“Canto de las mujeres de Chalco”: asedio erótico, sexualidad femenina y política imperial en un poema en náhuatl del siglo XV
Por: María Mercedes Ortiz
Profesora Titular, Univalle

“Canto de las mujeres de Chalco” es un poema en lengua náhuatl, compuesto en el siglo XV por el poeta nahua Aquiauhtzin de Ayapanco[1], oriundo de la región de Chalco que fue conquistada por los mexicas (aztecas) en 1465. En el poema nos habla la voz desafiante de una mujer chalca que ha sido entregada como concubina al gobernante o tlatoani mexica Axayacátl, a quien reta al cuestionar su virilidad y que resulta muy contemporánea al demandarle que la satisfaga sexualmente: “Xolo, Xolotzin, tú señor, pequeño Axayácatl, ¿en verdad eres varón? Aquí eres nombrado, ¿acaso en verdad aún irás a leñar? Ya pon a cocer mi maíz, consigue luego que mucho se encienda” (León-Portilla, Cantares Mexicanos, p.1042).
El Canto ha llegado hasta nosotros gracias a la labor de rescate y transcripción al alfabeto latino de las tradiciones de los pueblos hablantes del náhuatl—entre ellos los mexicas—que inició Fray Bernardino de Sahagún y continuaron sus estudiantes, miembros de la nobleza azteca. El Canto aparece en los folios finales del manuscrito titulado Cantares mexicanos, que consta de 91 páginas y 97 cantos, y está tanto en náhuatl como en español.
Miguel León-Portilla remarca que en lo que hoy llamamos México existían multiplicidad de lenguas, pertenecientes a diferentes familias lingüísticas, y resalta el riquísimo acervo de la literatura en náhuatl, lengua utilizada como lengua franca por millones de personas en la época prehispánica y en buena parte de la época colonial (Literaturas indígenas 13). Este acervo estaba constituido por dos grandes vertientes: “Cuícatl, ‘canto o cantos’, y tlahtolli, ‘palabra o discurso’, con sus múltiples variantes” … (Cuícatl y Tlahtolli 14). Estos cuicatl fueron compuestos por miembros de la nobleza—los pipiltin, “los de linaje”— y en muchos casos, no sólo estaban acompañados por música, sino que también constituían el tema de determinadas danzas, bailetes y otras formas de actuación (Cuícatl y Tlahtolli 63).
Los mexicas establecieron distinciones dentro de su producción poética de acuerdo con las temáticas y la clasificaron en los siguientes subgéneros:
Yaocuícatl, cuauhcuícatl, ocelocuícatl, ‘cantos de guerra’, ‘cantos de águilas’, ‘cantos de ocelotes’. Xopancuícatl, xochicuícatl, ‘cantos de tiempo de verdor’, ‘cantos de flores. lcnocuícatl, ‘cantos de orfandad’ o cantos de privación y también poemas de reflexión filosófica. Cuecuechcuícatl, ahuilcuícatl, ‘cantos de cosquilleo’, ‘cantos de placer. (León-Portilla, Cuícatl y Tlahtolli 72).
El Canto pertenece a este último género, el de los “cantos de cosquilleo”, “cantos de placer”, que los religiosos españoles prohibieron por considerarlo obsceno; sin embargo, algunos de esos cantos pudieron evadir la censura y fueron publicados debido a que, restringidos a solo textos, mucho más discretos que la danza, que tenía un claro contenido lúbrico, resultaban ambiguos y no era fácil detectar su sentido erótico expresado en metáforas difíciles de desentrañar para las personas ajenas a la cultura mexica (Johansson, Cuecuechcuicatl 8).
El canto y sus interpretaciones
Como era de esperarse, hay diversas interpretaciones sobre el Canto. Una como la de Read y Rosenthal (2006) pone de relieve su aspecto político, en el que, a través de metáforas político- sexuales, se enviaba a Tenochtitlán un mensaje en el que se esbozaba el deseo de un futuro mejor para Chalco. Townsend (2006), por su parte, enfoca su análisis en la experiencia de las concubinas y expone el mundo social mexica con sus sistemas superpuestos de esclavitud, concubinato y matrimonio con el fin de crear un contexto en la mente de los lectores y luego sí regresar a la voz narrativa del canto (354).
