Crítica

Lazlo Krasznahorkai y la confianza en el poder civilizador de la literatura

Hungría es un país que, además de su belleza geográfica y su riqueza cultural, se destaca por la calidad de sus escritores. Junto a Krasznahorkai, flamante Premio Nobel de Literatura 2025, se destacan autores como Imre Kertész (quien también obtuvo este reconocimiento en 2002), Sándor Márai, Magda Szabó, Endre Ady y Dezso Kosztolányi. Sea esta la oportunidad para conocer un poco más la obra del multipremiado y nuevo Nobel nacido Gyula, en 1954.

Por: Alejandro Alzate

László Krasznahorkai (1954), escritor húngaro ganador del Nobel de Literatura 2025. Foto: Inma Flores. Tomada de elpais.com
László Krasznahorkai (1954), escritor húngaro ganador del Nobel de Literatura 2025.
Foto: Inma Flores. Tomada de elpais.com

El veredicto de la Academia Sueca fue contundente una vez que eligió al húngaro como nuevo Premio Nobel de Literatura. La prestigiosa institución destacó “su obra visionaria y sin concesiones que explora las ruinas espirituales de la modernidad”. Traducido a un lenguaje más simple, esto significa que la obra de Kraznahorkai no reduce ni empobrece la capacidad de la literatura cuando de cuestionar al hombre contemporáneo se trata. El conjunto de su producción artística no ceja en el empeño de exhortarlo a la reflexión sobre sus formas de interacción consigo mismo y con los demás. Con el entorno y las ideologías, desde luego.

Ya desde 1977, cuando el intelectual en ciernes decidía inclinarse seriamente a las letras, empezaron a establecerse las bases de su pensamiento, situado en los predios de lo contemplativo, lo críptico y lo crítico. Tebenned Hittem fue ese primer texto que “llamó la atención por su estilo oscuro y filosófico”. Pasados los años —y los muchos reconocimientos recibidos—, el espíritu que estructura su literatura sigue intacto. No hay poses mercantiles ni cambios estructurales en aras de la conveniencia editorial o el facilismo lector. No en vano, del autor dice la crítica que “es uno de los escritores húngaros más singulares y complejos de su generación. Su obra se caracteriza por una prosa densa, hipnótica y desafiante, con frases extremadamente largas y una estructura narrativa ininterrumpida. Su estilo combina la melancolía centro europea con una visión apocalíptica del mundo moderno, y en ocasiones incorpora influencias filosóficas orientales derivadas de sus viajes a China y Japón”.

Foto: Editorial Acantilado.
Foto: Editorial Acantilado.

Dicho esto, viene al caso comentar aspectos relevantes de algunas de sus obras más destacadas. Tango satánico (1985) aborda lo sociopolítico (la caída del comunismo) como pretexto para reflexionar sobre la corrupción, la fe y la manipulación colectiva. Interesante resulta el hecho de que el autor apele con fuerza al acto de fe. En relación con este tema se plantea que “Krasznahorkai no escribe novelas religiosas, pero sus personajes siempre se enfrentan a un misterio. En medio del declive y la desesperación, el lector percibe una tensión hacia un sentido distinto: una búsqueda de lo sagrado que no encuentra dogmas, sino preguntas. El universo de sus novelas es un teatro espiritual donde el mal, la culpa, la piedad y la salvación se enfrentan. En el fondo, se trata de un humanismo trágico que invita a no rendirse al cinismo y a creer que la palabra todavía puede salvar”.

En Melancolía de la resistencia (1989) también perviven lo inquietante y la lucha interior del hombre. A lo largo de la trama, que gira en torno a la angustiante presencia del caos en una comunidad rural (provinciana), se observa cómo se torna cada vez más intensa la pugna entre el orden y el colapso moral, aspecto que termina siendo característico de la producción literaria del autor. A lo largo de la historia, el lector puede observar la crítica mordaz frente a la fuerza bruta que se impone al intelecto y la capacidad reflexiva. Un aspecto que llama la atención de esta obra es la dimensión que tienen el caos y la confusión sobre la vida de los moradores de la provincia donde transcurren las acciones, esto en la medida en que uno y otro imposibilitan la creación de un nuevo orden social (político y subsecuentemente cultural) capaz de modificar los patrones de crueldad y desesperanza imperantes.

Su obra se caracteriza por una prosa densa, hipnótica y desafiante, con frases extremadamente largas y una estructura narrativa ininterrumpida. Su estilo combina la melancolía centro europea con una visión apocalíptica del mundo moderno, y en ocasiones incorpora influencias filosóficas orientales derivadas de sus viajes a China y Japón.

Por su parte, Herscht 07769plantea, a través del drama de un panadero fracasado, las tentativas de ideologización política (neonazi) dominante. Herscht, Florian Herscht es presentado como un personaje inocente y manso, como alguien que está sometido a las tensiones de lo que le digan o impongan por la fuerza. No obstante, también porta la esperanza de que el mundo pueda cambiar y salvarse de su destino trágico; apocalíptico, si se quiere. Una vez resuelto a no caer en las garras neonazis, Herscht se despierta a la preocupación metafísica. Por eso le escribe a Ángela Merkel (la excanciller alemana) cartas para que ella —física de formación— se oponga a la destrucción universal. Lo que a la final queda es una gran preocupación extraliteraria por el destino del mundo; destino que, desde la óptica del escritor, está signado por la destrucción inalterable e ineludible.

Foto: Editorial Acantilado.
Foto: Editorial Acantilado.

Lo aquí mencionado es, grosso modo, lo que se aprecia en el conjunto de la obra del nuevo Premio Nobel de Literatura. En definitiva, estamos, pues, frente a un autor románticamente humano y humanista, dueño de una muy particular interpretación del hecho literario. En relación con el referido humanismo de este escritor, la Academia Sueca señaló que su obra “busca la redención en medio del derrumbe”, gesto no menor en medio de un mundo que se desmorona en lo político, lo ambiental y lo espiritual.

Sumado a esto, también ha sido resaltada su concepción técnica de la escritura. Si bien Krasznahorkai se inscribe dentro de la tradición literaria centroeuropea, cabe destacar que “no la repite sino que la transforma”, lo cual lo convierte no en un continuador sino en un renovador de la herencia literaria que ha recibido. Finalmente, y esto es quizás lo más importante, es que este novelista hace del arte una forma de resistencia. Si bien esto puede sonar trivial no lo es por una razón que no es otra que el desinterés por agradar o hacer el juego a la saturación de información que hoy nos abruma. Parte de lo que la Academia quiso reconocer es que Laszlo Krasznahorkai no da respuestas ni soluciones rápidas a los problemas del mundo. Alejado de cualquier didactismo, su literatura aguza el pensamiento y también la paciencia, o sino que lo digan sus extensos párrafos y su singular manejo de la puntuación. Queda la tarea de adentrarse en su obra para dialogar con ella y ver cómo se relaciona con los dramas de este lado del mundo, donde a todos, también, nos salpica lo trágico sin parar.

Foto: Editorial New Directions.
Foto: Editorial New Directions.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba