Crítica

Una mirada a la vida y obra del poeta Jotamario Arbeláez

Nominado a los premios India Catalina 2025 en la categoría de Mejor Producción Periodística, el documental titulado Mi reino por este mundo, realizado por Gildardo Arango y Telepacífico,  elabora  una rigurosa reconstrucción de la vida y obra del poeta, columnista y publicista Jotamario Arbeláez. Grabado en Cali, Bogotá y Villa de Leyva, lugares significativos dentro del conjunto de su obra, el documental sumerge al espectador en detalles, datos y revelaciones de quien es, hasta hoy, una de las más insignes figuras del nadaísmo.

Por: Alejandro Alzate

Jotamario Arbeláez, publicista, periodista y poeta colombiano. Foto: Hernando Toro.
Jotamario Arbeláez, publicista, periodista y poeta colombiano.
Foto: Hernando Toro.

Durante una hora, Mi reino por este mundo revive las nostalgias, anécdotas y tensiones del pasado literario colombiano. En ese sentido, la figura tutelar de Jotamario Arbeláez es el eslabón que permite, tanto el salto al pasado como la reflexión en torno a la compleja reconfiguración de la poesía nacional acontecida entre 1960 y 1970, momento cuando se produjeron, en distintos ámbitos literarios, rupturas que pretendían resquebrajar la presencia asfixiante de Gabriel García Márquez.

Volver la mirada sobre la vida y obra de Arbeláez implica enfrentar  —aceptar o disentir— un hecho indiscutible: hacia la primera mitad del siglo XX la cultura nacional estaba abriéndose espacio a una renovación que, si por un lado  temía el establecimiento conservador, por otro pretendían afanosamente las nuevas generaciones de artistas que no se sentían representadas por los ídolos del establecimiento: Guillermo León Valencia, Eduardo Carranza y José Asunción Silva, entre un largo etcétera.

…poesía, vida y obra dejan su testimonio en esta apuesta documental; sin duda, un valioso insumo para conocer nuestra historia literaria y, cómo no, volverla a repetir.

Parte del acierto del documental reside en el mostrar y no en el ponderar; es decir, el punto más alto se produce una vez que se evidencia la gesta del hombre iconoclasta más que la del poeta consagrado. El primero sigue reivindicando la nada genial y auténtica. El segundo, a su vez,  rememora su gesta creativa sin caer en las vanidades que podría suponer una trayectoria plagada de reconocimientos y homenajes. Mientras el primero se sigue considerando un explorador de palabras, el segundo evita las categorizaciones y esquematismos, siempre odiosos y legitimadores del poder de los monopolios culturales. Jotamario Arbeláez sigue siendo fiel a la máxima que instauró hace más de medio siglo Gonzálo Arango: “La literatura no es un oficio, sino un ocio“. Desde ese lugar, desde esa forma de relacionarse con la palabra, va quedando claro que lo importante para este caleño

— hijo del barrio Obrero—  ha sido siempre consolidar una nueva forma de vivir, habitar y sentir la escritura en tanto experiencia artística.

Cabe resaltar que el tributo a la nada que fundamentó el espíritu nadaísta se constituyó, y sigue constituyendo aun hoy, en una peculiar manera de secularización literaria; es decir, en la medida en que la poesía deja de sacralizar la tradición en sí se abren nuevas rutas, pruebas y formas que conllevan a su revitalización, a su pervivencia en el tiempo y a su resistencia frente a los embates que promueven los medios y el infotainment.

A modo de coda, resta mencionar que poesía, vida y obra dejan su testimonio en esta apuesta documental; sin duda, un valioso insumo para conocer nuestra historia literaria y, cómo no, volverla a repetir.

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