequeños de fabricación industrial puestos en secuencia y modificados ligeramente por Mutis. Tuvimos la oportunidad de hablar con él. Cada uno de los espejos representa una etapa de la depresión. El mecanismo que les permite girar sobre sí mismos fue aprovechado por él para conferirle una segunda dimensión a la obra. El primero está cubierto por una película que entorpece la apreciación del propio reflejo; el segundo está roto, lo cual puede interpretarse como una metáfora de la fragmentación del yo, y el tercero está en perfecto estado. La idea de utilizar los espejos como medio viene de su interés por promover la identificación del espectador con la obra. Mutis buscó garantizar este vínculo desde múltiples frentes. Usar un espejo “barato”, empleado con frecuencia en las rutinas de maquillaje o skincare, y ponerlo a disposición de cualquiera que quisiera tocarlo fundamenta la vocación apelativa de su propuesta.

Foto: William Rosero
Foto: William Rosero

Es preciso señalar que no todos los trabajos cuentan con los atributos necesarios para estimular la curiosidad o la imaginación de quien las mira. Algunas de las fotografías no consiguen superar el umbral de la contemplación narcisista, por lo que el espectador se ve en una situación semejante a la de mirar el for you page de Instagram, en el que todos los días se libra una batalla entre distintos rostros por acumular la mayor cantidad de atención posible. Esta incapacidad para trasladar los cuestionamientos en torno a la propia identidad a una plataforma de comunicación no mediada por el algoritmo demuestra, además, las limitaciones narrativas impuestas por las nuevas tecnologías y los lenguajes provisorios que se producen en sus márgenes.

Indeleble es la panorámica de una duda generacional que brillará mientras no reciba respuesta. No sería descabellado asistir a una exposición semejante al otro lado del mundo. La descentralización del humano como productor único de la realidad ha encontrado en los más jóvenes una resistencia tenaz que se manifiesta de las maneras más antojadizas. La combinación rocambolesca de caracteres para elegir un nombre de usuario en Discord comparte con estas obras la condición de búsqueda y la urgencia por la individualidad plena.

Foto: William Rosero
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