Isaacs político
El XIX fue un siglo convulsionado en Colombia, y Jorge Isaacs no fue ajeno a su época. Hijo de su tiempo, cruzó constantemente esa puerta giratoria que lo llevó de la guerra a la política y de la política a la guerra. Su accionar ilustra lo que Schmitt definió en El concepto de político: “la distinción específica a la que se reducen todas las acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo”. A continuación, un breve esbozo del Isaacs político, una faceta ignorada del autor de María.
Por: Julio César Pino Agudelo
Estudiante de Lic. En Literatura

Foto: www.banrepcultural.org
Juzgar la vida política de Jorge Isaacs es arriesgarse a caer en dos posturas alejadas entre sí y no menos indeseables. Si se opta por sus intenciones, diremos que su trasegar político fue loable y digno de la posteridad; si el veredicto lo dan los resultados, diremos que fue desafortunado por los fracasos que sembró y el desprestigio que cosechó en vida.
Conservador de sangre roja
Hijo de un terrateniente, Jorge Isaacs heredó del padre sus ideas conservadoras en una época de profundos cambios que buscaban superar las viejas estructuras coloniales e implantar las nuevas fuerzas del progreso de la mano del liberalismo. Con apenas 17 años y tras ver frustrado su futuro como estudiante de medicina en Londres por la quiebra de la gran hacienda esclavista, el joven tuvo su “bautizo de fuego”. Se alistó en las fuerzas del general Tejada en 1854 para luchar contra la dictadura de Melo, quien enardecido por las atribuciones mermadas al ejército nacional, acababa de dar un golpe de Estado y había hecho prisionero al presidente conservador José María Obando, de origen payanés. Sus coterráneos se levantaron en armas para defenderlo, y el joven Isaacs no dudó en enrolarse.
Como conservador luchó desde el periodismo en La República, diario fundado por la fracción moderada del antiguo partido conservador, y como diputado en el Congreso desde 1866 hasta 1869.
De la sombra a la luz
En su libro Vida y pasión de Jorge Isaacs, Mario Carvajal consigna así la imprudencia que cambiaría el destino político del poeta en 1868: “Dice Max Grillo que en la primera de aquellas legislaturas, la del 66, en medio de una polémica que sostiene en el Congreso, uno de los oradores más ágiles y gallardos del partido conservador le increpa en el debate sus simpatías por el bando contrario. —Sí, he pasado de la sombra a la luz —replica Isaacs en un brote de orgulloso desdén”.
En carta firmada en 1974, Isaacs reflexiona retrospectivamente sobre su desengaño y desafiliación de los conservadores: “Cuando redacté La República creía aún posible poner de todo en todo la fracción avanzada del partido conservador al servicio de la república democrática. En 1868 y 1869, siendo diputado al Congreso Nacional, obtuve el doloroso desengaño y empecé a ser víctima de la demagogia ultramontana y de la oligarquía conservadora. Se me había educado “republicano” y resulté ser soldado insurgente en las filas del partido conservador. Ahora puedo explicarme eso satisfactoriamente”.
En su periplo como liberal radical, Jorge Isaacs se desempeña como cónsul en Chile, Superintendente de Instrucción pública del Estado del Cauca, combatiente contra los conservadores rebeldes en la batalla de Los Chancos, Secretario de Gobierno del Estado del Cauca, diputado en la Cámara de Representantes, Secretario en el Estado de Antioquia, y como líder del derrocamiento de Pedro Restrepo, presidente conservador del Estado de Antioquia.

La luz enceguece a Isaacs
Uno de los acontecimientos centrales en la praxis política de Isaacs fue su participación en la Revolución de Antioquia. A pesar de que se tomó el poder el 28 de enero de 1880, no contó con el apoyo de los principales líderes antioqueños, quienes en telegramas dirigidos al presidente de la Unión le solicitaron no reconocer su gobierno usurpador. En igual sentido se pronunció el general Valentín Deaza, comandante del Batallón Zapadores de Manizales, quien no aceptó el nombramiento de jefe del estado mayor general que le hiciera Isaacs, pues a nadie se ocultaba que el movimiento se había iniciado como una revolución contra el Gobierno Nacional. El movimiento de tropas nacionales desde Manizales y el Cauca logró que Isaacs fuera depuesto y que Pedro Restrepo recuperara el poder. Como consecuencia de ello Isaacs fue expulsado del Congreso, finalizando su vida política en el desprestigio total.
El favor de la caprichosa posteridad
Antes de morir, Isaacs le escribió a su amigo Leonardo Tascón estas palabras: “Yo necesito creer que cuanto hice y hago por la tierra donde nací, no será olvidado, y sí agradecido, cuanto merezca, por la juventud republicana del Cauca”. En su epitafio, Esquilo no fue recordado como poeta o dramaturgo, sino por su valor en la batalla de Maratón: “Esta tumba esconde el polvo de Esquilo, hijo de Euforio y orgullo de la fértil Gela. De su valor Maratón fue testigo, y los Medos de larga cabellera, que tuvieron demasiado de él.”. Al igual que Esquilo, Isaacs murió con la esperanza de ser recordado menos por lo que escribió y más por lo que hizo por su patria. La caprichosa posteridad se encargó de que no fuera así. Isaacs pasó a la historia como el gran escritor romántico autor de la inmortal María.



