Un ruido blanco: ¡una novela caleña!
Gustavo Bueno Rojas es una de las voces narrativas contemporáneas que ha venido construyendo una poética urbana centrada en la experiencia juvenil, la memoria afectiva y los conflictos íntimos que suponen la amistad y el deseo. Su escritura dialoga con tradiciones literarias locales, especialmente con la estela de narradores caleños, mientras explora las tensiones entre cuerpo, lenguaje y ciudad. En Un ruido blanco, este autor consolida una mirada narrativa que combina formación, riesgo emocional y reflexión sobre el oficio de escribir.
Por: Alejandro Alzate

Alejandro Alzate (AA): Cali aparece en la novela como un territorio reconocible y caminable. ¿Cómo trabajaste la ciudad? ¿Como escenario real, como mapa emocional o como una tradición literaria que dialoga con otras “Cali” ya escritas?
Gustavo Bueno Rojas (GBR): Cuando uno escribe sobre la ciudad tiene que pensarla desde todas las aristas que propones en la pregunta. La Cali que está en esta novela y en otras tiene que ver con mi mapa emocional, con el mapa de alguien que creció en el barrio Popular, una zona industrial de la ciudad cercana al barrio La Isla, que era un terreno vedado. La Cali que se presenta en esta novela tiene que ver con el Parque del Avión y el Parque del Chontaduro. Pero también están los ecos de la Cali que escribieron Caicedo y Valverde en su literatura, la que mostraron Mayolo y Luis Ospina en sus películas. Es decir, cuando construí esa Cali que aparece en esta novela, hay un bagaje de las Calis que he habitado, convirtiéndolas todas en una ciudad única. Esa Cali, por ejemplo, es muy diferente a la de mi primera novela, Cuentas del alma, porque tenía otras vivencias.
(AA): La presencia de Andrés Caicedo se siente como una sombra persistente. ¿Es un homenaje consciente, una filiación estética o una tensión inevitable al escribir sobre juventud, deseo y ciudad?
(GBR): Fue totalmente consciente, porque me pareció que enriquecía la historia. Obviamente, hay una relectura de su obra; esta fue necesario para poder hacer Un ruido blanco. Lo que no sé es si la presencia de Caicedo es homenaje o burla; lo que sí sé es que la figura suya es muy preponderante en el imaginario urbano de la ciudad. No obstante lo anterior, el personaje de Andrés Caicedo aparece en mi novela como un ruido blanco, como algo que fastidia, pero a lo que uno termina por acostumbrarse.
(AA): Martín desea convertirse en escritor, sin tener muchas herramientas, y ese anhelo atraviesa la novela. ¿Qué te interesaba explorar? ¿La vocación como destino, como obsesión o como forma de supervivencia frente al mundo?
(GBR): Más bien intentaba poner en Martín la falta de vocación. Sí quería reflexionar sobre la escritura y la literatura, esto es algo que me interesa. Soy profesor de Literatura y escribo, entonces es en algo en lo que pienso mucho. Para mí la escritura sigue siendo una de las formas de salvación y la literatura también. Esos personajes de la novela, todos, están metidos en el mundo de la literatura, pero tienen algo en particular y es que están en el mundo literario de la provincia. No tienen las posibilidades de los escritores que viven en una ciudad como Bogotá.
La Cali que está en esta novela y en otras tiene que ver con mi mapa emocional, con el mapa de alguien que creció en el barrio Popular, una zona industrial de la ciudad cercana al barrio La Isla, que era un terreno vedado. La Cali que se presenta en esta novela tiene que ver con el Parque del Avión y el Parque del Chontaduro. Pero también están los ecos de la Cali que escribieron Caicedo y Valverde en su literatura, la que mostraron Mayolo y Luis Ospina en sus películas.
En la Cali de esta novela, por ejemplo, no hay librerías, algo que sucedía en el momento cuando la escribí, que fue más o menos en el 2010. Ahora, afortunadamente, existen y hay editoriales independientes, hay un movimiento un poco más grande. La precariedad era un mundo que quería mostrar también en la historia. Para mí, la literatura también ha sido mi forma de supervivencia, de eso me he sostenido económicamente, bien sea dando clases, siendo escritor fantasma, corrector de estilo, editor o asesorando comunicaciones. Eso está en los personajes, especialmente en Juan Rojas, que es un tipo de clase media que no tiene las posibilidades de Mariana, que es millonaria, o de Isaza, que es de familia acomodada y pueden viajar a conocer el mundo de manera más fácil.
(AA): En el libro, el sexo circula con la misma intensidad que la escritura: ambos parecen contagiosos, virales. ¿Pensaste estos dos impulsos como lenguajes equivalentes de afirmación del yo y del cuerpo?
