Salud mental y suicidio de jóvenes en el siglo XXI
La familia, cambios en el cuerpo, expectativas sobre el proyecto de vida, nuevos discursos y construcción de la identidad, dispositivos digitales y las condiciones de vida son los grandes factores que influyen en la estabilidad mental y emocional de los jóvenes en el siglo XXI.
Por: Jorge E. Vélez Martínez

Foto: republica.com
Adriana Banguero Sánchez es egresada del pregrado y la maestría en Psicología de la Universidad del Valle. Trabajó durante una década con las comisarías de familia, en las universidades de Cali, ha trabajado más de dieciocho años con los servicios de bienestar y salud mental, y actualmente es jefe del Servicio Psicológico de la Universidad donde se formó. En entrevista con La Palabra nos informa en detalle sobre cada uno de aquellos factores que actualmente son base de la salud mental de los jóvenes.
Condiciones de vida
No se puede tener buena salud mental cuando las necesidades básicas están insatisfechas. Sin embargo, también se presentan problemas de afectaciones psicológicas muy complejas en personas que gozan de buenas condiciones socioeconómicas y, por el contrario, hay personas con condiciones de vida precarias que viven tranquilas.
Familia
Las familias están insertas en contextos culturales diversos. No es lo mismo una familia del Pacífico chocoano, una del Pacífico nariñense o de la región andina. También son muy distintas las condiciones socioeconómicas en las que viven. En cuanto a su composición, en Colombia, generalmente, están conformadas a partir de roles de género muy marcados.
La familia es el primer escenario en el que niños y jóvenes adquieren valores, hábitos, costumbres, y donde van formando su personalidad. Pero también es el lugar donde tienen sus primeros conflictos psicológicos y emocionales.
Sin embargo, se está presentando un problema alrededor de la autoridad en la familia. Actualmente a los padres les da miedo ser padres, es decir, corregir y guiar a sus hijos. Un grito, un pequeño golpe los hace malos padres e, incluso, delincuentes, según el Código del Menor y los discursos de la crianza respetuosa que se han malinterpretado.
Este vacío de autoridad cría desobedientes y abusivos. Los sujetos necesitan autoridad para construirse psíquicamente, su falta produce fragilidad emocional, poca capacidad para resolver problemas y una falsa percepción de la realidad, en sentido de creer merecer todo lo que quieran y todo se debe hacer como les parece.
El otro extremo es la sobreprotección. Esta anula al individuo como sujeto, impidiendo la estructuración y desarrollo de la personalidad. Si el individuo no se revela, no lucha por su independencia, queda sujeto a lo que los demás determinen de su vida.
En las familias, pues, se presentan abusos y violencias físicas, sexuales verbales y psicológicas (cada una de ellas abarca una gama altísima de fenómenos). Así, en ocasiones, la familia es causante de las enfermedades mentales de los jóvenes, incluso del suicidio.
Cambios en el cuerpo
Muchas veces la familia es el lugar donde se hiere a los jóvenes por su físico, deteriorándose la autoestima y salud mental. En esta etapa de la vida el cuerpo tiene cambios, y se aspira a cumplir los estándares y estereotipos de belleza impuestos por la sociedad.
Hay que distinguir entre factores de riesgo y detonantes. Los primeros son vivencias que trauman o trastornan, generando fragilidad emocional y mental. El detonante es la gota que rebosa el vaso, una situación cualquiera del diario vivir que genera malestar en la persona (como perder el empleo o estrellar el carro), y al no aguantar más, lo impulsa a suicidarse.
Hoy las redes sociales están bombardeando constantemente con cuerpos ideales. Estos modelos de belleza son una presión psicológica, los jóvenes consideran que para ser aceptados deben cumplir con esos estándares. No conseguirlo puede causar baja autoestima, depresión y problemas para relacionarse con otras personas y el mundo.
Dispositivos digitales
Los dispositivos digitales están generando una nueva configuración en las redes neuronales y afectando las capacidades cognitivas. Por ejemplo, las personas ya no necesitan generar mapas mentales de los espacios por los que se mueven, pues aplicaciones como Google Maps están reemplazando esa capacidad de ubicación en el espacio.
Uno de los cambios que trajeron aquellos dispositivos y que están generando problemas de salud mental en los jóvenes son las nuevas formas de comunicarse y relacionarse. Estos esperan que sus amigos o parejas les respondan de manera inmediata, por la capacidad de contactar rápidamente a las personas gracias a aplicaciones como WhatsApp.
La no respuesta inmediata les produce frustración, ansiedad y depresión. Pueden llegar pensamientos como que no quieren hablar con él o ella, que están siendo aislados de los planes de sus amistades o, incluso, que son una molestia para los demás.
Aquellos sentimientos también se están produciendo porque las redes sociales están difundiendo modelos de vida feliz (falsas, por cierto) y de éxito que son inalcanzables para la mayoría de las personas.
Otro elemento a destacar de los dispositivos digitales es que se han convertido en un refugio o escape ante situaciones o vidas desdichadas e infelices.
Durante la pandemia del Covid-19 se rompió el tiempo estándar de uso de estos aparatos, aumentando su dependencia. Esta situación afectó la arquitectura del sistema nervioso y los mecanismos de recompensa a nivel psicológico, generando comportamientos adictivos.
Además, la dependencia a los dispositivos digitales está produciendo generaciones de adolescentes y jóvenes adultos muy encerrados en sí mismos y con dificultades para relacionarse y socializar en el mundo real, deteriorando así la salud mental. Todo ello ha provocado alteraciones negativas en los delicados equilibrios de la estabilidad mental y emocional.
