Evento

Movimientos: entre la tradición y la contemporaneidad

La 3ra Bienal Internacional de Danza de Cali tuvo lugar del 31 de octubre al 6 de noviembre del 2017, una semana colmada de emociones y contrastes culturales revindicando el adagio: el que baila y canta sus penas espanta.

Por: Andrea Nathalia Díaz Lasso
Estudiante de Lic. en Literatura

Afiche promocional de la 3ra Bienal Internacional de Danza de Cali. Foto: incolballet.com
Afiche promocional de la 3ra Bienal Internacional de Danza de Cali.
Foto: incolballet.com

Movimientos que transgreden palabras, cuerpos que comunican sentires ajenos a limitaciones geográficas, cada empeine puesto con firmeza y energía que recorre tu cuerpo diversificando extensiones donde cada músculo y nervio son arte, una indagación de la condición humana. La conexión política y cultural a un deseo de cambio. Desde aquí se constituye el proyecto de la Bienal Internacional de Danza de Cali, un punto de encuentro que abre horizontes a nuevas formas de vivir y pensar la danza.

Desde el año 2013 la Bienal cumple con el objetivo de fortalecer la identidad colombiana a través de expresiones dancísticas que planteen dinámicas en la consolidación de un nuevo proyecto de país.

El tiempo, el ruido y la guerra ha marcado nuestro territorio. No ajeno a ello, en su tercera edición, la Bienal se constituye como un espacio de reflexión cultural que prioriza el arte como medio que reivindica las problemáticas sociales surgidas en esta época de despotismos, planteando dinámicas de colaboración tecnológicas, educativas y profesionales que logran evidenciar que la danza no tiene barreras. Este año el turno fue para la mujer, una propuesta de dialogo con cuatro talentosas artistas que expresan el movimiento como una forma de vida.

La colombiana María José Arjona, la coreógrafa española María Pagés, la maestra china Liu Qi y la fotógrafa estadounidense Lois Greenfield fueron las encargadas de demostrar el poder femenino de la danza.

La búsqueda por diversos territorios de expresiones dancísticas reflejan el arduo trabajo de ocho compañías internacionales: María Pagés Compañía con su obra Yo, Carmén, que más que un célebre personaje español, se plantea como un individuo colectivo que aspira a ser la voz de todas las mujeres, fuerte y nítida, sobrepasando tradiciones patriarcales de sometimiento. El Ballet Preljocaj, de Francia, presentó La Fresque, un contraste entre arte y civilización. De igual forma, Kibbutz Contemporary Dance Company de Israel presenta Horses in the Sky e Ian Kaler, Alemania y Austria proponen el performance o.T. | (gateways to movement), como un espacio matizado de recuerdos lleno del color y movimiento de una sociedad en constante cambio. La obra Pavement de la compañía estadounidense Abraham in Motion, plantea la cronología cultural de conflicto y discriminación a la que han sido expuestos históricamente diversos barrios afro.

Como en toda Bienal, se proponen focus nacionales e internacionales que permiten desarrollar dinámicas de investigación. El focus Asia fue representado por Korea National Contemporary Dance Company quienes presentaron Music for Rites – The Afterimeges of the Rose, propuesta de reencuentro con las tradiciones ancestrales y rituales; Sankai Juku, de Japón, pone en escena Tobari, surgimiento y evolución dentro del cosmos de la vida. Guangdong Modern Dance Company, de China, expone en Sumeru la danza como visión de universo, historias y facetas en conexión que se movilizan y cambian constantemente con el fluir de los bailarines.

Tobari, de Sankai Juku de Japón. Uno de los espectáculos que arrancó los aplausos más largos del evento. Foto: revistadc.com
Tobari, de Sankai Juku de Japón. Uno de los espectáculos que arrancó los aplausos más largos del evento.
Foto: revistadc.com

Veintiséis fueron las compañías nacionales que también aceptaron el reto: Yenser Pinilla con el Hombre Búho de Bogotá, el Laboratorio de Danza de Providencia con El Silencio del Tambor, Dosson arte en movimiento de Bogotá con Chulos, Cimarrones de Mahates, de Bolívar, con Son de negro, una muestra de las tradiciones palenqueras rebeldes y negras heredadas. La Compañía Cuerpo de Indias del Colegio del Cuerpo de Cartagena puso en escena Anger, performance que denuncia la segregación racial por medio de una celebración cultural de poesía, música y danza en colaboración con diversos bailarines caleños. Folclore, salsa, tango, urbano, ballet y contemporáneo talentosamente representado por distintas regiones.

El 2017 pone en escena una propuesta afro y urbana, el focus nacional, Chocó, se realiza en asociación con la Fundación Masakhane Caminemos juntos, liderada por Boris Palacios. Con la participación de Roció de oro, Danza folclórica de la Universidad Tecnológica del Chocó y Jóvenes creadores del Chocó provenientes de la ciudad de Quibdó, junto a Wangari de Medellin, se percibe un reencuentro con las tradiciones y saberes del Pacífico que perduran aun en la memoria colectiva, una expresión artística que moviliza sentimientos producto de faldeos volátiles, gritos, llamadas y zapateos propios de un sabor afro y mestizo.

La Bienal apoya la investigación, presentando cuatro proyectos nacionales que muestran mundos posibles: indagación y experimentación hacia nuevas visiones de arte. Las becas de creación presentaron a Incolballet con Alicia en la Casa Misteriosa, Atabaques de Cartagena con la obra Revuelo, interpretada por diversos bailarines que tienen como objetivo el reconocimiento y conexión de la danza como herramienta ancestral de saber, una relectura de la propuesta palenquera Son de negro de Mahates. María José Arjona presentó Las Frecuencias que me Hacen, muestra de video-danza, y el maestro Julián Bueno lanzó el libro Danza folclórica en Caldas, investigación de ritmos ancestrales producto de la beca de investigación otorgada en 2015.

Danzar es transportarse, es entender que cada movimiento es primario en una herencia ancestral, es situarse en el momento justo en que se labró tal sentimiento y por qué no, enamorarse de ello y de lo que se comparte como colectivo al actuar. Frenéticos y armoniosos sentimientos dancísticos ubican a la Bienal como un evento que propicia la creación de herramientas, permitiendo la introducción de saberes y avances propuestos por nuevas perspectivas sociales.

Presentaciones, diálogos, clases maestras y estímulos artísticos, son algunas de estas miradas.

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