Una historia que traspasa los límites de la pantalla
Bebé Reno es una de las últimas series lanzadas por Netflix que ha generado una ola de comentarios y controversias. El hecho de estar basada en acontecimientos reales ocurridos al creador y protagonista, Richard Gadd, la hace cercana para sus espectadores. Capa tras capa, esta serie desnuda los demonios de una sociedad cada vez más comunicada, en la que los individuos se sienten aislados y vacíos.
Título: Bebé Reno (Baby Reindeer)
Dirección: Weronika Tofilska y Josephine Bornebusch
Guionista: Richard Gadd
Duración: 7 capítulos
Por: Jessica Hurtado Carvajal
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

La primera palabra que viene a la mente de los espectadores de la serie Baby Reindeer (oBebé Reno para Latinoamérica)es perturbadora.Y la verdad es que no hay una mejor forma de describirla. Cada una de sus escenas está cargada de tensión. La narración en off del protagonista va llevando a través de una maraña de acontecimientos que desembocan en lo evidente, y que, sin embargo, asusta: el acoso.
Este tópico, que ya ha sido explorado en otras producciones de la plataforma de streaming,está retratado, en este caso, desde todas las vertientes, ya que no solo se presenta el punto de vista de la víctima, sino que también se adentra en las motivaciones de la acosadora. Y es que esto es, quizá, lo mejor logrado de la historia: el acercamiento a los personajes a partir de sus cualidades, defectos y obsesiones, por lo que ninguno de ellos es visto únicamente como bueno o malo, sino como un ser humano complejo. Uno que tiene debilidades, temores, traumas, necesidades y momentos de luz.
Lo primero que llama la atención de esta obra es la frase que aparece en la pantalla: “esta es una historia real”. Es así como, desde el principio, se establece un pacto con el espectador muy parecido al que ocurre cuando se lee no ficción: lo que verá a continuación no salió de la imaginación de un guionista, le ocurrió a alguien, y podría perfectamente pasarle a usted. Este recurso vuelve a ser utilizado cuando aparecen en la pantalla los mensajes enviados por la acosadora Martha Scott (Jessica Gunning), los cuales aparecen con errores de ortografía y redacción, como un elemento que caracteriza al personaje.
Y es que esto es, quizá, lo mejor logrado de la historia: el acercamiento a los personajes a partir de sus cualidades, defectos y obsesiones, por lo que ninguno de ellos es visto únicamente como bueno o malo, sino como un ser humano complejo. Uno que tiene debilidades, temores, traumas, necesidades y momentos de luz.
Volviendo a la historia, esta gira en torno a Donny Dunn (Richard Gadd), quien trabaja en un pub en Londres como camarero, pero aspira a convertirse en comediante y vive con la madre de su exnovia. Un día, mientras está trabajando, ingresa al bar una mujer desaliñada que despierta en Donny un sentimiento que él mismo describe como paternalista: lástima. Él le ofrece una taza de té gratuita y ese gesto, que podría parecer inocente, es el punto de partida de una relación que afectaría todos los aspectos de su vida.
La otra protagonista de este relato es Martha Scott, interpretada por Jessica Gunning, quien logra pasar, en pocos capítulos, de una mujer con aspectos triste, casi demacrado, a una persona que busca complacer y llamar la atención a como dé lugar, para terminar mostrando el lado oscuro de su personalidad. Lo interesante de este caso es que la mayor parte del tiempo Martha no es descrita como peligrosa, sino como alguien que necesita ayuda.
Otro personaje relevante en la trama es el de Teri (Nava Mau), que funciona como un elemento catalizador, la voz de la razón y también la consecuencia de un evento pasado. Su aparición permite ir develando acontecimientos de la vida de Donny que, poco a poco, le muestran al espectador aspectos de su carácter que resultan contradictorios.

Gracias a la cercanía con los personajes, a los recursos de ambientación y fotografía, así como a los temas tan actuales de los que se ocupa, muchos espectadores de la serie se han sentido identificados, hasta tal punto de querer ir más allá de lo que cuenta la serie. Es así como ha sido necesario que el protagonista Richard Gadd solicite a sus seguidores que no intenten conocer el nombre real de los personajes de la historia. Acción que puede resultar loable, pero, en el mundo de las redes sociales, pedir esto al público resulta un tanto ingenuo. Es así como las búsquedas han derivado en presuntos responsables, estas personas han recibido amenazas y se han visto obligados a renunciar a su trabajo o a denunciar a Netflix. Esta situación resulta paradójica, especialmente si se tiene en cuenta que los defensores de una víctima se están convirtiendo en los acosadores de otras personas, sin tener pruebas de su culpabilidad.
Después de ver los siete capítulos que esta serie, de mirar hacia atrás cada vez que vamos por las calles y cambiar la cerradura de la casa, solo queda concluir que la línea entre la vida pública y la privada es cada vez más difusa, y saber diferenciar entre la realidad y los efectos dramáticos no es fácil en un mundo que nos expone constantemente a las verdades inventadas por unos cuantos y legitimadas por muchos otros. Desarrollar un pensamiento crítico podría ser el único camino para ayudarnos a discernir la diferencia, así como a saber que un simple acto de compasión por otro ser humano es todo lo que se necesita para caer en el abismo.



