Sembrando conocimiento: la huella de María Cristina Martínez Solís en la educación
En el marco de los 60 años de la Facultad de Humanidades, queremos destacar la labor de la profesora María Cristina Martínez Solís, una académica de renombre en la Universidad del Valle, reconocida por su contribución en la dinámica social enunciativa. Su formación la llevó de Colombia a París, donde amplió su perspectiva cultural y académica. De vuelta a Colombia, dedicó su vida a la docencia, la investigación y la dirección de importantes proyectos, dejando una huella profunda en la educación y en sus estudiantes.
Por: Mariana López Valenzuela y Andressa Nesi de Souza

Uno de los grandes dilemas que enfrentamos como seres humanos es la inconformidad con nuestros logros y el deseo de aprovechar al máximo cada oportunidad, enfrentando, a menudo, nuestros miedos. La profesora María Cristina representa este desafío, habiendo recorrido un camino lleno de retos y dejando una profunda huella en la comunidad académica.
La Universidad del Valle ha tenido el privilegio de contar entre sus filas con María Cristina Martínez Solís, reconocida mundialmente por su trabajo en la dinámica social enunciativa. Sin embargo, su prestigio no fue alcanzado de la noche a la mañana; para llegar a donde está, dedicó su vida a lo que más le apasionaba. Desde pequeña, experimentó una vida nómada debido a la profesión de su padre, un ingeniero agrónomo cuyo trabajo requería constantes traslados por el país. Entre cada mudanza, la profesora encontró amistades que le enseñaron sobre las distintas culturas y costumbres de las regiones que visitaba. Así, el mundo se le fue abriendo, y su mente se llenaba de historias que la preparaba para lo que le esperaba en el futuro.
Ese interés la llevó a iniciar sus estudios en febrero del año 1978 con la Licenciatura en Lenguas Modernas en la Universidad del Valle, donde se destacó por su disciplina y entusiasmo, y en 1982 completó su primer gran logro académico con una monografía sobre la enseñanza del español. Un año después, decidió continuar en su alma mater para estudiar una maestría en Lingüística y Español, mientras buscaba oportunidades que la llevasen aún más lejos. Fue en 1986 cuando, llena de expectativas, aplicó para una beca en la Embajada de Francia, deseosa de abrir sus horizontes hacia el mundo europeo.
Al ser aceptada, emprendió el viaje a París con nervios y emoción, sin saber que aquel entorno académico la transformaría para siempre. París la recibió con sus calles empedradas y un aire inspirado en siglos de historia intelectual. La profesora María Cristina ingresó en la Universidad de París XIII, donde se sumergió en una atmósfera en la que el conocimiento y el argumento eran los ejes centrales del pensamiento. Realizar su D.E.A. (Diplôme d’Études Approfondies), un requisito para el doctorado, fue un reto que, con gusto aceptó, ya que le apasionaba lo que estaba estudiando y fue una de las alumnas más destacadas. Su esfuerzo y su excelente desempeño la hicieron merecedora de otra beca para continuar sus estudios doctorales. En ese tiempo, París ya se había convertido en su segundo hogar, y el francés en una lengua que manejaba con la fluidez de quien la respira y la piensa.
Rodeada de tranquilidad, hoy la profesora María Cristina Martínez Solís se siente plena y satisfecha con su recorrido, siendo para muchos la memoria palpitante de la importancia de tomar las riendas de su destino, perseverar en los sueños para lograr su desarrollo personal y su potencial humano.
La experiencia en París fue un antes y un después en su vida, nutriendo su visión crítica y ampliando su perspectiva sobre el lenguaje y la comunicación. Gracias a ser una mujer decidida y receptiva a los consejos de sus maestros, la profesora María Cristina, con convicción, regresó a Colombia y decidió cosechar los frutos de su conocimiento.
Al reincorporarse a la Universidad del Valle, esta vez como profesora llena de conocimientos y con un deseo profundo de compartirlos a una nueva generación de estudiantes, se estableció como una referencia en su campo, no solo por sus aportes académicos, sino también por su trayectoria de vida, que es un recordatorio de la importancia de arriesgarse y aprovechar cada oportunidad. En 1991, inició esta nueva etapa, destacándose como una profesora comprometida con sus estudiantes, y muchos la recuerdan por sus consejos sobre la importancia de la perseverancia y el amor por el conocimiento. Su espíritu investigativo nunca paró desde entonces. Algunos de sus proyectos investigativos fueron: Evaluación de las dificultades de acceso a los niveles de comprensión textual en diferentes niveles de escolaridad; Incidencia de la perspectiva enunciativa y dialéctica en el mejoramiento de los procesos argumentativos en estudiantes de “contextos violentos”, y Análisis de la argumentación de estudiantes de educación básica con énfasis en humanidades y lengua castellana en los exámenes de calidad de la educación superior (ECAES). Cada investigación era una extensión de su deseo por mejorar la educación, y sus estudiantes solían comentar que, en sus clases, se respiraba la seriedad de su formación, combinada con un entusiasmo contagioso.

En el ámbito administrativo, también dejó una huella importante. Ocupó varios cargos, entre ellos la dirección de la Maestría en Lingüística y Español; la dirección del Grupo de Investigación en Textualidad y Cognición (GITEGLE); la dirección de la Especialización en Lectura y Escritura; la coordinación del Doctorado Interinstitucional en Educación con énfasis en Lenguaje y Educación, con la Universidad del Valle, Universidad Distrital y la Universidad Pedagógica; la coordinación académica del doctorado en Humanidades, Cohorte Análisis del Discurso, y la jefatura del Departamento de Lingüística y Filología.
Uno de sus logros más significativos fue convertirse en la primera directora general de la Red UNITWIN/Cátedra UNESCO para la Lectura y la Escritura en América Latina, un rol que le otorgó gran prestigio a la Universidad del Valle y a Colombia al ser la sede principal. Además de los 33 años en los cuales dio lo mejor de sí en sus clases, investigaciones y cargos, también dirigió los trabajos de grado de más de ciencuenta estudiantes de distintos grados académicos, dejando una marca en cada uno de ellos.
Actualmente, la profesora María Cristina sigue involucrada en varios proyectos, retomando el estudio del inglés, ya que domina el francés a la perfección, y pasando tiempo de calidad con su amada familia. Vive en la casa que construyó según siempre la imaginó: rodeada de naturaleza, escuchando el canto de los pájaros, disfrutando de las flores, especialmente las orquídeas, los árboles de su jardín, y sintiendo el arrullo del viento entre las hojas. Rodeada de tranquilidad, hoy la profesora María Cristina Martínez Solís se siente plena y satisfecha con su recorrido, siendo para muchos la memoria palpitante de la importancia de tomar las riendas de su destino, perseverar en los sueños para lograr su desarrollo personal y su potencial humano.




