Homenaje

El 68 en EEUU: El largo asesinato de Martin Luther King

A medida que se acerca el 50 aniversario de la muerte violenta del Dr. Martin Luther King (el 4 de abril de 1968), es previsible escuchar en los medios de comunicación de EEUU más y más detalles reales y supuestos de su asesinato físico (o tal vez de su ejecución). Pero nada se dirá sobre el asesinato moral, intelectual e ideológico subsiguiente y continuo de King.

Por: Paul Street
Historiador y politólogo

http://impactonoticias.pe
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Me refiero a la narrativa neo-macartista convencional, exculpatoria, sobre Martin Luther King que se repite cada año con ocasión de la fiesta nacional que lleva su nombre. Este retrato aburguesado y difuminado de King como un reformista liberal moderado que quería poco más que unas cuantas reformas básicas de derechos civiles en el sistema supuestamente bueno y decente de EEUU, es decir, como un leal reformador que estaba agradecido a los líderes de la nación por hacer finalmente cambios nobles. Este año tampoco fue la excepción.

Las conmemoraciones oficiales no dicen nada sobre el Dr. King que estudió a Marx con simpatía a una edad temprana y que dijo en sus últimos años que “si queremos alcanzar la igualdad real, los Estados Unidos tendrán que adoptar una forma modificada de socialismo”. Borran al King que escribió que “el verdadero problema que hay que afrontar” más allá de cuestiones “superficiales” es la necesidad de una revolución social radical.

Las conmemoraciones oficiales no dicen nada sobre el Dr. King que estudió a Marx con simpatía a una edad temprana y que dijo en sus últimos años que “si queremos alcanzar la igualdad real, los Estados Unidos tendrán que adoptar una forma modificada de socialismo”. Borran al King que escribió que “el verdadero problema que hay que afrontar” más allá de cuestiones “superficiales” es la necesidad de una revolución social radical

Han eliminado al King que habló en la Canadian Broadcasting Corporation (CBC) a finales de 1967 para reflexionar sobre lo poco que había conseguido la lucha por la liberación de los negros más allá de algunos pequeños cambios en el Sur de EEUU. Deploró “el freno del avance limitado del progreso” que los negros y sus aliados habían alcanzado “por la resistencia blanca [que] ha puesto al descubierto el racismo latente que [todavía] está profundamente arraigado en la sociedad estadounidense”. “A medida que murieron la euforia y las expectativas”, explicó King en la CBC, “los negros se hicieron más conscientes de que el objetivo de su liberación estaba aún lejano y que nuestra situación inmediata es sustancialmente todavía una agonía de privación. En la última década, se ha hecho poco por los ghettos del Norte. Todos los cambios legislativos han sido para remediar las condiciones del Sur. E incluso éstas solo han mejorado parcialmente”. King pensaba que las conquistas ganadas por los americanos negros durante lo que él consideraba sólo la ‘primera fase’ de su lucha por la libertad (1955-65) estaban en peligro en la medida que “habían creado en los blancos una sensación de realización”: la impresión absurda de que el llamado “problema negro” había sido resuelto y que, por tanto, no había ya fundamento o justificación para el activismo negro. “Cuando los negros asertivamente comenzaron a subir el segundo peldaño de la escalera,” señaló King, “se produjo una resistencia firme de la 1comunidad blanca… En algunos sectores se trataba de un rechazo cortés, en otros, se trataba de una reacción blanca en contra. En todas partes, sin lugar a dudas, se trataba de resistencia pura y simplemente”.

Los negros estadounidenses, pero también otros sectoresdelapoblación,percibíanloqueKingllamó“la cruel ironía de ver a chicos negros y blancos en las pantallas de televisión, matando y muriendo juntos por una nación que es incapaz de sentarlos juntos en la misma escuela”

Explicando a sus oyentes de CBC la importante ola de disturbios raciales que se multiplicó en las ciudades de Estados Unidos en los veranos de 1966 y 1967, King no excusó la violencia negra. Culpó de los disturbios a “la estructura del poder blanco… que sigue buscando mantener los muros de la segregación y la desigualdad intactos”. Denunció que la principal causa de los disturbios era la postura reaccionaria de “la sociedad blanca, que no está preparada ni dispuesta a aceptar un cambio estructural radical”, que “produce caos” diciéndole a los negros (cuyas expectativas de un cambio de fondo habían despertado) “que deben esperar seguir siendo permanentemente desiguales y permanentemente pobres”.

King también atribuyó los disturbios en parte a la guerra imperialista y genocida de Washington en Vietnam. Junto con la miseria que infligía a Indochina, según King, la agresión militar salvaje de Estados Unidos contra el sudeste asiático restaba recursos a la breve y débil ‘guerra contra la pobreza’ de Lyndon Johnson. Se envió a los negros pobres como carne de cañón de una manera desproporcionada. Y creó el ambiente social en el que cuajó la idea de que la violencia era una respuesta razonable e incluso una solución a los problemas sociales y políticos.

Los negros estadounidenses, pero también otros sectores de la población, percibían lo que King llamó “la cruel ironía de ver a chicos negros y blancos en las pantallas de televisión, matando y muriendo juntos por una nación que es incapaz de sentarlos juntos en la misma escuela. Los vemos en brutal solidaridad quemar las chozas de una aldea pobre, pero nos damos cuenta que nunca vivirían en el mismo bloque en Detroit”, dijo King en la CBC, y agregó que “no podía permanecer en silencio ante tan cruel manipulación de los pobres”.

Más allá de la hipocresía racial, King dijo que “una nación que continúa gastando año tras año más dinero en defensa militar [aquí podría haber dicho mejor en un ‘imperio militar’] que en programas de mejora social está cada vez más cerca de su bancarrota espiritual”.

El presidente Lyndon B. Johnson estrechando la mano de Martin Luther King tras firmar el acta de los Derechos Civiles en Washington D.C., el 2 de julio de 1964. - Foto: https://www.infobae.com
El presidente Lyndon B. Johnson estrechando la mano de Martin Luther King tras firmar el acta de los Derechos Civiles en Washington D.C., el 2 de julio de 1964. – Foto: https://www.infobae.com

¿Qué hacer? King defendió cambios radicales que iban en contra de la estructura del estado corporativo, lo que reflejaba su acuerdo con los militantes de la Nueva Izquierda, en el sentido de que “sólo mediante un cambio estructural se podrán eliminar los males actuales, porque las raíces están en el sistema y no en las personas o en un funcionamiento defectuoso”. King defendía un programa nacional de emergencia, que proporcionase empleo para todos o garantizase una renta básica nacional “de manera que permita vivir en circunstancias dignas”. También hizo un llamamiento a la “demolición de los barrios pobres y su reconstrucción por la población que vive en ellos”.

Sus propuestas, dijo, buscaban algo más que justicia racial. Su objetivo era eliminar la pobreza de todos, incluidos los blancos pobres, y creía que “la revuelta negra” era un desafio frente a lo que llamó “los tres males interrelacionados” del racismo, la injusticia económica / pobreza (el capitalismo) y la guerra (el militarismo y el imperialismo). La lucha negra “ha evolucionado, afortunadamente, en algo más que la búsqueda de la eliminación de la segregación [racial] y la igualdad”, dijo King. Se había convertido en “un desafío a un sistema que ha hecho milagros en la producción y la tecnología”, pero no ha sido capaz de “hacer justicia”.

“Si el humanismo está fuera del sistema [capitalista],” dijo King en CBC cinco meses antes de su asesinato (o ejecución), “los negros han revelado la naturaleza del despotismo y tendrá lugar una lucha mucho mayor por la liberación. Los Estados Unidos están ante el desafío sustancial de demostrar que se pueden abolir no sólo los males del racismo, sino también el flagelo de la pobreza y los horrores de la guerra…”

Más allá de la hipocresía racial, King dijo que “una nación que continúa gastando año tras año más dinero en defensa militar [aquí podría haber dicho mejor en un ‘imperio militar’] que en programas de mejora social está cada vez más cerca de su bancarrota espiritual

No hay la menor duda de que King se refería al capitalismo cuando hablaba del “sistema” y la “naturaleza del despotismo”. Esto es evidente en la mejor obra sobre King, la biografía épica de David Garrow, ganador del premio Pulitzer, Bearing the Cross: Martin Luther King, Jr. and the Southern Christian Leadership Council (Harper Collins, 1986).

Nadie que escuchase con atención la intervención de King en la CBC pudo ignorar el radicalismo de su visión y sus tácticas. “Los desposeídos de esta nación -los pobres, tanto blancos como negros- viven en una sociedad cruelmente injusta”, señaló King. “Deben organizar una revolución contra esa injusticia”, agregó.

Una revolución de este tipo requeriría “algo más que un llamamiento a la sociedad en general”, más que “manifestaciones en las calles”. “Debe”, añadió King, “ser una fuerza que interrumpa el funcionamiento [de la sociedad] de forma decisiva”. Esa fuerza haría uso de una “desobediencia civil masiva” para “transmutar la profunda rabia del gueto en una fuerza constructiva y creativa, dislocando el funcionamiento de la sociedad”.

“La tormenta crece contra la minoría privilegiada de la tierra”, añadió Martin Luther King. “La tormenta no disminuirá hasta que [haya una] justa distribución de los frutos de la tierra…” La “resistencia activa, masiva, no violenta contra los males del sistema moderno ” que King defendía era “de alcance internacional”, porque “los países pobres son pobres principalmente porque [las naciones occidentales] les han explotado a través del colonialismo político o económico. Los estadounidenses, en particular, deben ayudar a su nación a arrepentirse de su imperialismo económico moderno”.

King era un demócrata socialista que defendía la desobediencia de masas y un antiimperialista que abogaba por una revolución mundial. Los guardianes de la memoria nacional no quieren que se sepa nada de ello cuando transmiten doctrinalmente una memoria oficial impuesta sobre King como un reformador liberal y paniaguado. (De manera similar, nuestros señores de la ideología no quieren que sepamos que Albert Einstein [“Personaje del siglo XX”, según la revista Time] escribió un brillante ensayo en defensa del socialismo en el primer número de la venerable revista marxista estadounidense Monthly Review – o que Helen Keller era una defensora de la revolución rusa).

La revolución negra, escribió King, es mucho más que una lucha por los derechos de los negros. Está obligando a los Estados Unidos a enfrentarse a todos sus defectos relacionados: el racismo, la pobreza, el militarismo y el materialismo. Está exponiendo males que están arraigados profundamente en toda la estructura de nuestra sociedad. Revela fallas sistémicas más allá de defectos superficiales y apunta a una reconstrucción radical de la sociedad como su verdadero problema”

La amenaza que suponen para la memoria oficial burguesa las conferencias de King en CBC -y por lo que King dijo y escribió en los últimos tres años de su vida- no es sólo que demuestran que el pacífico reformador de la iconografía oficial era un demócrata socialista que se oponía al sistema capitalista y su imperio, sino también revelan con claridad cómo King analizaba los obstáculos al progreso de la nación de la injusticia racial y de clase, hasta el punto de impedir cualquier evolución en la década de 1970, como consecuencia de una reacción blanca que ya estaba en marcha a principios y mediados de la década de 1960 (antes del surgimiento de los Panteras Negras, a los que los historiadores liberales consideran culpables de la deriva racista a la derecha de EEUU con Nixon y Reagan) y la guerra de las clases dominantes estadounidenses contra la clase trabajadora que se inició bajo Jimmy Carter y llegó a su cenit con Ronald Reagan.

“La revolución negra” escribió King en un ensayo de 1969 publicado póstumamente, titulado “Un testamento de esperanza” (defendiendo un tipo muy diferente, auténticamente progresista, de esperanza que la de la marca Obama en 2008) “es mucho más que una lucha por los derechos de los negros. Está obligando a los Estados Unidos a enfrentarse a todos sus defectos relacionados: el racismo, la pobreza, el militarismo y el materialismo. Está exponiendo males que están arraigados profundamente en toda la estructura de nuestra sociedad. Revela fallas sistémicas más allá de defectos superficiales y apunta a una reconstrucción radical de la sociedad como su verdadero problema”.

Esas palabras son más ciertas que nunca hoy, más urgentes si cabe, cuando el sistema capitalista lleva a la humanidad al precipicio ambiental. Son palabras que nunca escucharemos en las conmemoraciones oficiales del Día de Martin Luther King.

King, vale la pena recordar, fue propuesto como candidato progresista a la presidencia de Estados Unidos en 1967 por parte del movimiento anti-guerra. Él declinó cortésmente, alegando que tendría pocas posibilidades de ganar y que prefería ser la conciencia moral política de la nación.

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