Perfil

Premio Nobel de Literatura 2025: Laszló Karasznahorkai, maestro de la desolación

Por: Alberto Bejarano

László Krasznahorkai (1954), escritor húngaro ganador del Nobel de Literatura 2025. Foto: GETTY IMAGES.
László Krasznahorkai (1954), escritor húngaro ganador del Nobel de Literatura 2025. Foto: GETTY IMAGES.

Laszlo Karasznahorkai(5 de enero de 1954, Gyula, Hungría) tiene estudios de Derecho y Lengua y Literatura Húngaras, y se desempeñó primero como editor. Dejó la Hungría comunista en 1987, en dirección a Berlín Occidental para obtener una beca. Gran lector de Kafka, Bernhard y Dostoievsky. En su época de escritura de la novela Guerra y guerra (1999), vivió en el apartamento de Allen Ginsberg en Nueva York. Algunas obras: Satantango (1985); Melancolía de la resistencia (1989), llevada al cine por/con Béla Tarr); Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el ríoHa llegado IsaíasY Seiobo descendió a la TierraRelaciones misericordiosas y El último lobo.  

La primera mención que circuló para calificar al nuevo nobel de Literatura 2025, el húngaro Laszló Karasznahorkai fue una frase, o una palabra de Susan Sontag que luego se replicó en minutos en todo tipo de portales y se instaló en pocos días como una verdad: “maestro del apocalipsis”. Pero ¿cuándo y cómo lo dijo Sontag?

A veces una etiqueta, incluso sin la intención por parte de Sontag, por supuesto, genera una imagen mental que acercará, alejará y defraudará a la mayoría de lectores. Me tomó mucho tiempo indagar su origen y todo redireccionaba en bucle a lo mismo. Busqué en mis libros de Sontag y no hallé nada. Pudo haber sido una reseña o una nota breve, de las que se publican en las solapas de los libros.

Foto: Pantallazo tomado de marcelproust.blogspot.com
Foto: Pantallazo tomado de marcelproust.blogspot.com

Logaritmos y robots y replicadores de robots repitiendo sin cesar y sin pensar lo mismo. Hasta que desprendido de las novedades y especializando la búsqueda solo en inglés sin palabras claves, llegué a un blog: marcelproustblogspot.com…, de alguien llamado Alok, de Zembla, distant northerl land, India. Una breve entrada del 2006. Un blog que dejó de publicarse desde 2009 (quizá alguien como yo en aquellos años, aunque, bueno, yo sigo publicando en mi viejo blog que ya tiene veinte años…). Parecía algo salido de Tlon Uqbar orbis tertius de Borges.

En su descripción, Alok decía ser amante de películas como La aventura, El septimo sello, Playtime, Teorema, Mulhollad drive, y escritores como Kafka, Sebald, Bernahrd y Sontag.

La entrada dice así:

“I was looking for some information on the Hungarian novelist Krasznahorkai and his book The Melancholy of Resistance (what a delightful title!) and came across this praise for the book from Susan Sontag:

"An inexorable, visionary book by the contemporary Hungarian master of apocalypse who inspires comparison with Gogol and Melville. Krasznahorkai's novel is both an anatomy of desolation, desolation at its most appalling, and a stirring manual of resistance to desolation - through inwardness”.

I don't know if it is on the blurb of the book, but for me it is enough to convince of book's greatness! Although after reading more about it, the book really looks a little too highbrow for me. As cheshire cat also informed in the comments to the previous post, Krasznahorkai doesn't believe in paragraphs and I also learned that the first sentence of the novel is one hundred seventy four words long!”

“...anatomy of desolation, desolation at its most appalling, and a stirring manual of resistance to desolation”.

El párrafo largo es certero y da cuenta de la profundidad de este escritor: anatomía de la desolación y un manual de resistencia a la desolación.

Cuando Sontag le acuñó el término de “maestro apocalíptico” a Laszló, lejos estábamos aún de la vorágine de sagas, series, películas y video juegos de apocalipsis y post apocalipsis, pobladas de zombis de todo pelaje o sin pelambre. Y más lejos aún estamos de poder apreciar con calma y terror el sentido de la desolación y sus posibles (melancólicas) resistencias: por eso vale la pena leer a Laszló.

Foto: Editorial Acantilado.
Foto: Editorial Acantilado.

