Crítica

Un ensayo de luz para las sombras de la humanidad

Por: César Valencia Solanilla
Profesor Honorario de la Universidad Tecnológica de Pereira

Fernando Cruz Kronfly (1943), escritor colombiano. Foto: Tomada de silaba.com.co
Fernando Cruz Kronfly (1943), escritor colombiano.
Foto: Tomada de silaba.com.co

En una entrevista que le hicieron a Fernando Cruz Kronfly sobre su libro Humana luz en sombras (Premio Internacional Sial Pigmalión de Pensamiento y Ensayo, 2024), explicó que su libro se refiere a cómo el ser humano, a través del lenguaje, adquiere su singularidad respecto de los demás seres vivos animales, ya que la humanidad se da, precisamente, en el lenguaje simbólico. De igual manera, que quien se encarga de hacer humano al niño se llama la factoría antropológica, a través de la escuela, los padres, los parvularios, la vida social, la cultura. Y expresa enfáticamente: “El libro puede ayudar a entender a todos, sobre todo a los padres, qué es un ser humano. El animal humano se mimetiza porque el lenguaje le confiere una categoría distinta, lo distancia de la animalidad y le confiere trascendencia. Quien está sentado aquí: ¿el alma o el animal? El animal invisible del hombre, que lo acompaña a todas partes”. Estas lacónicas y sabias frases nos sirven para aproximarnos a la complejidad de la tarea de su obra, que es explicar, desde múltiples ángulos, la singularidad del ser humano en la historia desde el evolucionismo y el racionalismo filosófico, y una mirada crítica a las corrientes teosóficas monoteístas que simplifican la vida en nuestro planeta. Un recorrido ambicioso pero abarcable por la amplitud de su pensamiento como ensayista en el sentido pleno, es decir, del que expresa una opinión con ideas propias.

Este libro de Fernando Cruz Kronfly es uno de los más originales que ha publicado en su larga vida de autor de ensayos, novelas, cuentos, poemas, polémicas, crítica, en los que se ha ocupado de disciplinas diversas como la antropología cultural, la filosofía, la economía, el derecho, la literatura y la crítica literaria, en su incesante trabajo de intelectual integral, paralelo por cerca de cuarenta años al de profesor de tiempo completo de la Universidad del Valle, donde recibió hace ya varios lustros un doctorado honoris causa en literatura. Su originalidad es múltiple también: hay voluntad de transgredirlo todo, desde el objeto libro que estamos leyendo, que es un ensayo premiado internacionalmente ― eso dice el título de esta voluminosa obra de 464 páginas, sin espacios entre capítulos o partes, que no tiene ―, pues parece un compendio de pensamientos varios y complejos elaborados con cierta fascinante perplejidad; y su aparente disparatada estructura interna, hasta el lugar de la enunciación, que aflora en el diálogo declarado con las voces más importantes del pensamiento filosófico contemporáneo que puede cotejarse en la selecta bibliografía al final del libro. La obra está organizada en largos títulos en mayúscula continua que a veces son citas bibliográficas, para párrafos expositivos de variada extensión, muy sugestivos casi siempre; reiteraciones interminables en torno de ideas o conceptos básicos originales (categorías dirían algunos) como “factoría antropológica”, “especie humana”, “misión sombría”, “animal humano”, “imaginarios culturales”, “umbral”, “obstáculo epistemológico”, “umbrío”, “habla interior”, “espiritualidad lingüística”, “el sí mismo propio”, “transmigración de mundo”, “alteridad humana” y muchos más, que propician un encabalgamiento sugestivo en la lectura. Y ese despliegue conceptual formidable de un escritor lúcido que lo ha leído casi todo y que congrega múltiples saberes y febrilmente escribe en la “estación de trabajo en la cordillera”, que es su finca en las montañas de Buga.

Foto: Sílaba Editores.
Foto: Sílaba Editores.

Estamos, entonces, ante una obra mayor de un escritor mayor que, desde hace mucho tiempo, planteaba la necesidad de ser un “pesimista positivo” para explicar mejor al ser humano y al mundo contemporáneo, autor de esta gran requisitoria contra las frases hechas de la historia moderna, las injusticias sociales, las guerras, las hambrunas y la muerte violenta, el poder, las iglesias y las divinidades que gobiernan a los humanos. Y que lo hace con la sugestividad del ensayista, la sensibilidad del artista y el vuelo literario del narrador poeta que ha alcanzado y lo ha consagrado como uno de los más importantes escritores de la historia literaria colombiana contemporánea.

Una afirmación que puede resumir este gran esfuerzo intelectual para explicar al hombre y la historia y la historia del hombre es este subtítulo: “Se cierre ahora mismo sobre la humanidad, sobre el mismo planeta tierra y la totalidad de las especies vivas, la poderosa y aplastante consecuencia del trastorno ontológico infringido a la especie humana por la factoría antropológica” (p. 384), generado por un sujeto humano plural no identificado sino mimetizado en las ciencias, la ingeniería, la tecnología, la inteligencia artificial, las finanzas, la administración y la gerencia, como lo afirma el autor en una especie de llamado sin esperanza por la invisibilidad del sujeto humano en el mundo globalizado, en el mundo de las corporaciones internacionales dueñas de la economía, de las ciudades, de los mares, de las selvas, los ríos y hasta el mismo aire que respiramos. Y ofrece un ejemplo escabroso de la suerte que nos espera, haciendo referencia a la horrenda pesadilla de la guerra, que hoy pareciera lejana, pero que nos sigue inundando día a día en sus temores e insensateces: “El mundo de Auschwitz también fue así: un horno para quemar gente humana inocente, considerada inservible por los imaginarios espirituales eugenésicos nazis. La amenaza que se cierne sobre la humanidad no viene de la animalidad humana, sino de las creencias espirituales imaginarias del progreso, el desarrollo y el crecimiento exponencial” (p. 386).

Estamos, entonces, ante una obra mayor de un escritor mayor que, desde hace mucho tiempo, planteaba la necesidad de ser un “pesimista positivo” para explicar mejor al ser humano y al mundo contemporáneo, autor de esta gran requisitoria contra las frases hechas de la historia moderna, las injusticias sociales, las guerras, las hambrunas y la muerte violenta, el poder, las iglesias y las divinidades que gobiernan a los humanos.

Hay, entonces, un descreimiento radical frente al presente terrible que nos agobia, los dioses, el confort y del futuro deshumanizado que nos aguarda, muertas ya las utopías y enterrada, casi para siempre, la esperanza de un mundo mejor, ahora tan robótico, tan artificial, tan mentiroso y complaciente de la tecnología, diosa multiforme de la insensatez. Como si la metáfora del trabajo en la tierra cordillerana que Fernando tanto ama, el ensimismamiento responsable de estudiar y tratar de comprender con la escritura una realidad llena de nubes y barreras fueran ese punto de luz final que se va apagando con nuestra vida. Las sombras de la humanidad en claroscuro.

Pereira, 31 de octubre de 2024

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