Boyhood
Por: Luis Fernando Cruz
Estudiante de Comunicación Social
Dirección: Richard Linklater
Guion: Richard Linklater
Reparto: Patricia Arquette, Ellar Coltrane, Lorelei Linklater, Ethan Hawke
País: Estados Unidos
Duración: 165 Minutos

Me declaro admirador de Linklater, pero no de Boyhood. Y es que ante la gran aceptación recibida por parte de público y crítica, la película centrada en el crecimiento de un niño hasta llegar a su adolescencia ha cosechado premios alrededor del mundo, lo cual hace suponer que se está en presencia de un hito del cine, algo muy lejos de la realidad. Por el contrario, el único mérito de la cinta es precisamente ese, lograr tener la tenacidad para filmar durante un par de días cada año, a lo largo de 12 años, la transición de un niño desde los 6 hasta los 18 años, y poder revelar ese instante de iniciación en su vida mientras asistimos por otro lado cómo sus padres se ven erosionados por el tiempo.
Todo empezó en el año 2002 cuando el director Richard Linklater eligió un niño de 6 años para interpretar a Mason con el propósito de registrar en él el paso del tiempo, durante su infancia y adolescencia. Desde ese momento, el director junto a su equipo, dos actores con gran trayectoria, y su pequeña hija Lorelei Linklater –a quien veríamos crecer al igual que al pequeño Mason-, serían los responsables de acompañar un proceso que buscaba estar en la historia de la cinematografía, sin importar el producto final, solamente hacer parte de un experimento sin precedentes.

El viaje entonces se dio inicio con apenas una idea, sin tener un guion estricto, solamente una estructura. Cada año, como su director lo afirma, era un nuevo comienzo, se debía planear una nueva película teniendo en cuenta las experiencias de los personajes y aprovechar el tema de coyuntura en ese periodo; así, el guion normalmente estaba terminado la noche anterior al rodaje. Había que iniciar un nuevo proceso de locaciones, desarrollar nuevos caminos para extraer lo mejor de sus actores, y en el caso de los niños, los cuales no tenían ninguna preparación, todo era una suerte de manipulación sin esperar que ellos aportaran algo desde su interior o sus propias vidas.
Ese modelo de filmación único, visto tan solo en filmes documentales, centrado en dos temas recurrentes del director como lo son la adolescencia y el paso del tiempo, terminó por calar a un nivel emocional bastante alto en el público y la crítica. Pero también convierte a Boyhood en la película más sobrevalorada del año. Su presupuesto de 2.4 millones de dólares distribuidos en 12 años, le impedía al director tener el tiempo suficiente de preparación, la alejó de condiciones técnicas favorables y la convierte en un producto desactualizado en este apartado; a eso sumarle la ausencia de un cronograma claro impidiéndole un trabajo más elaborado con los actores, contando escasamente con ellos y su equipo en cualquier espacio que tuvieran libre, dejando entrever en cada plano mucha improvisación. A pesar de eso, son Ethan Hawke y Patricia Arquette los que mejor salen librados, exhibiendo en pantalla el paso del tiempo y haciendo consciente el deterioro del ser humano; algo logrado seguramente porque son amigos del director, se ven inmersos en otros proyectos juntos y tuvieron más tiempo para desarrollar los personajes.

Sin duda lo mejor de este experimento es la notoriedad recibida por el director mundialmente a causa de esta obra -alguien muy respetado en el contexto del cine independiente norteamericano y mundial, un respeto ganado a pulso-. Esta notoriedad le permite ahora a un gran público acercarse a su rica y extensa filmografía, y descubrir en ese proceso, en relación con esos dos temas presentados en la película, la adolescencia y el paso del tiempo, algunas de sus obras mejor logradas. Primero, la gran película sobre adolescentes de la década del noventa, Dazed and Confused, la cual se convertiría en filme de culto y le daría notoriedad a Linklater, convirtiéndose en referencia obligada sobre el cine adolescente y ubicándose al mismo nivel de The Breakfast Club (John Hughes/1985) y American Graffiti (George Lucas/1973). Segundo, la “trilogía before” (Before Sunrise, Before Sunset y Before Midnight), la verdadera obra maestra de Linklater filmada a lo largo de veinte años. En esta trilogía de películas el cine imita la vida; aquí seguir a Jesse y Céline cada nueve años -dando mucha importancia al tiempo entre películas, y usando las propias experiencias de los dos actores como coguionistas- se convierte en un estudio sobre la evolución de las relaciones y permite al espectador mirar sus vidas y buscar paralelismos –especialmente aquellos que tuvieron la oportunidad de verlas conforme se estrenaban-, porque en estas tres películas Linklater logró filmar, a través de un encuentro fugaz, luego un reencuentro y finalmente un momento de pausa y reflexión, la vida, la influencia del tiempo, y sobretodo el amor.



