Crítica

La hermanastra fea o la aguja de coser pestañas

Por: Álvaro Bautista-Cabrera
Profesor de Literatura, Universidad del Valle

Foto: Tomada de espinof.com
Foto: Tomada de espinof.com

El siglo XIX consagró los cuentos de hadas como ideales para los niños. Antes, en tiempos de Perrault, fueron escritos para las jóvenes de la Corte y, en la Edad Media, sin dulcificaciones temerosas del horror, fueron ficciones transmitidas de manera oral para públicos diversos. Hoy se hacen versiones para niños, en general disneificadas, y para adultos, con sexo. La hermanastra fea es una adaptación para adultos de La Cenicienta. El filme es dirigido por la noruega Emilie Blichfeldt y en ella actúan Lea Myren como Elvira, la hermanastra mayor; Ane Dahl Torp como Rebeca, la madrastra; Thea Sofie Loch Næss como Agnes, Cenicienta; Flo Fageri como Alma, la hermanastra pequeña, entre otros. La protagonista del filme noruego es Elvira y no la chica embadurnada de cenizas.  

El filme empieza con Elvira fantaseando, en una ensoñación rosada, ser la elegida del príncipe. Su madre la quiere casar con un noble adinerado. La joven está convencida de este destino. Sin embargo, algo se opone, su belleza no coincide con los cánones. La nariz, los ojos, la pancita la alejan del modelo exigido. En el fondo, para el espectador actual, las tres chicas son hermosas y el hecho de aceptar la fealdad de Elvira significa jugar a ser benévolo con el cuento clásico. No obstante, esta representación del filme es ambigua por ser más relevante el carácter de las muchachas que la belleza. Cenicienta pelea con entereza, como en el cuento de Perrault, por el legado de su padre y, más allá de ser la criada es una mujer con arrojo, cuando habla de príncipes conoce el amor de los hombres, pues ama sin temor al palafrenero de palacio. La hermanita, Agnes, es el personaje solidario, el bastón de la mayor ante la desgracia que esta padece: no poder ser quien es. La madre, cruel, calculadora, sin remilgos sexuales, moldea a Elvira como arcilla para que sea una beldad de manual sin autoestima. El quid del filme es transformar una muchacha en un modelo de belleza para cazar a un príncipe. La joven se come el cuento de hadas y de ahí en adelante su vida se vuelve un suplicio.

Emilie Blichfeldt, directora noruega. Foto: Tomada de imdb.com
Emilie Blichfeldt, directora noruega. Foto: Tomada de imdb.com

El realismo de la directora noruega no escatima en contar las cosas como son. Las operaciones de corrección de nariz e instalación de las pestañas son una tortura. Entre gritos, dolores y humillaciones, Elvira se aproxima a la mujer ideal. Mas tiene un problema: es glotona. Y esto, aparte de aumentar su barriga, produce una caótica polifonía intestinal. Entonces el espectador duda. ¿Se trata de una chica tonta y, al turno, tiránica con Cenicienta, o de un ser humano malogrado por la madre y las manos quirúrgicas de su amante, un doctorcillo que con cinceles, cuchillos y agujas trata de esculpir la belleza en el cuerpo de Elvira?

El quid del filme es transformar una muchacha en un modelo de belleza para cazar a un príncipe. La joven se come el cuento de hadas y de ahí en adelante su vida se vuelve un suplicio.

Veremos en carne viva los cruentos operativos para convertir el cuerpo de Elvira en la muñeca de un cuento feérico. En este contexto de cirugías de embellecimiento, tan comunes en nuestro tiempo, se escenifica la operación ya presente en el cuento de los hermanos alemanes: el corte de los dedos del pie para poder calzarse la zapatilla. La crueldad estremece. En una escena gore, la misma muchacha empieza la amputación. ¿Es otro invento del filme que de la misma forma como representan una Cenicienta con un espléndido apetito sexual (sin con esto renunciar al príncipe o, precisamente, para poder obtenerlo), exagera el corte de los pies?  De ninguna manera. El filme presenta algo existente en la versión de los Hermanos Grimm: una vez la joven se pone los zapatos, estos chorrean sangre. La impiedad del cuento está en la versión de los recopiladores alemanes. Los cuentos de hadas no sólo son mecanismos decimonónicos para programar la sexualidad de las mujeres, en los Hermanos Grimm y en muchos filmes para comer palomitas; son dispositivos narrativos portadores del horror. Los cuentos de hadas eluden el futuro gobierno del miedo, buscan amortiguar los temores después de los periplos mágicos. En el filme de Blichfeldt, la magia está ante todo en la ficción mental de Elvira, en la fugaz aparición de la madre de Cenicienta con los gusanos tejedores. Lo demás se presenta con un realismo crudo y cruento. Verdadero es el cadáver podrido del padre en el sótano, verdadera es la astucia de Cenicienta, verdadera es la miseria de la mujer que juega a cumplirle al taimado príncipe. Verdadera, también, es la solidaridad de la hermana de Elvira, quien la acompaña en el escape, para alejarse del horripilante final de las hermanastras en la versión de los Hermanos Grimm.

Foto: Tomada de rockaxis.com
Foto: Tomada de rockaxis.com

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