Una novela necesaria, pero insuficiente
Qué nos hace humanos
Jeff Garvin
Roxanna Erdman (Traducción)
V&R Editoras, 2016
408 páginas
Por: Julio César Pino Agudelo
Estudiante de Lic. En Literatura

¿Cómo vive un personaje que por miedo a asumir su identidad de género la esconde para encajar en una sociedad conservadora que rechaza la diferencia? En su debut como novelista, el norteamericano Jeff Garvin apuesta duro y se atreve a responder a esta pregunta con “Qué nos hace humanos”. Consciente de que vivimos en un mundo intolerante que discrimina aquello que no entiende porque amenaza las identidades establecidas, ofrece una historia que pretende cuestionarlas para trascender las diferencias que nos separan y aferrarse a lo que nos hace iguales como humanos para construir un puente que nos una.

de Jeff Garvin – Foto:
https://soybibliotecario.blogspot.com.co
Riley Cavanaugh, el personaje principal de la novela, tiene 16 años y es de género fluido: a veces se identifica con el género masculino; otras veces con el femenino, y otras como una combinación de ambos. Por recomendación de su psicóloga, crea un blog anónimo para hacer frente al bullying de sus compañeros de secundaria y a la tensión de tener que vivir en un hogar en el que su padre es congresista de uno de los estados más conservadores de EEUU. Cuando Jim Vickers, el chico que hostiga públicamente a Riley en la escuela y anónimamente en la web, se entera que Riley escribe el blog, lo viraliza y desata una tormenta de atención de los medios que pone en peligro su anonimato, la verdad sobre su género que mantenía oculto ante todos, y la campaña de reelección de su padre.
Si bien Garvin no arriesga en la forma, pues recurre a fórmulas narrativas de probado éxito para captar el mercado al que se dirige, es sin duda un innovador en la literatura juvenil por el tema que explora en su novela. Aunque a veces hay un tufillo de maniqueísmo y rasgos estereotipados en la construcción de los personajes antagonistas, me quedo con Riley, tal vez su mayor acierto. Logra un personaje tan complejo, emotivo y real, que es imposible no identificarse, más allá de que su género sea masculino o femenino, dato que en un principio se omite para enganchar, pero con el pasar de las páginas se vuelve intrascendente ante la profundidad de Riley. En suma, una novela necesaria por su temática, pero insuficiente por su tratamiento literario.



