Una experiencia de ver La Quinta Dayana
El pasado cinco y seis de abril se presentó en el Teatro Univalle la obra La Quinta Dayana, del dramaturgo venezolano Elio Palencia, bajo la dirección de Sebasthían Iral Córdoba, estudiante de último año de la Facultad de Artes Integradas. A continuación, comparto mi experiencia de ver esta obra, que nos hace pensar sobre “el reto de hacerle lugar a las ideas del otro”.
Por: Manuela López de Mesa
Psicóloga

Foto: @srcalderoni, @calderoniart.
Sábado, cinco de la tarde. Una pareja cansada y afanada entra a la Universidad de Valle. Al parecer, él no cree en la propuesta que le hace su pareja para llegar más cerca al Teatro Univalle. Como recompensa del azar, se encuentran en el pasillo de los auditorios de la Facultad de Ingeniería a otra simpática y elegante pareja: niña con boina lila y una mujer que carga una bandeja tapada con papel aluminio.
— ¿Saben cuál es el Auditorio 4? —le pregunta la mujer mientras la niña orbita sus rodillas.
— El que está arriba, por esas escaleras— le respondo.
— ¿Y sabe cómo le puedo entregar esto a Sebasthían? Es la comida y se la tengo que pasar antes de que empiecen.
— No, lo siento, toca que suba y pregunte— le contesto al tiempo que nos alejamos y subimos.
Mientras hacen la fila para entrar a la sala, ven en el primer piso un plano cortado de piernas que se juntan, se abrazan y se marchan, son las escenas de las fotos familiares a la salida de los grados. Esperando en fila, vuelven a encontrarse con las elegantes niña de boina lila y la mujer, ahora sin bandeja. Le pregunto cómo le fue con el recado que ya no tiene y, sonriendo, nos explica orgullosa que es la mamá de Sebasthían y que hoy como ayer está para apoyarlo en lo que él necesite.

Foto: @srcalderoni, @calderoniart.
Sin saberlo, la “obra” ya había empezado, se encontraban en escena: el reto de hacerle lugar a las ideas del otro, el impulso que da la complicidad, la alegría por la realización ajena, la presencia que apalanca el crecimiento, y las posibilidades que puede tender el cuidado materno. De todo esto estuvo hecha La Quinta Dayana, además del cenit de un anhelo, de las decepciones que denuncian la otredad, del peso de la libertad y de lo que se puede, o no, alojar del otro.
Con un escenario bellamente elaborado, nos introdujeron en la casa que con esfuerzo Dayana (Chiara Patiño) compró para su mamá Mercedes (Valentina Sarmiento) y la abuela Maíta (Gabriela García). Con detalles que a todos nos son familiares, labraron lugares con las capas suficientes para darles su propio clima: un patio de ropas fresco para las verdades duras, un rincón para hamacar la ternura, una sala donde consentir que son familia, y un balcón donde expiar las decisiones. También, tuvieron la pericia de montar con sonidos y palabras una cuarta dimensión en donde había una alcoba para la lujuria y el olvido, una cocina para el confort, y una calle que recuerda la ilusión de un porvenir. Por su parte, ¡las actuaciones! Destaco a Dayana y a Maíta, mujeres enteras en las que no se asomó hiato alguno.
…el reto de hacerle lugar a las ideas del otro, el impulso que da la complicidad, la alegría por la realización ajena, la presencia que apalanca el crecimiento, y las posibilidades que puede tender el cuidado materno. De todo esto estuvo hecha La Quinta Dayana, además del cenit de un anhelo, de las decepciones que denuncian la otredad, del peso de la libertad y de lo que se puede, o no, alojar del otro.
La obra, como se imaginarán, no terminó cuando acabaron los aplausos enérgicos. En ese momento, subieron al escenario la niña de boina lila y la mujer que, sin dudarlo, se prendió de un abrazo al director parado en medio de la tarima; era su madre, su Maíta que llevaba los aborrajados con los que endulzaron el (des)encuentro familiar. “¡Una casa! ¿quién no sueña con una casa?”, proclamó Dayana para introducirnos en el entramado que teje las vicisitudes de ser-en-familia, la suya, que es la de todos. De una u otra forma, todos hemos vivido en un rincón de esa casa, hemos atravesado por una de sus conversaciones, y hemos tenido que ponerle el pecho a la vida con valentía, aceptando que se caigan muchas cosas para ver nacer otro lugar para nosotros mismos.

Foto: @srcalderoni, @calderoniart.