Miguel Arnas le da ese punzón a la desolación en Laszló: “La palabra Puszta, que indica la tundra, la gran llanura húngara, significa en magyar vacío, desolado” (Revista Quimera, 418, 2018).

Aun no conocemos el discurso que dará Laszló en la premiación del Nobel, pero podemos apoyarnos en una excelente conversación de 2012 con Mauro Cárdenas en Estados Unidos y, en su reciente discurso del premio Formentor en 2024. Se centra en agradecer, sobre todo, a los poetas húngaros. La mejor conversación que he hallado con él es esta, de 2012, que además nos acerca a su relación con la literatura latinoamericana, con Mauro Cárdenas:

El problema con el teatro hoy en día es que los actores quieren mostrar algo en el escenario, y Sutton y Janos - y yo- pensamos que sería mejor si no pasa nada, que más bien los actores estuvieran realmente ahí, con sus vidas, con el peso de ser personas... me parece ridículo que los actores tengan miedo a equivocarse con los textos en escena...Me gustan los errores porque eso es real, es verdadero, algo pasó en la escena: un error. Me interesa encontrar un camino entre realidad y ficción, entre el peso de la existencia y la ficción. Este el problema del arte de hoy, la relación entre ficción y realidad. Lo busco en literatura...en Alejo Carpentier y Cortázar. Y en Roberto Bolaño, por supuesto. Él ha sido un gran descubrimiento. Y Juan Rulfo (traducción nuestra).

Sheryl Sutton era actriz de Robert Wilson. El poeta que evocan fue Janos Pilinszky (traducido en Colombia):

¿Quién abrirá el libro sellado?
¿Quién quebrará el tiempo intacto?
¿Quién indagará del alba al alba,
alzando y abatiendo, sus páginas?

A las llamas de lo ignoto, ¿quién de nosotros
osará allegarse? ¿Y quién, quién osará escrutar
las compactas hojas del libro cerrado?
¿Quién osará hacerlo con la mano desnuda?

¿Y quién de nosotros no temerá? ¿Quién no temerá,
cuando incluso Dios cierra los ojos,
y se postran todos los ángeles,
y se entenebran todas las criaturas?

El cordero es quien de nosotros no temerá,
sólo él, el cordero, que fue inmolado.
Atraviesa el mar de vidrio
y sube al trono. Y abre el libro.

János Pilinszky (Traducido por Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács, editada en 1999 por la Universidad Nacional de Colombia
Foto: Editorial Acantilado.
Foto: Editorial Acantilado.

*

Al recibir el año pasado el premio Formentor[1], Laszló dio un memorable discurso, en su estilo de monólogo poético insistente, profundo en sus derivas minimalistas:

…no olvida, pero quiere. Nadie sabía nada, nadie se acordaba de nada o lo que era peor, se acordaban de manera equivocada, trataban de hablar de algo del pasado que se habría perdido, pero o bien ya no sabían que se había perdido, o pensaban que tampoco importaba...

Queremos centrarnos en sus agradecimientos y comentaremos un par de cosas:

Gracias a mi ciudad natal en Hungría, a Gyula, al señor Kerekes, el zapatero y campanero de la iglesia ortodoxa rumana de Gyula, quien a veces nos permitía tocar la campana en la torre y ya no está entre los vivos, pues le llegó el momento justo de la muerte, y gracias a mi amigo Jóska Pálnik, quien en el segundo escalón del tobogán gigante en la piscina de la ciudad me dijo en 1960 cómo se hacían los niños, y yo quise morir bajo el peso de ese terrible descubrimiento, y gracias a Franz Kafka, cuya novela El castillo leí a los doce años para que me aceptara el círculo de amigos de mi hermano seis años mayor que yo, con lo cual, creo, quedó sellado mi destino, y gracias a las primeras treinta y una muchachitas de las que me enamoré perdidamente, en particular a Márti Klinkovics, a Ernő Szabó y a Imre Simonyi, poetas desconocidos de Gyula, a los que admiraba y que soportaron de un modo digno y viril esa mi admiración, a Péter Hajnóczy, el narrador húngaro más estremecedor, que sucumbió en la lucha frente a sus visiones aterradoras y por eso ya no está entre los vivos, gracias al arte de la Grecia clásica, al Renacimiento italiano, a Attila József, el poeta húngaro que me mostró la fuerza mágica de las palabras, a Fiódor Mijáilovich Dostoievski, a mi hermano, porque a menudo me llevaba sobre los hombros a casa, por lo que le estoy infinitamente agradecido, pues así me enseñó que el mundo puede tener otro punto de vista, no solo el que está dado, a Hans-Jürgen Balmes, mi editor alemán, querido amigo, a mi editor español, Jaume Vallcorba, y a Sandra Ollo, que cuida el legado de manera impecable y magnífica, y a Jordi Guinart de la editorial Acantilado, en Barcelona, a Mercedes Monmany, mi querida amiga, a William Faulkner, a la ciudad de Kioto, a Thomas Pynchon, mi querido amigo, a quien debo profunda gratitud, pues consiguió que me gustara la pizza, a Johann Sebastian Bach, el divino, a las voces de Agnes Baltsa, Natalie Dessay, Jennifer Larmore, Montserrat Caballé, Teresa Berganza y Emma Kirkby, a Allen Ginsberg, el amigo, que no está ya entre los vivos, pues le llegó el momento de la muerte, a los escribas de la China imperial, a mis traductores, en particular a Adan Kovacsics, con gran respeto, gratitud y afecto, a Max Sebald, extraordinario escritor y amigo, que ya no está entre los vivos, porque se quedó demasiado tiempo contemplando una única brizna de hierba en el prado, al último lobo en Extremadura, a la naturaleza creada, al príncipe Siddharta, a la lengua húngara, a Dios.

Detengámonos una vez más en un poeta, Attila József:

Helada

En el otoño, el tiempo, vehemente, meditaba, 
y ahora pensando nevaría.
En la clara ventana de la dura helada
tamborilea el irritado tiempo.

Este tiempo presente
es el de los generales y banqueros.
Frío forjado, relumbrante
cuchillo-tiempo.

El cielo chorreante está blindado.
La helada perfora, hiende el pulmón
y el pecho desnudo detrás de los harapos.
En piedra de amolar chirría el tiempo.

Detrás del tiempo ¡cuánto pan silencioso
y frío!, y cajas de hojalata,
y un montón de cosas heladas.
Escaparate-vidrio-tiempo.

Y los hombres gritan: ¿Dónde está la piedra?
¿Dónde el escarchado pedazo de hierro?
¡Arrójaselo! ¡Hazlo trizas! ¡Penetra!
¡Qué tiempo! ¡Qué tiempo! ¡Qué tiempo!”

(11 de abril de 1905 en Ferencváros, Budapest, y murió el 3 de diciembre de 1937, suicidio, bajo las ruedas de un tren. Traducción de Fayad Jamis.

Por último, acerquémonos a su relación con el cine. Laszló ha sido guionista y asesor íntimo (filosófico) del gran director húngaro contemporáneo Bela Tarr[2]. Varias de sus novelas han sido adaptadas por él y han hecho otras colaboraciones.

De su relación con el director Tarr, nos dice Laszló: “Tarr me ha usado durante sus películas como filósofo. Siempre le hablo durante los rodajes de bagajes filosóficos o de preguntas filosóficas y no sobre escenas…le hablo de Heraclito, Shakespeare,  Thomas Bernhard, él me decía que no sabía de ellos porque no era posible estudiar esos libros en la época comunista”.

Foto: Editorial Acantilado.
Foto: Editorial Acantilado.

Películas de Bela Tarr con Laszló Krasznahorkai

La condena, 1988

– Satantango, 1994 (Novela de  Laszló Krasznahorkai,1985).

Las armonías de Werckmeister, 2000. (La melancolía de la resistencia, de Laszló Krasznahorkai, 1989).

– El hombre de Londres, 2007. Adaptación de la novela de George Simenon.

El caballo de Turín o la pesadez de la existencia humana, 2011. (Guion co-escrito).

BONUS TRACK

Playlist de música: https://open.spotify.com/playlist/1M5pZBI6b1WL5zYaSBIqpt


[1] Otros ganadores del premio Formentor: Borges Beckett, Gadda, Sarraute, Below, Gombrowicz, Fuentes, Goytisolo, Vila Matas, Piglia, Quignard, Helene Cixous en 2025.

[2] Ver gran antecedente de cine húngaro en Zoltan Fabri: https://dulaccinemas.com/article/les-lundis-hongrois-retrospective-zoltan-fabri/179176)

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba