Zombies en un tecnoinfierno de lo mismo
“…ese deseo incontrolable de ver, pega la mirada a la pantalla y apaga el cerebro”
Carlos Fajardo Fajardo
Por: Esteban Franco Ríos

Foto: Tomada del Facebook de Carlos Fajardo Fajardo.
Transcurridos veinticinco años desde el 2000 podemos detenernos a considerar, en este flujo de información hiperconectada, cuánto han cambiado las realidades sociales, históricas, culturales, económicas y subjetivas de la existencia humana. Época que introduce en una disciplina de control blanda que obtiene la complacencia de sus usuarios esclavizados en el consumo de la imagen, y que acompaña a un sistema político de antiguas maneras neoliberales y neoconservadoras, de reminiscencias fascistas aún presentes. Sobre estos temas, y muchos otros relacionados, explora el escritor caleño Carlos Fajardo Fajardo, poeta, ensayista, investigador y profesor universitario que, en su más reciente libro, titulado Adoctrinamiento exquisito y controles digitales (2024) expone un presente distópico-ubicuo en el panorama internacional y local, para ofrecer algunas alternativas que permitan detenerse, cuestionar y distanciarse de los imperativos de la masa hiperconectada.
Carlos Fajardo Fajardo nació en el año de 1957 en la ciudad de Cali. Su información se encuentra en la red entre artículos investigativos y libros en diferentes páginas de universidades, así como en portales de literatura y humanidades. Es filósofo de la Universidad del Cauca, magíster de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y doctor en Literatura de la UNED de España; profesor universitario de estética, historia del arte y literatura. Entre lo más destacado de su carrera artística, educadora e investigativa se encuentran los libros de poesía Tierra de sol (2003), Navíos de Caronte (2009), Bajo extraños soles (2017), Las espadas de Dios (2018) y El eco de la tormenta (2021); y algunos de libros de ensayos como El arte en tiempos de globalización (2006), Rostros del autoritarismo. Mecanismos de control en la sociedad global (2010), El bazar de lo efímero. El arte en la cultura del mercado (2014), La emocracia global y otros escritos (2017), La sal en la taza de café. Notas sobre creación y escritura (2022), Cuando el mundo se detuvo. Sobre encierros y otros virus (2023), entre otros.
Adoctrinamiento exquisito y controles digitales fue publicado por la editorial Ediciones desde abajo. Consta de 88 páginas que se leen con gusto y fluidez, de lenguaje preciso, abundante de referencias, con un desarrollo argumental que retoma en varias ocasiones puntos o conceptos anteriores. Los trece capítulos oscilan entre las dos y las seis páginas, con excepción de los dos últimos que se extienden un poco más. Desde su portada nos recuerda una escena de la citada 1984, de la serie Black Mirror o del videojuego Bioshock, en donde una silueta se halla a mitad de una gran cantidad de recuadros rojos que, en su conjunto, dejan entrever una estructura que vigila, un panóptico de pantallas que aquieta a un ser en medio de la oscuridad.
Una impresión que te deja la lectura de Adoctrinamiento exquisito y controles digitales es que todo tiene que ver con el actual entramado de las cosas. Y este es el principal problema a nivel político, histórico, emocional y cognitivo de la actual era hipertecnológica impulsada ahora por la eficacia de la IA, la pretensión de Neuralink de convertir al cerebro humano en interfaz directa de la realidad virtual y las fantasías de transferencia de mente que posterguen la vida misma en el ciberespacio.
Es de resaltar que las ideas desarrolladas por el escritor parten de postulados presentes en algunas de sus obras anteriores, como en Rostros del autoritarismo y La emocracia global y otros escritos, por mencionar un par; también estos escritos recogen conceptos de reconocidos autores como Byung Chul Han, Zygmunt Bauman, Jean Baudrillard, Román Gubern, Hannah Arendt, Walter Benjamin, Albert Camus, por mencionar algunos. Las ideas y conceptos que me resultaron más interesantes de Adoctrinamiento exquisito y controles digitales se exponen a continuación.
