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Temporada de monstruos

Por: Jorge Sánchez Fernández
Licenciado en Literatura

La forma del agua
Título original: The Shape of Water
Año: 2017
Duración: 119 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Guillermo del Toro

La forma del agua, dirigida por Guillermo del Toro, 2017. Foto: https://www.filmaffinity.com
La forma del agua, dirigida por Guillermo del Toro, 2017.
Foto: https://www.filmaffinity.com

Guillermo del Toro nos ha vuelto a sorprender. Este cineasta mexicano regresa a las carteleras con una película llena de odio, pero también repleta de amor. Con La forma del agua, del Toro se consagra, tras una carrera de 25 años, como un director visionario, fiel a su estilo y sus raíces, consiente de la problemática actual y dueño de todos los saberes cinematográficos puestos a su disposición para entregarnos una película que, en lo argumental puede no ser la historia más original, pero que gracias a un extraordinario tratamiento formal nos sorprende y maravilla.

La forma del agua empieza con una voz en off. Vemos una casa inundada, todo flota. Entramos en un cuento de hadas moderno. La voz nos habla acerca de un príncipe, una princesa y un malvado, nos acercamos el conflicto; también nos habla del amor y la pérdida, comprendemos que estamos embarcándonos en una historia inusualmente conocida. En este primer fragmento, además, vemos el espacio donde trascurrirá gran parte del filme y escuchamos la música, tonadas suaves y melancólicas, como si fueran interpretadas por la banda de un buque fantasma. Sin darnos cuenta, nos sumergimos enteramente y ya no podremos salir hasta el final.

Bebiendo de la cultura clásica, el cine serie B, los cómics, el teatro y la música, del Toro teje una historia poética sobre el amor, la segregación, el miedo y la esperanza. Es una película de contrastes, por la misma razón se sitúa en medio de la guerra fría, época donde el pánico y la insensatez reinaba en Norte América. También es una historia fantástica, de aquí que la coprotagonice un hombre-pez, del cual se enamora una mujer muda. El tratamiento visual: los colores fríos utilizados en las instalaciones gubernamentales, los cálidos que representan el amor y a la esperanza, el juego con la luz, el mundo en general, la vuelven una película que, si bien esta situada en la realidad, bien podría ser un mundo fantástico ¿y no es la realidad a veces fantástica? Unos de los mayores aciertos es la creación de Eliza. Desde las primeras escenas descubrimos su personalidad, alguien fuerte pero apocada, una princesa muda y mundana, con deseos sexuales, un trabajo rutinario y sensibilidad artística. Ella es quien hila toda esta historia. Sally Hawkins construye un personaje meramente físico, que expresa con una mirada lo que mil palabras no podrían. El trabajo de Doug Jones, como la criatura, habitual en los trabajos del director, es loable. Un ser hecho a base de pequeños gestos, leves movimientos corporales que evidencian la vulnerabilidad de este dios del río.

El resto del elenco se mueve como pez en el agua. Del Toro asegura que escribió esta película pensando en actores en concreto, vemos que el papel de Michael Shannon es justo para este actor. Aunque es “el malvado” logramos comprender sus motivaciones. Ganadora de múltiples premios, La forma del agua es una película extraña y cotidiana. Una fantasía moderna que conlleva múltiples lecturas y que no dejará indiferente a nadie.

Aniquilación
Título original: Annihilation
Año: 2018
Duración: 115 min.
País: Reino Unido
Dirección: Alex Garland

Aniquilación, dirigida por Alex Garland. Foto: https://www.diariouno.com.ar
Aniquilación, dirigida por Alex Garland.
Foto: https://www.diariouno.com.ar

El cine independiente es cuna de algunas de las mejores historias que se brindan hoy en día en el séptimo arte. Relatos profundos, personales, a veces abstractos pero repletos de significados, son entregados a un público cada vez más numeroso; sin embargo, estas propuestas siguen llegando a una ínfima cantidad de personas si las comparamos con las grandes producciones hollywoodenses.

Esto no es del todo triste, ya que aquellos que se arriesgan a salir de su zona de confort, y se arriesgan por películas diferentes, suelen sorprenderse y encantarse por aquello con que se encuentran.

En A Ghost Story asistimos a la historia de una pareja que vive en una alejada casa rural. Aunque enamorados se les ve alejados, perdidos entre el avanzar en la vida o continuar en el lugar que se encuentran. Un día él muere en un accidente de tráfico, sólo para renacer como un fantasma al poco tiempo. Un ser que no puede abandonar el hogar que tanto amó y que tiene que ver cómo, paulatinamente, todo va cambiando a su alrededor.

A partir de este momento el film nos mueve por diferentes realidades, siempre de la mano de este triste y perdido fantasma en busca de respuestas. El director ha apostado por contarnos los cambios de tiempo sin previo aviso, y esto puede descolocar a algún espectador, no obstante las elipsis cumplen su cometido a la hora de hacernos sentir el paso de los años y cómo nuestro protagonista los experimenta.

A Ghost Story no es una película donde impere el dialogo, sólo en una escena en concreto. La mayoría de su historia se narra a través de imágenes que le sientan de maravilla, con planos generales para remarcar la soledad y primeros planos que muestran la tristeza del personaje. En esto también ayuda la música: tonadas suaves y melancólicas hacen de esta película toda una experiencia visual que toca en lo más profundo.

Aquellos que busquen una historia de fantasmas tradicional, del tipo The Conjuring (2013), no se dejen engañar por el título. Este film tiene más en común con Eterno resplandor de una mente sin recuerdo por su tono y encanto visual, que con el cine de terror moderno, y doy gracias a todos los dioses por ello.

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