Un domingo en la Filbo
La Feria del Libro de Bogotá es el evento literario más importante del año en Colombia. En él se reúnen autores de diversos países del mundo y es la oportunidad perfecta para conocerlos y acercarnos a sus obras. En esta edición, la número 34, el país invitado fue Brasil y estuvo dedicada a la celebración de los cien años de publicación de La Vorágine de José Eustasio Rivera.
Por: Jessica Hurtado Carvajal
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Eran las once de la mañana cuando llegamos a Corferias. La fila de los que compraron las entradas por internet era larga, pero avanzaba rápido. Como novata en la feria, decidí seguir a mis amigos a través de los pabellones, pero pronto me perdí en un mundo de libros, letreros de 3 X 2, puestos de comida, niños que escuchaban cuentos narrados por personas disfrazadas y padres que corrían tras ellos para no perderlos en el tumulto. Entonces lo recordé: era domingo, el único día en que las familias bogotanas escapan del caos cotidiano y se obligan a encontrar un plan que se ajuste a la medida de una semana llena de responsabilidades.
Como suele ocurrir cuando voy a una librería, con mayor razón dada la cantidad disponible, no me alcanzó el tiempo para ver todo lo que hubiera querido y demasiado pronto me vi frente al mapa buscando el lugar donde iba a presentarse una de las invitadas de honor de la feria. La charla “Todos estamos locos”, entre la escritora española Rosa Montero y la periodista colombiana Amalia Andrade, tendría lugar a la una de la tarde, pero, como es habitual, era necesario empezar a hacer fila por lo menos una hora antes. Mientras caminaba hacia allá, otra fila me sorprendió especialmente: la de las firmas del escritor Mario Mendoza. Y es que, dos horas antes del evento, estaba ya formada una fila de seguidores que, sin importar la lluvia, esperaban por un autógrafo del escritor más vendido de la feria.
Una vez iniciada la conversación, Rosa Montero habló de lo habituales que son las rarezas en los seres humanos y de lo poco realista que es aspirar a la normalidad. En este sentido, y haciendo alusión a su libro El peligro de estar cuerda, comentó que desde que inició la época de la industrialización, es decir, hace unos dos siglos, se ha instaurado una estigmatización sistemática de la locura. Además, recordó que una rareza solo se convierte en patología cuando te quita la libertad, cuando te hace daño.
A su vez, Amalia Andrade dijo que la sociedad está obsesionada por sancionar la otredad, por aislar al que considera diferente y que, especialmente desde el término de la pandemia causada por el Covid 19, tenemos una necesidad por recuperar eso que entendemos como normal.
La conclusión natural del diálogo fue que, en la actualidad, las emociones son tratadas como un elemento biodegradable con el fin de contenerlas en un molde, de instaurar la normalidad como lo preferible, sin tener en cuenta que es una más de las convenciones que, como sociedad, hemos creados para contenernos. Es así como una estafa legitimada y extendida logra que cada día tengamos menos esperanza en el futuro, que nos conformemos con el miedo.
…Rosa Montero habló de lo habituales que son las rarezas en los seres humanos y de lo poco realista que es aspirar a la normalidad. (…) comentó que desde que inició la época de la industrialización se ha instaurado una estigmatización sistemática de la locura. Además, recordó que una rareza solo se convierte en patología cuando te quita la libertad, cuando te hace daño.
A continuación, y para no perder el tiempo, me dirigí a la siguiente charla. Esta vez se trataba de una entrevista a la autora de un libro que ha dado mucho de qué hablar últimamente: Esta herida llena de peces. Su nombre es Lorena Salazar Masso y, en esta oportunidad, estaba lanzando su última novela llamada Maldeniña, la historia de una niña que vive en un pueblo olvidado, como tantos otros, y que se ve obligada a asumir responsabilidades impropias para su edad. Quizá, dicho así, parezca un relato común, pero, contada con la prosa poética a la que ya nos tiene acostumbrados su autora es, sin duda, una mirada profunda a las desigualdades que atraviesan este país.
La autora comentó acerca de lo que diferencia esta novela de la anterior. Y es que Esta herida llena de peces surgió como el producto de su maestría en escritura creativa, por lo que es una muestra de los lugares en los que ha vivido y de los temas que le obsesionan: la exaltación a la naturaleza, la relación madre e hijo, el abandono del Estado a ciertas zonas de la geografía nacional, el paro como instrumento del pueblo para exigir sus derechos, la desidia de la sociedad, y la violencia y discriminación que, aún hoy, persisten. En Maldeniña, sin embargo, se observa una intención de Salazar Masso por crear una voz propia, un estilo particular. En por ello que en la historia está presente la eterna dicotomía entre la niñez y la vejez, así como entre la alegría y la tristeza.

