Crónica

Un domingo a la tardecita en Cali en el parque de La Alameda

Por: Alberto Bejarano

Parque Alameda, Cali.
Foto: elpais.com.co

Hoy es día de la madre. La gente viene a vacilar con las luces de neón, de día, con la sensación de la noche pasada/pesada encima. “Ay, caserita, no te acuestes a dormir sin comerte un cucurucho de maní, cuando la tarde sola está…”. Pero no está sola la tarde, hay familias de varias edades bailando el son en Bamba y son en el parque de La Alameda. A las cuatro de la tarde se baila también el son. Como si estuviéramos en el viejo San Juan, como si no existiera la luz exterior, como si la rumba no tuviera fin. Las parejas bailan animadas, gente de la vieja guardia, de la vieja escuela, mientras el DJ se desepereza poniendo un tribilin cantore. En Cali nunca me siento de paso ni extranjero. Pocas veces no me siento extranjero. En lengua de señas alguien traduce un I like to live in América en una acera fuera de la Plaza de La Alameda. Como fugas de compás, al compás de Piper Pimienta, como un recorte de cielo de gatos. Escribo con los ojos puestos en los seres alelados que hablan solos… ¿Qué sentirán ellos, los que son sordos y en la ciudad del bochinche, con la salsa en plena, solo repican hacia dentro? Dentro. Replican. La esquina del movimiento me traduce. Llueve Willie Rosario. Gentle rain too Ricardo Ray.

Acá se puede resucitar cada domingo, siempre y cuando el santo y seña sea: en el nombre del mambo, de la rumba y del cha cha chá…y suena la pachanga, es un baile para apretar…en Cali el boogaloo y la pachanga están más vivas que nunca…viene la bomba y la plena con Maelo y Cortijo, “yo no quiero Piedras en el camino…”

Las luces de discoteca de los setenta nos hacen sentir que Héctor Lavoe, Ismael Rivera y Joe Arroyo van a entrar por esa puerta a estas escaleras del segundo piso en cualquier momento. Las luces rojas azules verdes amarillas marean hasta de lado. Va llegando más gente. Afuera uno presiente que todavía es de día. A veces su cuela un chucu chucu, son paisa que odiaba con razón Andrés Caicedo. En ese instante los bailadores se alejan un rato…y llegan los mariachis a cantarle a las madres “Esclavo y amo” de Javier Solis…luego vuelve la salsa, el grupo Niche, la canoa rancha. Acá se puede resucitar cada domingo, siempre y cuando el santo y seña sea: en el nombre del mambo, de la rumba y del cha cha chá…y suena la pachanga, es un baile para apretar…en Cali el boogaloo y la pachanga están más vivas que nunca…viene la bomba y la plena con Maelo y Cortijo, “yo no quiero Piedras en el camino…”.

Alguna vez vi una pareja bailando en una feria de Cali en el Bulevar del Río, bailando Maelo, besándose con ese balanceo que pocos tienen y la gente gritaba, “¡cásense, cásense!”. La salsa no es sólo alegría, también lleva heridas por dentro. No quiero que anochezca tan pronto y se viene un popurrí de más chucu chucu, Los Melódicos, Billo’s, Pastor López, hasta un pedazoto del morrongo de Nelson y sus estrellas……nos cae un paso doble, ambiente de coperas, de otros mundos y se baja la cortina. Al otro día se lee en los titulares de prensa que ha sido el día con más riñas y muertes del año. Feliz día de la madre.

Esquina del tradicional parque Alameda.
Foto: elpais.com.co

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