En primer lugar, la reflexión acerca de los sistemas de control de la humanidad, artefactos tecnológicos que introducen una relación neófila insana cuando se usan sin la duda y el pensamiento crítico. Ejemplos de esto son inventos como los libros, las cámaras fotográficas y de video, el periódico, la televisión, entre otros. En la actualidad, no hay duda de que los dispositivos electrónicos (smartphones, computadoras, consolas de videojuegos) son un sistema de control de masas que brindan siempre conexión a una red y desde todas partes. Se ha incrustado desde la década de 1980 y cada vez con mayor potencia e inmediatez. La disciplina blanda a través de las pantallas convierte a los seres humanos en receptores del flujo de información, de las imágenes deseantes al punto de despolitizar y desmemorizar el entramado social-cultural real de la vida, la tradición y los recuerdos mismos.
De hecho, las consecuencias de la sumisión a la voluntad de la masa consumista informatizada se describen bien según dos prefijos, replicantes de características maquinizadas en los seres humanos, lo híper y lo auto en las dos primeras décadas del nuevo milenio: hipertecnología, hiperconsumo, hiperestimulación, hiperinformación, hiperconexión, hipersaturación, hiperegoísmo, hipervigilancia, auto-control-vigilanciaexplotación-castigo-sometimiento. Son estas y muchas otras las palabras que caracterizan una hiperrealidad de la que olvidamos mirar-pensar con sospecha por hallarnos inmersos en ella.
Una impresión que te deja la lectura de Adoctrinamiento exquisito y controles digitales es que todo tiene que ver con el actual entramado de las cosas. Y este es el principal problema a nivel político, histórico, emocional y cognitivo de la actual era hipertecnológica impulsada ahora por la eficacia de la IA, la pretensión de Neuralink de convertir al cerebro humano en interfaz directa de la realidad virtual y las fantasías de transferencia de mente que posterguen la vida misma en el ciberespacio. La virtualización de la existencia en todos sus sistemas involucra también los regímenes políticos de antaño que aparecen y desaparecen entre este in-flujo, tiranías de una tradición de gobiernos neoliberales, neoconservadores y fascistas taimados.

El deseo por las imágenes y los estímulos que rellenan los espacios-tiempos de la vida consumida sin pensar, hace sujetos consumidores que se consumen a sí mismos. Y el problema con todo esto es que “el aislamiento de las realidades nos está volviendo más agresivos, más viles, tristes, paranoicos, (…)”, porque en ello “borran la memoria, los recuerdos, la reflexión crítica, la sensibilidad y su capacidad para el asombro y la sospecha, la imaginación y la ensoñación subversivas”, en palabras de Carlos Fajardo.
Con lo anterior, subrayo dos preguntas que podrían ser, quizá, las más importantes del libro Adoctrinamiento exquisito y controles digitales: ¿hay salvación? y ¿qué podemos esperar del escenario local de los acontecimientos? Frente a esta “emocracia” de la “sociedad del rendimiento, ansiedad, estrategia del tiempo-capital”, Carlos Fajardo escribe sobre la vita contemplativa con base en los postulados de Byung Chul Han. Aunque es definitivo afirmar que “lo analógico conserva las cosas, lo digital las difumina y con ello elimina tradición, leyendas, fábulas”, se puede pensar en un equilibrio, para no irse a los extremos de lo apocalíptico o lo integrado, asumir la contemplación de la vida teniendo en cuenta que es casi imposible abstraerse de la vida hiperconectada y que, en cambio, es posible detenerse a pensar en lo consumido, sumarlo a trabajos creativos y a investigaciones.
Carlos Fajardo también escribe sobre el arte que se percibe más allá de su cualidad de objeto consumible, cuando al contemplar arte de cualquier medio este invita a pensar, a sentir y a dudar. Además del arte por el arte, menciona el aporte de las artes “inútiles”, las humanísticas, artísticas, literarias, las disciplinas filosóficas y sociales, el pensamiento crítico que problematiza y pone en duda la existencia misma, eso que hace años quisieron eliminar de la educación superior y que continúan deslegitimando en portales web, donde promocionan el top de carreras que más dinero dan en los sistemas neoliberales.
Menciono dos ideas más entre el conjunto de ensayos de Carlos Fajardo que nos apartan de la distopía de los regímenes heteropatriarcales, de la autodisciplina hipertecnológica y de la “neoesclavitud” digital: la sensibilidad literaria, específicamente la poesía como contracorriente en el actual estado de la cuestión, y la capacidad de asumir la herida, el error, el dolor, la equivocación: “La alegría por el dolor”. El arte que transmite ese “dolor como catalizador de la creación”.



