Evento

“Si se reconcilia Cali, se reconcilia Colombia”

El primer día del segundo Foro de Educación La Tercera Orilla estuvo marcado por lo que su directora Betsimar Sepúlveda llamó “diálogos imposibles”. Y es que solo en este momento de la historia colombiana es posible reunir, en un mismo recinto, representantes tan dispares de la sociedad para conversar en torno a un tema que nos interesa a todos: la paz.

Por: Jessica Hurtado Carvajal
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

León Valencia, el padre Mauricio García Durán y Betsimar Sepúlveda. Foto: Jessica Hurtado Carvajal.
León Valencia, el padre Mauricio García Durán y Betsimar Sepúlveda.
Foto: Jessica Hurtado Carvajal.

La segunda edición del Foro de Educación La Tercera Orilla, por la Cultura, los Saberes y la Paz, tuvo lugar entre el cuatro y el seis de septiembre del presente año. Se celebró en distintos escenarios de la ciudad de Cali, como el Teatro Jorge Isaacs, el Centro Cultural Comfandi o la Plazoleta Banderas, y tuvo como objetivo reflexionar acerca de la paz desde diferentes puntos de vista. Para ello, se llevaron a cabo conferencias, conversaciones y presentaciones musicales que construyen una cultura ciudadana para reconocer a Cali como un escenario importante en el cambio que necesita Colombia.

Ahora bien, como casi todo en nuestro país, estos eventos estuvieron marcados por el azar. El primero de todos: un paro nacional de camioneros que dificultó la llegada de los panelistas y hasta de los organizadores del evento. El primer día del Foro, quizá el más esperado por la presencia de Diana Uribe, esa bogotana que habla de la historia como si de un cuento se tratara, empezó tarde y con la agenda alterada porque algunos invitados estaban atrapados en la recta Cali-Palmira. Ya había empezado la primera conversación entre León Valencia, politólogo, analista, escritor y ex guerrillero del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el padre Mauricio García Durán, director nacional del Doctorado en Estudios para la Paz realizado de forma colaborativa entre la Universidad del Valle y la Pontificia Universidad Javeriana Cali, cuando llegó Betsimar Sepúlveda, la directora del Foro. Tanto ella como Diana Uribe se vieron obligadas a hacer varios trasbordos en moto para llegar al teatro, pero estas incomodidades no impidieron que cumplieran su objetivo.

Tatiana Jacanamijoy, Nidia Góngora y Betsimar Sepúlveda. Foto: Jessica Hurtado Carvajal.
Tatiana Jacanamijoy, Nidia Góngora y Betsimar Sepúlveda.
Foto: Jessica Hurtado Carvajal.

En la segunda charla, ya menos accidentada, conversaron de forma amena Tatiana Jacanamijoy, una indígena Inga Kamëntsa del Alto Putumayo, nacida en el Valle de Kindi Kocha, “Laguna del Colibrí”, donde, según sus palabras, nace la selva amazónica, y Nidia Góngora, cantora tradicional, compositora, líder cultural y comunitaria del Pacífico. Su charla se trató de la importancia de sus respectivos territorios en la actualidad colombiana. Jacanamijoy estudió cine y es creadora de contenido en redessociales, que sirven como unaherramientaparavisibilizar su cultura. Góngora es fundadora de la agrupación musical Canalón de Timbiquí y voz líder de varias agrupaciones musicales. En el año 2019 fue nominada al Grammy Latino en la categoría de mejor disco folclor, y ha contribuido a que la música tradicional sea reconocida más allá de los confines de la región.

Por último, llegó la tan esperada intervención de Diana Uribe, que se centró en esos perdones que parecían imposibles y ocurrieron en países que, después de vivir guerras internas, lograron reponerse al horror y reconciliarse, no por haber olvidado los crímenes, sino porque entendieron que es la única forma de avanzar como sociedad. Entre otros, destacó el caso de Sudáfrica, en el que Nelson Mandela, después de pasar veintisiete años en la cárcel, renunció a la venganza para construir una nueva nación. Después, mencionó brevemente dos casos emblemáticos: el de Mujeres de Liberia Acción Masiva para la Paz, un movimiento femenino que trabajó por poner fin a la Segunda Guerra Civil Liberiana, y el caso irlandés, que se basó en la necesidad de recordar, renovar y reconciliarse para construir una paz verdadera. En este punto, puntualizó la deuda que tiene la sociedad colombiana con la búsqueda de la verdad, la reparación de las víctimas y el compromiso de todos los actores en la construcción de paz.

Más allá de los títulos de los panelistas y de lo dicho en las diferentes charlas, lo que me pareció fundamental de este primer día fue algo que dijo Betsimar Sepúlveda a modo de saludo: “Estas conversaciones de hoy, como muchas otras que se presentarían a lo largo de la semana, son una muestra de esos diálogos imposibles que empiezan a ocurrir en nuestro país. Y es que hace solo quince o veinte años hubiera resultado imposible presentar, en un mismo escenario, a un sacerdote jesuita y a un exguerrillero ateo”.

Diana Uribe. Foto: Jessica Hurtado Carvajal.
Diana Uribe.
Foto: Jessica Hurtado Carvajal.

Tampoco hubiera sido posible hacer la inauguración con una clase de tango al aire libre; terminar cada ciclo de presentaciones con un concierto de música colombiana; presentar en un evento cultural a una mujer que habla de los hechos históricos desde el punto de vista menos académico, centrándose en los relatos particulares y no en los héroes o fechas; poner a conversar a una indígena Inga KamëntsadelAltoPutumayo y a una cantaora del Pacifico; escuchar a un filósofo con nombre impronunciable hablar sobre el amor desde el mito y desde la filosofía o convocar a las madres y a los hijos para que cuenten sus experiencias en torno a la neurodivergencia.

Reconocer que esta diversidad de miradas, discursos y formatos enriquecen el camino hacia la reconciliación nacional en un país tan golpeado por la intolerancia y la violencia como Colombia, es el primer paso. Ver a la gente haciendo fila, a pesar del calor y del paro, y ver el teatro Jorge Isaacs lleno, es recuperar la esperanza porque el cambio en las prioridades está ocurriendo. Como dijo Diana Uribe al término de su intervención: “He visto a los caleños estar rotos y seguir avanzando, los he visto trabajar juntos para perdonar y reconciliarse, por eso estoy segura de que, si se reconcilia Cali, se reconcilia Colombia”.

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