Yo planteo que el erotismo en el Canto constituye un arma política de las mujeres subalternas a las que se refiere Townsend, es la arena desde la cual elevan sus voces, se empoderan y hacen escuchar sus historias, por lo general silenciadas. Según la historiadora, muchos de los cantos náhuatl que conocemos están narrados como si fueran la voz de una persona particular—por lo general un rey o un guerrero famoso. En el caso del “Canto de las mujeres de Chalco”, “…el cantor se lanza al mundo mental de una mujer noble de su tierra natal que ha sido llevada a vivir con el rey Axayácatl como su concubina” (Townsend 377) (traducción propia). “Canto de las mujeres de Chalco” constituye una fuente valiosísima para entender la situación de las concubinas y nos permite adentrarnos en su subjetividad, sus emociones, sentimientos y el ejercicio de su sexualidad, a pesar de haber sido un canto compuesto por un hombre. Recorremos etapas de sus vidas, las oímos retadoras y empoderadas en la guerra erótica que le proponen al tlatoani mexica Axayácatl y las oímos, así mismo, lamentarse de sus desgracias y de no haber alcanzado una identidad femenina plena, a través del tejido, el matrimonio y la herencia para sus hijos de cargos de gobernantes.
Yo planteo que el erotismo en el Canto constituye un arma política de las mujeres subalternas a las que se refiere Townsend, es la arena desde la cual elevan sus voces, se empoderan y hacen escuchar sus historias, por lo general silenciadas
No dejo de lado, sin embargo, que la voz de la concubina también alude a las relaciones políticas entre Chalco y Tenochtitlán, ya que su destino está indisolublemente ligado a la expansión imperial mexica que la ha puesto en la situación en la que se halla. Así, la voz poética se expresa en dos niveles: el personal y erótico que Read y Rosenthal dejan de lado, y el político, ambos interrelacionados e imposibles de ser interpretados por aparte, a diferencia del análisis que realizan estas dos autoras.
A pesar de su vulnerabilidad y frágil estatus social, esta concubina y las mujeres a las que representa no aparecen en el poema como víctimas, carentes totalmente de poder, sino dotadas de voces retadoras que impugnan al dominador mexica de su pueblo, Axayacátl, y que también se quiebran a veces en el recuento de las tristezas de sus vidas. Según Townsend, la mujer revela, en cada sección del Canto, una faceta de su identidad como concubina: puede ser seductora, o bromear o dar rienda suelta a su dolor (378). El Canto nos ofrece, así, una visión integral de la situación de estas mujeres y su capacidad de batallar por su vida y sobrevivencia, así como de sus dolores y penalidades.
Bibliografía
Johansson, Patrick. “Cuecuechcuicatl, “Canto travieso”: Un antecedente ritual prehispánico del albur mexicano”. Literatura mexicana, vol. 13, núm. 2, 2002, 7-48.
León-Portilla, Miguel. “Cuícatl y Tlahtolli: las formas de expresión en náhuatl”. Estudios de Cultura Náhuatl, vol. 16, 1983., 13-101.
León-Portilla, Miguel. Literaturas indígenas de México. Fondo de Cultura Económica, 1992.
León-Portilla, Miguel. “Canto de las mujeres de Chalco”. Cantares mexicanos, editado por Miguel León-Portilla. Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Históricas.
Read, Kay A. y Rosenthal, Jane. “The Chalcan Woman´s Song. Sex as a Political Metaphor in Fifteenth Century Mexico ˮ. The Americas, vol. 63, núm. 3, 2006, 313-348.
Townsend, Camilla. “What In the World Have you Done to Me My Lover?” Sex, Servitude And Politics Among the Preconquesta Nahuas As Seen In The Cantares Mexicanos. The Americas, vol. 62, núm. 3, 2006, 349-389.
[1][1] Fue educado en un calmécac (institución educativa para la nobleza) y debió participar en las sangrientas guerras promovidas por los aztecas en su expansión imperial, entre ellas la que iniciaron contra la región de Chalco, un señorío que había sido una fuerza importante en el centro de México y sostenía una tensa relación con México -Tenochtitlán (Red y Rosenthal 317), hasta que fue finalmente conquistado en 1465. Se conservan de este autor algunas noticias y dos composiciones, una en la que explora los misterios del supremo Dador de la vida, Ipalnemohuani, otro el Canto que nos ocupa (León-Portilla Literaturas indígenas de México 281).