(GBR): Yo, en principio, quería hablar sobre el amor y el desamor, sobre la escritura y la muerte. Pero el sexo aparece y hace parte del amor y del desamor, del deseo. Sí creo que la escritura y el sexo se parecen en cuanto a que a mí me producen placer. Ambos placeres distintos, desde luego. Entonces estaban ahí y fueron saliendo. Luego aparecen otros temas que también tienen que ver con la muerte, por supuesto. Creo que eso no lo pensé tanto, pero cuando emergió, trabajé para que se sostuviera en la novela.

(AA): El suicidio aparece como una presencia latente, no solo como acto sino como atmósfera. ¿Cómo se construye narrativamente ese borde sin caer en la espectacularización ni en el silencio moral?
(GBR): La muerte es un tema que me interesa mucho literariamente. En todas las novelas que he escrito, dos publicadas y dos inéditas, la muerte está presente. El suicidio lo trabajé más como un duelo, que como el acto en sí. El que se muere, pienso, muerto está y la gente que rodea al difunto es la que tiene que vivir con su forma de muerte. El suicidio en nuestra sociedad sigue siendo como un estigma y, digamos, históricamente, los suicidas están en una especie de purgatorio. Entonces lo trabajé desde ese punto de vista sin caer, como dices, en esas dos márgenes, ni en lo moral ni en lo espectacular.
(AA): La traición entre amigos emerge y reaparece, casi como un movimiento inevitable. ¿Te interesaba mostrar la fragilidad de los vínculos en la juventud o más bien la imposibilidad de una lealtad absoluta?
Yo, en principio, quería hablar sobre el amor y el desamor, sobre la escritura y la muerte. Pero el sexo aparece y hace parte del amor y del desamor, del deseo. Sí creo que la escritura y el sexo se parecen en cuanto a que a mí me producen placer. Ambos placeres distintos, desde luego. Entonces estaban ahí y fueron saliendo.
(GBR): Me interesaba mostrar la vida, la amistad. Los personajes de esa novela son seres humanos con sus cosas buenas y no tan buenas. Las amistades se construyen sobre muchos pilares que a veces son frágiles y a veces no. Yo he tenido y tengo muy buenas amigas y amigos, he conservado amistades por años. A mí me parece que la amistad de Mariana, Martín y Juan es fuerte, que tiene un vínculo muy fuerte, pero es una amistad que está cumpliendo su ciclo y termina por disolverse. La novela es el relato de ese ciclo de amistad.
(AA): La novela puede leerse como una novela de época. ¿Qué marcas temporales te interesaba fijar: música, formas de sociabilidad, lenguaje, imaginarios de ciudad, modos de desear?
(GBR): Siempre me interesa mostrar mi barrio, los lugares de donde vengo. En ese sentido, sí puede leerse así. No me interesaba tanto mostrar la música, aunque cuando uno escribe sobre Cali, ella siempre está ahí. Me interesaba mostrar también los imaginarios de la ciudad desde mi orilla, desde la óptica de un escritor que nació en el Popular, como dije antes, que estudió en un colegio franciscano y en la Universidad del Valle, que vivió y estudió en Bogotá. Es decir, cuando escribo no pienso en esas formas, pienso más bien en la historia que quiero contar y eso, creo, me permite perfilar los rasgos de época, los imaginarios, etc.
(AA): Entre escritura, sexo, amistad, muerte y ciudad, el libro parece narrar una formación emocional más que intelectual. ¿Dirías que Un ruido blanco es, en el fondo, una novela sobre aprender a vivir —o a sobrevivir— antes que sobre aprender a escribir?
(GBR): Yo creo que puede ser una novela sobre muchas cosas. Hace un tiempo me invitaron a la Universidad Autónoma a hablar sobre la novela y un joven me dijo que había recordado todo lo que la novela decía sobre los ritos funerarios, mientras enterraba a su padre. Entonces no sé, ese tipo de cosas las dicen los lectores. Puede ser una novela sobre los duelos, como me dijo la escritora Alejandra Jaramillo cuando la leyó. Esta me parece una visión muy acertada. No obstante, algunos lectores me han dicho que les gustan las reflexiones que se hacen de la escritura y sobre la ciudad. En fin, yo me ocupé de la historia y los lectores y lectoras se han ido ocupando de las interpretaciones.
Yo me sigo sorprendiendo por el camino que ha tenido esta novela, que tuvo su primera versión en 2018 y luego una reedición en 2023. Aún hoy sigue recogiendo lectores. Ha sido leída en algunos colegios de Cali, lo cual siempre es grato. Un día recibí noticias de que estaba siendo leída en un colegio de Bucaramanga, entonces sigue haciendo su camino.