Foto: Tomada del Facebook de la Filbo.
Asimismo, hace un acercamiento a los personajes típicos de la mayoría de pueblos colombianos y de los que se sabe muy poco. Figuras que conservan el humor en medio de las tragedias cotidianas como el conductor de camión, la cocinera o el loco del pueblo. Algo interesante sobre lo que se hizo énfasis en la conversación es que, en la novela, los “locos” del pueblo se defienden con un palo, mientras que las “locas” lo hacen con la palabra. Por último, se habló de la escritura como el resultado de una serie de conversaciones pasadas y no como el ejercicio solitario que siempre se ha pensado.
En cuanto a las preguntas del público, una en especial llamó mi atención porque me pareció muy pertinente y fue la apreciación de una lectora que decía haber encontrado cavilaciones de Isa, la niña protagonista, poco verosímiles para alguien de su edad y condición. Esta pudo haber sido la oportunidad para que la autora agradeciera el ejercicio cuidadoso de la lectora y prometiera reflexionar en ese sentido. Sin embargo, decidió defender la obra diciendo que ella misma había tenido ese tipo de pensamientos durante su infancia en Quibdó. Esta respuesta me hizo cuestionar acerca de cuántas veces interpretamos el mundo a través de nuestra propia experiencia privilegiada y en la dificultad de cualquiera, incluyendo a los escritores, para ponerse en el lugar del otro.
Para terminar el día de la mejor forma, me dirigí al evento que llevaba tiempo esperando. Se trataba de una conversación entre Matías Godoy, autor del libro Pan y Paciencia (2023) y Juan Sebastián Cárdenas, escritor de la novela Zumbido (2010), moderada por Laura Ortiz, la autora del libro de cuentos Sofoco (2010). Digo que estaba esperando este evento porque hace poco leí el libro Pan y Paciencia junto a los mismos amigos con los que asistí a los conversatorios. Esta lectura conjunta nos permitió identificar detalles de la novela que la hacen un gran descubrimiento. Es así como el diálogo con su autor fue de suma importancia para confrontar las conclusiones a las que habíamos llegado.

Foto: Jessica Hurtado Carvajal.
He de decir, en este punto, que no he leído la obra del escritor payanés Juan Sebastián Cárdenas, por lo que obligatoriamente me centraré en lo que conozco. Para empezar, Laura Ortiz hizo una presentación de la historia de Pan y Paciencia y de la forma en la que este libro viene a redefinir lo que conocemos como colombiano, mediante la creación de un diálogo entre los habitantes de una Subachoque imaginaria, que combina el ritmo, la música y la rapidez del habla campesina, tan difícil de lograr, sin caer en la caricatura, creando la sensación de que esta es la forma en la que se habla, aunque no necesariamente sea así.
Mas adelante, Godoy habló de su escritura desde otros lugares y de cómo construyó la obra mientras vivía en Egipto. Explicó que fue, precisamente, este distanciamiento el que le permitió recrear los lugares y sonidos de su infancia, ya que su familia pasaba las vacaciones en la zona. Además, el hecho de tener lejos a los críticos imaginarios le ayudó a sentirse libre durante el acto creativo.
Asimismo, el autor habló de su intención de mostrar cómo la construcción de los prejuicios en Colombia ha sido clínica, lo cual ha contribuido a que la guerra se construya a partir de narraciones. Teniendo esto en mente creó al Obispo de Duitama, un personaje que intenta por todos los medios evitar la guerra echando cuento o, lo que es lo mismo, utilizando la mentira como dispositivo político. De esta manera, el Obispo no representa al dogma; todo lo contrario. Es un personaje que, por un lado, está lleno de prejuicios hacia los habitantes del pueblo y, por el otro, cree tener la superioridad intelectual para intervenir con la palabra y decidir sobre el relato de los otros. Esta percepción de pequeños dioses creadores que tienen —tenemos— la mayoría de escritores, así como muchos políticos, es cuestionada a través del Obispo de Duitama, quien verá cómo el tablero de ajedrez, que tan cuidadosamente había dispuesto en su cabeza, se viene abajo.

Foto: Jessica Hurtado Carvajal.



