Salman Rushdie: el deber sagrado de asesinar a un blasfemo
Salman Rushdie, escritor británico-estadounidense originario de la India, fue apuñalado en múltiples ocasiones el 12 de agosto del 2022. Los exuberantes relatos que componen su obra lo han puesto como blanco de críticas y persecuciones. Treinta y tres años después de su sentencia a muerte, el deber sagrado de asesinarlo fue efectuado, por fortuna, sin éxito. Nueve meses después el escritor reapareció públicamente para recibir el reconocimiento de PEN América. Pero ¿qué o quién lo condenó?
Por: Jhonedyer Henao Flórez
Sociólogo y estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: Richard Burbridge. Tomada de: newyorker.com
El 18 de mayo de 2023, Salman Rushdie se paró frente al público en la ceremonia de reconocimiento de la PEN América, fundación con sede en Estados Unidos a favor de la defensa de la libertad de expresión en la literatura. Este hecho podría parecer menor o rutinario en un escritor de renombre como él. Pero no. Fue un acto de valor y resistencia correspondido por un público generoso. Los asistentes al evento ovacionaron de forma estruendosa la presencia del escritor frente al atril, con la intensión clara de reverenciarlo. Este episodio pudo no haber existido si las cuchilladas que recibió Rushdie el año pasado hubieran consumado la condena a muerte. “Es bueno estar de regreso, a no estar de vuelta, porque también era una posibilidad”, dijo en su discurso. Por fortuna, el atacante no fue hábil y certero en su objetivo. Si bien la muerte no alcanzó al escritor, su cuerpo sí quedó marcado. Unos lentes bicolores advertían el ocultamiento de una de las marcas de aquel atentado: perdió uno de sus ojos. También la movilidad en una de las manos.
El día del ataque, Salman Rushdie tenía por propósito dialogar sobre la hibridez cultural de la imaginación en la literatura contemporánea. Nadie más idóneo para hablar del tema. Si algo caracteriza su literatura es la habilidad de escribir combinando categorías convencionales de la cultura occidental y la islámica, planteando diálogos en los que une o confronta el universo mitológico, político y religioso de ambas culturas. El medio por el cual le da forma a su obra tiene su germen en lo biográfico. Si bien usa la creatividad para plantear temas e historias, se basa en la amalgama formativa que adquirió al vivir en la cultura originaria de la que procede y su formación occidental en Reino Unido. Es por esto que, los valores presentes en la obra, pueden ser contradictorios. Quizá de ahí proviene la interpretación conflictiva que algunos sectores han hecho de su literatura.
Básicamente, la persecución que en términos superficiales ha sufrido el escritor viene de molestias que han sentido próceres políticos y religiosos. Por ejemplo, en Hijos de la medianoche (1981), la primera ministra de la India, Indira Gandhi, se sintió aludida por insinuaciones del escritor en las que se sugería que, con negligencia, la primera ministra habría permitido el asesinato de su esposo. Si algo hay que señalar es que Rushdie es experto en causar incendios con solo tres renglones, dado que la obra trata temas políticos, pero desde la generalidad y la ficción. De soslayo se tocan temas y nombres. Es así como plantea la historia de Saleem Sinai, quien nació en el momento exacto cuando la India alcanzó la independencia. La vida le obsequió dos particularidades: la primera, nacer a la media noche de un día trascendental para la historia de una nación; la segunda, poderes telepáticos. Para David Remnick, editor de The New Yorker, dijo que esta novela es una epopeya autobiográfica nacional de Bombay y el resurgimiento de la India en la poscolonialidad, dado que el protagonista usa sus poderes sobrenaturales para indagar en los problemas a los que se enfrenta su país en el resurgimiento y consolidación como Estado independiente. Sumado a esto, la magia, la exuberancia, la cotidianidad y la mitología componen una reflexión social. Desde estas mismas lógicas, pero desde su novela Vergüenza (1983), vuelve al ruedo de la controversia, pero ahora en Pakistán, donde expone la idea de un plan criminal con el cual el general Muhammad Zia-ul-Haq ejecuta a uno de los próceres de la independencia de ese país, Zulfikar Ali Bhutto.
El medio por el cual Rushdie le da forma a su obra tiene su germen en lo biográfico. Si bien usa la creatividad para plantear temas e historias, se basa en la amalgama formativa que adquirió al vivir en la cultura originaria de la que procede y su formación occidental en Reino Unido. Es por esto que, los valores presentes en la obra, pueden ser contradictorios. Quizá de ahí proviene la interpretación conflictiva que algunos sectores han hecho de su literatura.
“Nunca ha sido más importante luchar”, dijo el escritor en el discurso. Lo advierte, no solo por su caso, sino por el resurgimiento y consolidación de tendencias políticas en Occidente que atentan directamente contra la libertad de expresión. Es esta su batalla. Pensar, actuar, decir o escribir puede ser molesto. De allí viene su mayor controversia: la publicación de la novela Los versos satánicos (1988).Este es un escrito ficcional en el que los personajes son nombrados como diversas figuras importantes del Corán y, de forma satírica, desarrolla una obra, en parte, revisionista de los preceptos islámicos. Si bien esto no es el núcleo narrativo de la obra, sí funge como detonante para la condena a muerte del escritor.

Entre las influencias literarias de Rushdie se cuenta a Gabriel García Márquez. El escritor no siente reparo en reconocer al Nobel colombiano como pilar totémico de su obra. Sería un despropósito que no lo hiciera, puesto que la obra habla por sí sola del profundo impacto que la literatura de García Márquez ha tenido en él. Sin esta relación, muy probablemente su obra tendría otra forma material, en especial Hijos de la medianoche y Los versos satánicos. Al caracterizar el estilo literario de Salman Rushdie es pertinente hacer uso del realismo mágico. Esta acción propone, creo, un debate frente a la concepción de este estilo como forma orgánica e identitaria únicamente de América Latina. Brunner, en Tradicionalismo y modernidad en la cultura latinoamericana,afirma: “Se mira, se lee la cultura latinoamericana a través de Macondo, como un despliegue reverberante de contradicciones, anomalías, de fusiones entre lo viejo y lo nuevo, de incrustaciones y simultaneidad de tiempos históricos diversos, de presencia coetánea de elementos de muy diversos orígenes sociales y culturales”. Esta forma de asociación directa entre las bases del movimiento artístico y las representaciones del continente desembocan en la concepción del macondismo como una manera de autodefinirse como el otro, el que no es europeo ni norteamericano, como ese al que su vida le funciona desde la armónica relación entre lo exótico, lo irreal y lo cotidiano. Desde allí, el realismo mágico se romantizó como el relato por excelencia de la identidad latinoamericana.
Con el uso del realismo mágico por parte de Salman Rushdie se puede cuestionar la pertenencia del estilo únicamente a América Latina, porque el escritor pareciera legitimar esa función identitaria, pero en el islam desde la occidentalización de su formación, en donde las divisiones desde la idea del otro se consuman al enaltecer una cosmovisión mágica de la realidad, cuyos postulados de funcionamiento cósmico se alejan del principio racionalista, dado que la naturaleza indómita se da desde la ética religiosa, que en el caso de Latinoamérica, funcionó desde la raza.
Entre las influencias literarias de Rushdie se cuenta a Gabriel García Márquez. El escritor no siente reparo en reconocer al Nobel colombiano como pilar totémico de su obra. Sería un despropósito que no lo hiciera, puesto que la obra habla por sí sola del profundo impacto que la literatura de García Márquez ha tenido en él.
En este esquema, el realismo mágico se puede materializar en un lugar no específico geográficamente. En el caso de Salman Rushdie es más una lectura artística y performática de una realidad social que siente necesidades de adoptar imágenes de sí misma buscando el entendimiento y aprobación de la otredad, a partir de la resignificación de contextos históricos poscoloniales. Si bien el escritor expone una visión de su cultura, la propia India y el mundo islámico no la comparten, debido a que ese realismo mágico rushdiesano es la materialización particular de un ejercicio cognitivo y racional de un individuo y sus vivencias biográficas, que conllevan a la construcción de una identidad por parte del escritor por fuera de los intereses hegemónicos del islam. Este planteamiento es la clave para entender la persecución al escritor.
Dice Juan Gabriel Vásquez en La traducción del mundo (2023): “La forma es una manifestación de la relación que el novelista tiene con su materia, y esa relación no es solo literaria: es también moral”. Es decir: “Toda poética lleva implícita una ética”. Es así que los valores de Rushdie, como se señaló en párrafos anteriores, son contradictorios a los del mundo islámico. Desde ahí viene la persecución. Si bien su existencia fugitiva la desata los referentes religiosos en Los versos satánicos, el trasfondo persecutor estáentre líneas: la figuración del otro a partir de la forma en la poética materializada en claves del realismo mágico. En otras palabras, es la hibridez cultural de la imaginación en la literatura, esa de la que iba a hablar el día cuando lo apuñalaron, lo que lo convierte en enemigo de una fuerza que se opone a una definición cultural a partir de la exotización de la naturaleza indomable religiosa del islam.

Foto: Bryan Bedder/GETTY IMAGES/PEN AMERICA. Tomada de: rollingstone.com
A Rushdie esto le ha convertido su vida en una existencia fugitiva, que lo ha llevado a abrazar el miedo desde la dignidad y el valor. Se sabe perseguido, lo dejó claro en su discurso. Si bien no habla a nombre propio, sí deja claro que hay fuerzas que atentan contra la libertad. Su libertad. Perder la posibilidad de escribir lo que se quiera y como se quiera, es una acción que Salman Rusdie no se permitirá. Prefiere perder todo, hasta la vida, antes que abdicar frente a las fuerzas adversas a la forma de su poética. Así pues, evaluar a ciencia cierta qué ha perdido Rushdie en toda su trayectoria de escritor superaría la penosa suma de un ojo y los movimientos de la mano. Aunque en su aparición pública y en su discurso demostró calma, la tranquilidad es un estado que también ha perdido, no desde el atentado, sino desde cuando supo que la escritura sería la herramienta con la cual efectuaría su facultad de pensar, decir y actuar según su parecer. Muchos han dicho que ha perdido su libertad, pero creo que desde su literatura es de lo que más dispone y disfruta. Así lo dijo el mes de febrero pasado en una entrevista para The New Yorker, en la que argumenta que su escritura le permite ser libre y desafiar su entorno, incluso retar a la muerte.