Expectativas sobre el proyecto de vida
Mediante los dispositivos digitales se han creado nuevos oficios u ocupaciones, como es el caso de los influencers, modelos de redes sociales o creadores de contenido. Muchos jóvenes aspiran a dedicarse y alcanzar éxito en tales actividades, pero no es nada fácil, y fracasar produce frustración y desesperación ante un futuro incierto.
Lo más común es que inmediatamente finalicen el bachillerato, se dediquen a trabajar, realizar estudios para aprender algún oficio o decidan salir del país. Si tienen que encontrar trabajo al finalizar aquella etapa, posiblemente vivirán frustrados y deprimidos.
Quienes optan por estudiar tampoco tienen fácil alcanzar o mantener cierta estabilidad mental y emocional. Hay casos de personas que, ante la dificultad de cumplir satisfactoriamente una tarea, piensan que van a perder la materia o el semestre, e incluso que serán expulsados de sus instituciones educativas por bajo rendimiento académico.
Esa condición de ansiedad genera una sobredimensión de los problemas, provocando escenarios de catástrofe e impidiendo una evaluación real de la situación y rompiendo con el delicado equilibrio emocional y mental.
Así, parte de la juventud está marcada por la presión psicológica ante las respuestas que deben dar a preguntas como: ¿Qué voy a hacer con mi vida? ¿A qué me quiero dedicar? ¿Dónde lo voy a hacer?

Foto: Ilustración de Rick Szuecs. Tomada de: christianitytoday.com
Nuevos discursos y construcción de la identidad
En la juventud también se define parte de la identidad. Los nuevos discursos, como los de identidad de género y orientación sexual, sobre el cuerpo, la familia, sobre ética y moral, juegan un papel relevante en ello. Pero son susceptibles de no asimilarse adecuadamente, generando conflictos psicológicos.
Esto ocurre especialmente con el discurso de género. Se están presentando casos de jóvenes que solicitan orientación psicológica porque un día se sienten como mujeres y al otro como hombres, y esa inestabilidad en la identidad de género es un problema psicológico que afecta la estabilidad y salud mental.
Los discursos cambian rápidamente, no así la estructura social y menos la de Colombia, donde el machismo y el conservadurismo están muy marcados. Para la mentalidad de los colombianos es muy difícil aceptar el discurso de la identidad de género y los padres no saben qué hacer, pero en esta situación muchos toman una posición nociva hacia sus hijos.
Otra afectación del cambio rápido de los discursos en la salud mental de los jóvenes es que les está causando sensación de vacío y ansiedad desbordada al ya no tener referentes sólidos de deber ser y el no saber qué hacer con sus vidas ante un futuro incierto.
Los nuevos discursos también generan la sensación de que los lazos familiares y personales son inestables, cambiantes, entonces no se tiene una red de apoyo sólida para los momentos críticos y de crisis.
Suicidio: factores de riesgo
Hay que distinguir entre factores de riesgo y detonantes. Los primeros son vivencias que trauman o trastornan, generando fragilidad emocional y mental. El detonante es la gota que rebosa el vaso, una situación cualquiera del diario vivir que genera malestar en la persona (como perder el empleo o estrellar el carro), y al no aguantar más, lo impulsa a suicidarse.
Los factores que conducen al suicidio se presentan en muchos niveles. Algunos de ellos son vivir abusos físicos, psicológicos o sexuales. Estas situaciones son de mayor gravedad cuando se dan en la niñez.
Otro factor de riesgo es haber sido diagnosticado a temprana edad con una enfermedad mental incapacitante, como trastorno depresivo o de ansiedad.
En quienes sufren depresión se instala la sensación de vacío que altera el juicio de los pensamientos, la tristeza lo permea todo y llega un momento en que el pesimismo conduce a no ver otra salida más que el suicidio.
La ansiedad es un temor excesivo al futuro, a lo que no ha sucedido todavía, Sentirse constantemente incapaz de responder a las expectativas impuestas por la familia o uno mismo, cumplir incluso con tareas o responsabilidades sencillas se convierte en un peso insoportable que puede conducir al suicidio.
El bullying o matoneo y el ciberacoso son fenómenos que afectan negativamente, en muy alto grado, la vulnerabilidad emocional de la niñez y juventud. Además, las nuevas generaciones tienden a agredir gracias al anonimato que les da las redes sociales. Si la persona agredida no tiene las herramientas para defenderse o nadie lo hace, posiblemente desarrolle tendencias a la autolesión.
Un último factor de riesgo a mencionar son las adicciones, sea a sustancias, a los videojuegos o al sexo. Aquello que causaba placer deja de ser gratificante cuando se genera un comportamiento adictivo. Es un impulso que ya no se puede controlar, y cuando el sistema nervioso se satura, la sensación de displacer ya no se puede desvanecer, pasando a dominar la depresión, la angustia y el desespero.
Recomendaciones
Lo mejor es obtener ayuda profesional. Pero a quienes no pueden o no quieren, se les recomienda que busquen buenos amigos o familiares que los apoyen y escuchen cuando entren en crisis. Si sufre de ansiedad social, que busquen su red de apoyo en personas a través de los grupos de redes sociales a partir de gustos compartidos. Hacer cosas que les guste. Obligarse a hacer ejercicio, a salir de casa. Aprender actividades nuevas, como bailes, deportes, artes, sin temor al cuestionamiento social, a la burla. Tratar de generar otro tipo de sensaciones viendo alguna serie, una película, escuchando música. Alimentarse con comida saludable y en los tiempos adecuados.
Si el dolor es muy fuerte, pide ayuda.



