¿Son las biopics la mejor forma de contar la vida de los artistas?
Back to Black es un largometraje dirigido por Sam Taylor-Jhonson y cuenta la vertiginosa vida y obra de la artista inglesa Amy Winehouse. Sin embargo, varios de los hechos relatados en la película distan de lo expresado anteriormente por familiares y amigos cercanos de Winehouse en el documental Amy (2015). Las biopics, al estar en pleno auge, constituyen un elemento que cabe cuestionar por la validez de la narración que brindan al contar la vida de una figura destacada.
Por: Sofia Londoño Galeano
Comunicadora social y periodista
Estudiante de Licenciatura en Lenguas Extranjeras, Univalle

Amy Winehouse, la londinense que sorprendió al mundo con su voz contralto y, sobre todo, con su jazz disruptivo y ecléctico que caló en los públicos más jóvenes, fue retratada por primera vez en la pantalla grande con la biopic Back to Black, que se estrenó el pasado 18 de abril en cines nacionales. El nombre del largometraje viene del segundo y último álbum publicado por Winehouse antes de su muerte. La directora Sam Taylor-Johnson retrata a Amy desde el drama y las complicaciones de su vida llena de adicciones, pero relega de forma continua su genio musical, manteniéndola como victimaria de su propio destino. Esta película abre el debate eterno acerca de la pertinencia de las biopics para contar la vida de personajes destacados de la cultura pop y, especialmente, de la veracidad de lo que reproducen.
El director Asif Kapadia, con su documental Amy (2015), contó a través de las voces e imágenes de archivo de quienes fueron cercanos a la artista, una historia completamente diferente. Taylor-Johnson se encarga de glorificar la labor del padre de Winehouse, Mitch, haciéndolo ver como quien trata de ayudarla a salir de su crisis con las drogas; sin embargo, según el documental, la realidad distó bastante de esto. Según la versión de Kapadia, Mitch siempre trató de mantener a Amy en giras con fines lucrativos, incluso cuando atravesaba el punto más álgido de su adicción. El documental también narra con videos de la época, unas vacaciones en la que Winehouse, queriéndose alejar de la prensa que la tenía asediada, se retira con familia y amigos a una playa. Mitch llega con un crew de grabación para su propia serie televisiva en la que contaba cómo era ser el papá de una estrella de la música. En las imágenes se ve a Amy aturdida y desubicada por las acciones de su padre, que parecieran ser oportunistas y estar alejadas del cariño genuino.

Foto: pearlanddean.com
Otro punto crucial de la vida de Amy fue su relación con Blake Fielder, quien se convirtió en su esposo en 2007. Fielder, también adicto, según el documental, introdujo a Winehouse a nuevas adicciones que llevaron a la pareja a tener un afecto tóxico y codependiente que los llevó al divorcio en el 2009. La declaración de Fielder a través de su voz, que aparece en Amy, deja claro que su influencia en Winehouse no fue positiva; mientras que en Back to Black le resta responsabilidad, retratándolo como musa y eterno protector hasta que decide pedirle el divorcio. La muerte de Amy en la película de Taylor-Johnson llega después de un período de sobriedad, en el que descubre que su exesposo se convierte en padre, disparando su adicción, debido a que la maternidad fue un deseo constante durante su matrimonio. Es así como en Back to Black, Amy vive y muere de acuerdo al destino trazado por los dos hombres de su vida: su padre y su esposo.
Esta película abre el debate eterno acerca de la pertinencia de las biopics para contar la vida de personajes destacados de la cultura pop y, especialmente, de la veracidad de lo que reproducen.
En oposición, la película sí logra transmitir el sentir y pensar de Winehouse con respecto a la industria musical y sus referentes artísticos, ubicándola como una apasionada y purista que utilizaba la música para canalizar sus emociones. Esto se hace claro al momento de mostrar la grabación de Back to Black (2006) después de dos momentos clave para la creación de este álbum: la terminación de su relación con Fielder por primera vez y la muerte de su abuela, quien fue, quizás, la figura materna más importante de su vida. Así mismo, la actriz Marisa Abela retrata magistralmente la evolución física y vocal de la vida de Winehouse, cantando la mayor parte de las canciones con una increíble imitación de la voz y los movimientos de la artista real.
Ahora bien, las biopics como estas sirven para glorificar y recordar la vida y obra de los artistas; sin embargo, queda por preguntarse qué tan certera es la información que imparten en pantalla. Muchas veces el “basado en hechos de la vida real” es solo una excusa para crear una historia completamente distinta, como fue el caso de Blonde (2022) y la vida de Marilyn Monroe. En otras ocasiones, este tipo de películas sirve para hacer una recordación selectiva de los propios músicos y sus allegados, como es el caso de Rocketman (2019), Bohemian Rhapsody (2018) y Elvis (2022), que estuvieron atravesadas por las producciones de Elton John, además de la aprobación de los miembros de Queen y de la familia de Presley, respectivamente. Quizás, el efecto masivo de estos largometrajes se debe a que escogieron un concierto clave en la carrera de estos artistas como representación de la mezcla entre adversidad, demonios internos y talento inconmensurable. En el caso de Back to Black, a pesar de tener varios momentos en los que se retrata el performance de Amy en el escenario, no hay un concierto clave que referencie la magnitud de su talento, a pesar de su deterioro físico y mental.
Es necesario tener en cuenta que los ejemplos dados anteriormente estuvieron basados en carreras más estables y duraderas, mientras que el caso de Winehouse fue marcado por la vertiginosidad de su corta vida y, por ende, de su corta carrera artística. Su primer álbum, Frank (2003), el cual fue lanzado cuando solo tenía 19 años, fue reflejo de un genio que se asomaba y, sin duda, constituyó una antesala para Back to Black, que, al ser mucho más pop, convirtió su versión de jazz y soul en melodías de moda. Y aunque al consumir documentales sobre la vida de nuestros artistas favoritos podríamos pensar que estamos viendo la verdad de sus vidas, estos siguen siendo productos audiovisuales que construyen una narrativa de acuerdo a una visión singular. En ambas (biopics y documentales) es imposible contar historias completamente neutrales; sin embargo, los documentales basan su contenido en material de archivo y testimonios, lo que los hacen mucho más verosímiles, mientras que los biopics, cada vez más, parecen adueñarse de una historia para transfigurarla en lo que resulte más rentable.

Foto: Tomada de El Tiempo.



