Ricardo Silva. Los vericuetos de la creación literaria
En esta entrevista, Ricardo Silva Romero nos cuenta, de primera mano, detalles de la novela que ha cautivado a Colombia desde su publicación en 2016.
Por: Jhon Gamboa
Estudiante de Comunicación Social

Jhon Gamboa: ¿Qué lo motivó a iniciar el libro desde el final?
Ricardo Silva Romero: Siempre me han gustado las historias al revés, es decir, las que comienzas por el final y poco a poco van llegando al comienzo. Traición de Harold Pinter y Viaje a la semilla de Alejo Carpentier serían las que prefiero entre todas. Sin embargo, lo que más me interesaba en este caso era que el clímax de la historia de mi familia fuera su pasado, que el pasado fuera resuelto y reivindicado como debe hacer cualquier familia si quiere ser una familia completa.
J.G: Usted dice, al principio, que contaba con 42 horas de entrevistas, “cuatro torres de libros” con los que se documentó, cartas astrales, fotos, postales y páginas de periódicos del siglo pasado, ¿se sentía, en ese momento, con suficiente información para emprender la escritura de la novela?
R.S.R: Sí, me sentía con buena información, pero cada capítulo fue una nueva investigación, en cada capítulo necesité un álbum de fotos diferente y una entrevista extra y un archivo tomado del periódico del día que estaba narrando. Es que cada capítulo cuenta un día en especial. Y me parecía fundamental que se viera ese día.
J.G: ¿Cómo fue el proceso de retratarse a usted mismo conforme avanzaba hacia el pasado?
R.S.R: Tengo buena memoria. No soy consciente de cómo me ven los demás, pero sí tengo claro cómo me he visto a mí mismo y cómo me veo, y desde que soy niño ha sido la lucha de los tímidos, la lucha de aquellos que no se sienten cómodos frente al espejo. Quiero decir que nunca he sido demasiado diferente de lo que fui cuando era niño, y que narrarme hacia atrás fue simplemente irme narrando con menos dominio de mí mismo, con menos libertad, mejor, para moverme por el mundo.
J.G: Vemos que cada capítulo tiene por título una fecha. En unos la razón es evidente, dado que coincide con un evento que marcó la historia nacional, pero en otros parece no ser muy clara. ¿Qué motivó, en estos casos, la definición de la fecha?
R.S.R: Las fechas son, sin falta, las más importantes en la historia de mi familia. O mejor: en la historia de Colombia de mi familia. Pronto, cuando estaba organizando mi investigación para sentarme a escribir, decidí que iría contando días. Cuando me pareció que tenía que darle un énfasis a la historia, y que quería contar cómo había sobrevivido mi familia a Colombia, pensé que tenía que contar días en lo que mi familia sobreviviera al país. Hay días que son importantes por otras razones: la llegada a la Luna, por ejemplo, pero lo importante es que todos están vistos desde los ojos de la familia.
Las fechas son, sin falta, las más importantes en la historia de mi familia. O mejor: en la historia de Colombia de mi familia. Pronto, cuando estaba organizando mi investigación para sentarme a escribir, decidí que iría contando días
J.G: Las películas, en pasajes del libro como la muerte de su mejor amigo Germán, se presentan como aquello con lo que usted sosiega la tristeza. ¿A qué se debe esto?
Las películas son un alivio en la mayoría de los casos. Son una misa, un refugio. Y son un juego y un enigma para el que me he preparado desde niño. No es que ayuden a olvidar, pero tampoco el trago sirve de a mucho. No es que me pierda en las películas como la protagonista de La rosa púrpura del Cairo pero las películas suelen ser una señal para la esperanza: el sólo hecho de que existan ya es mucho.
J.G: Usted ha dicho que escribió este libro pensando en homenajear a su madre, pues El libro de la envidia había representado algo similar para su padre. Después de un tiempo de haberse publicado, ¿qué aspecto de Historia oficial del amor le deja a usted la certidumbre de haber logrado este cometido?
R.S.R: Por supuesto, un libro no es suficiente para saldar las cuentas con un padre o una madre, y mucho menos con los míos, que son los mejores de lejos. Y creo que ningún libro podría dar cuenta de la clase de persona que es mi madre, que es la generosidad hecha persona, la generosidad encarnada. Pero nunca antes había tenido tanto sentido para mí la frase “lo que importa es la intención”. Mi intención era dejar claro que sé lo que ella ha hecho por nosotros.
J.G: En un momento de la vida de su abuelo Romero Aguirre, usted describe un lúcido debate que éste sostuvo con Laureano Gómez sobre la masonería, ¿no le genera cierta melancolía la naturaleza de este episodio frente a lo que se puede encontrar en los debates contemporáneos?
R.S.R: Sí, mucho. Me produce vergüenza este Congreso que tenemos después de semejante debate. Eso me interesaba mostrar: cómo los políticos eran brillantes en ese entonces.
J.G: En el libro se evidencian muchas tradiciones que han trascendido a lo largo de la vida, como la necesidad de rezar y el gusto por las películas, ¿agradece a sus padres haberlas recibido en herencia?
R.S.R: Sí, todo se lo agradezco a mis padres. Y ahora a mi esposa y a mis hijos.



