Una lectura crítica al mundo literario desde la mirada de Carmiña Navia
El pasado 11 de septiembre, en el marco del festival Oiga, Mire, Lea, se presentó el libro Silencios y ciudades en el mundo literario, de la reconocida investigadora y escritora Carmiña Navia Velasco, quien conversó con el profesor Darío Henao Restrepo, director de la Escuela de Estudios Literarios de Univalle.
Por: Kelly Vanessa Bravo Salazar
Estudiante de Geografía, Univalle

El encuentro convocó a un público diverso de estudiantes, docentes, escritores y lectores que acudieron para escuchar las reflexiones de dos grandes académicos sobre la relación entre literatura, memoria y ciudad, así como el lugar que históricamente han ocupado —y se les ha negado ocupar— las mujeres en las letras latinoamericanas.
Uno de los ejes centrales de la conversación giró en torno al boom latinoamericano, fenómeno editorial y literario de las décadas de 1960 y 1970 que catapultó a la escena internacional a autores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Julio Cortázar. El profesor Henao destacó cómo este movimiento fue leído como una explosión creativa sin precedentes, pero también planteó una pregunta clave: ¿quiénes quedaron por fuera de esa narrativa triunfalista?
Por su parte, Carmiña Navia subrayó que el boom estuvo marcado por un silencio estructural sobre las mujeres escritoras. Mientras los grandes nombres masculinos recorrían editoriales europeas y obtenían visibilidad mediática, las escritoras latinoamericanas debían enfrentar la falta de interés editorial y la casi nula promoción en los medios de comunicación. A pesar de la potencia de sus obras, muchas quedaron relegadas a circuitos marginales.
Navia recordó que, ya desde mediados del siglo XIX, las escritoras publicaban, aunque en condiciones desiguales. “Se publicaba poco y se leía poco”, señaló, explicando que solo hacia los años 50 del siglo XX comienza una expansión más notoria de las editoriales y, con ello, una mayor circulación de textos de autoras. Sin embargo, ese crecimiento no implicó necesariamente un reconocimiento equitativo frente a sus pares masculinos.
En este punto, Henao introdujo la noción de las ciudades como espacios de representación literaria, planteando que los relatos urbanos del boom —Buenos Aires en Cortázar— respondían a una visión masculina de la modernidad latinoamericana. En contraste, las escritoras proponían otras narrativas: más íntimas, ligadas a lo doméstico, al exilio, a los cuerpos y a la experiencia cotidiana en las ciudades.
El diálogo entre Navia y Henao giró hacia la idea de que los silencios literarios no son ausencia absoluta, sino huellas que la crítica debe aprender a leer. En el libro Silencios y ciudades en el mundo literario, Navia propone una revisión que no se queda en la constatación de lo que se omitió, sino que invita a reconstruir esas memorias y hacer visibles las voces relegadas.
En este marco, Navia evocó a autoras como Rosario Castellanos, Claribel Alegría y Elena Poniatowska, quienes, pese a la invisibilización editorial, lograron forjar proyectos literarios consistentes que hoy resultan imprescindibles para comprender la literatura latinoamericana en su complejidad.
En el libro Silencios y ciudades en el mundo literario, Navia propone una revisión que no se queda en la constatación de lo que se omitió, sino que invita a reconstruir esas memorias y hacer visibles las voces relegadas.
La Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero, a través del programa Oiga, Mire, Lea, se ha consolidado como un escenario que promueve la lectura crítica y la circulación de saberes en el suroccidente colombiano. Esta presentación se inscribió en esa tradición, ofreciendo un espacio de encuentro entre la comunidad y los investigadores.
El auditorio se convirtió en una especie de laboratorio vivo: los asistentes interpelaban a los ponentes, cuestionaban las omisiones históricas y compartían sus propias lecturas. Como señaló un estudiante durante la ronda de preguntas, “hablar de silencios en la literatura es también hablar de la historia social de nuestros países, de quiénes han tenido voz y quiénes no”.
La presentación de Silencios y ciudades en el mundo literario no se limitó a una lectura académica; fue, ante todo, una invitación a pensar la literatura como campo de disputa simbólica. Navia y Henao recordaron que las ciudades son escenarios de poder donde se deciden qué memorias se preservan y cuáles se ocultan, qué autores se exaltan y cuáles se olvidan.

Al cerrar el evento, ambos coincidieron en la urgencia de ampliar el canon literario para incluir las voces silenciadas de mujeres, escritores afrodescendientes e indígenas, y de aquellos que narran la ciudad desde márgenes que históricamente han sido invisibilizados.
El diálogo de Carmiña Navia y Darío Henao fue más que una presentación de un libro: se trató de un acto de memoria y justicia literaria. Al revisar críticamente el boom latinoamericano, no solo se resaltó la grandeza de sus exponentes, sino también las deudas que aún tiene la crítica con quienes fueron callados.
En un mundo literario que todavía reproduce desigualdades, reflexiones como las de Navia y Henao resultan imprescindibles para repensar no solo las ciudades narradas, sino también las ciudades que habitamos. Porque, como quedó claro en el auditorio aquella tarde, los silencios también hablan, y la literatura tiene la responsabilidad de escucharlos.



