Rosemberg Sandoval: “El riesgo del cuerpo es mayor que el de un papelito”
Cruda y confrontativa, así es la obra del artista cartagüeño que el pasado diez de abril se presentó en el museo La Tertulia como parte de un ciclo que espera sacudir la ciudad. Hicieron falta sillas para albergar la avalancha de curiosos que desbordaron la cinemateca. Asistimos al conversatorio y a la exposición, y esto fue lo que vimos.
Por: Mayra Alejandra Acevedo García
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: Tomada del Facebook del museo La Tertulia.
Rosemberg Sandoval (1959) nació en Cartago, Valle del Cauca. Estudió en la Escuela de Bellas Artes y en la Universidad del Valle. Su obra se encuentra exhibida en museos, fundaciones y galerías de todo el mundo. Ha presentado en el Daros de Zúrich, el MoMA y el Halle Collection, en Arizona. También ha realizado un sinfín de exposiciones que lo han llevado a países como Italia, Suiza, República Checa y España. De igual modo, se lo ha visto en México, Brasil, Argentina, Venezuela y Ecuador.
En el auditorio se encontraban personas de todo tipo. Había estudiantes de la Universidad del Valle, profesores, personas aledañas al lugar, además de quienes siguen la obra del artista o están interesadas en la cultura vallecaucana. El motivo de la exposición y de la invitación que recibió Sandoval para liderar el conversatorio (sin la participación del público), fue el de abrir otras exposiciones artísticas que se vienen a lo largo del año y contribuir a la cultura de la ciudad con una nueva muestra de su obra.
Rosemberg habló de su infancia y su formación. Afirmó ser autodidacta y un artista autorreferencial que se toma a sí mismo como pistoletazo de inspiración. Su historia comienza cuando asistía a una escuela pública del Barrio San Nicolás y le pidieron hacer un dibujo sobre el desaseo. Sandoval pintó a su padre desnudo, con el pene erecto y un plato de sopa en la mano. El profesor a cargo sentenció: “Este niño es un artista”. Se lo creyó, y desde entonces, no pudo dedicarse a otra cosa. Por esta misma época, el pequeño Rosemberg debía llevar colada a sus hermanos mayores al San Juan de Dios. Aunque ese era su único encargo, el niño se quedaba afuera mirando y haciendo de las suyas, solazándose en el ambiente escatológico del hospital. Su padre le apodaba “el putas en calzoncillos”. Esto no significa que fuera ajeno al arte más tradicional. De niño vivió un auténtica fiebre por la lectura, en especial por los libros de Julio Verne y Emilio Salgari.

Foto: Tomada del Facebook del museo La Tertulia.
Rosemberg experimenta una fascinación particular por el entorno, el lugar, y eso es lo que podemos encontrar en su obra; performances y esculturas que resignifican nuestra visión del espacio, o que al menos lo pretenden. Su estética obedece a una lógica de la confrontación, de esto va su propuesta, de extraer un fragmento de la realidad que desajuste las expectativas del público y que lo invite a reflexionar sobre los objetos que ignora en su vida cotidiana. Suele abordar temáticas como el enfrentamiento corporal, el territorio y la geografía. Ejemplo de todo ello son sus obras Cuerpos y rastros y Acciones políticas. En el primero, Sandoval expone un desafío en el arte: la marginalidad, las desigualdades y la pobreza en las instituciones. En el segundo, aborda la violencia, el desplazamiento forzado y, nuevamente, la pobreza, todo mediante la resignificación de lo político en el ámbito social.
También habló sobre los problemas que ha tenido con el Ministerio de Cultura, pues no recuerda que esta institución haya tenido ningún gesto amable para con él o su obra. Ha corrido con mejor suerte en el exterior, aunque no olvida que la cultura caleña y su gente han sido de gran importancia para su trayectoria artística, además de acogerlo cariñosamente.
Entre sus obras más destacadas se encuentra Mugre (1999), una de las mejores del siglo XX —según él mismo—, pese al poco reconocimiento que tiene en la ciudad. Pasó muchos años dedicado a la ejecución de obras viscerales, algunas de las cuales no pudo realizar por falta de permisos, como la de fotografiar el cadáver de una niña en sus piernas o la de fregar el suelo de la Plaza Bolívar con el cuerpo de un trabajador hasta hacerlo desaparecer.
…es imposible negar que el artista Rosemberg Sandoval ha dejado una huella importante en la historia del arte en nuestro país. No es fácil tomar algo que hacen en Europa, como lo es el arte conceptual, traerlo a Cali, y además politizarlo; se trata de un movimiento bastante original.
El artista asegura no poder seguir creando obras o performances como le gustaría, dadas las condiciones morales de la sociedad, pero defiende la sorpresa de su trabajo a toda costa. La reacción vino luego de que se destacara la ausencia de “novedad” en el performance; ya nada nos sorprende, aunque, sí pueda hacernos reflexionar, ese fue el comentario. Se lo veía ansioso por rebatir esta afirmación. Sin importar que la conversación derivara en otro asunto, él volvió a esto, y fue entonces cuando deslumbró al público con los proyectos frustrados de los que se habló en el párrafo anterior.
“Picasso es un pobre huevón y Duchamp es una tonta”, afirmó Sandoval, luego de compararlos con las ideas que ha tenido a lo largo de su vida; en su opinión, la foto del cadáver de una niña en sus piernas es muy superior al “Guernica”, de 3,49 metros de alto por 7,77 metros de largo, donde se retrataron todos los horrores de la guerra civil española y, gracias a su excepcionalidad, los del mundo entero. No es preciso añadir que fue una de las afirmaciones más comentadas al finalizar el conversatorio.
Para Sandoval es necesario romper la realidad, adentrarse en el performance, ser visceral. No tiene una idea muy halagüeña del hiperrealismo y, por añadidura, de ninguna forma de arte convencional. No quiere ser un artista como Miguel Muñoz, también colombiano, pues cree que “el riesgo del cuerpo es mayor que el de un “papelito”, y se supone que el arte va de eso, de transgredir.

Foto: Tomada del Facebook del museo La Tertulia.
Al finalizar la charla, a los asistentes se les ofreció un cóctel de viche y luego se dio paso a la presentación de algunas de sus obras más representativas, para la que fue necesario hacer una larga cola que tardó alrededor de media hora. Mientras tanto, las personas intercambiaron apreciaciones. Había una clara diferencia entre los que se maravillaron o disfrutaron de las anécdotas de Rosemberg, y los que rechazaron algunos de sus comentarios más arriesgados. Aunque la mayoría estuvo de acuerdo en señalar como un rasgo de identidad que el artista hablara de sí mismo en tercera persona.
En la sala de exposición se encontraban varios performances en video, obras con tierra y fotografías, como El Payé (2016), un coche repleto de apósitos adhesivos puesto en medio de la sala, con el que tal vez intenta hablarnos sobre la infancia herida y curada. También nos topamos con El Puñal (1987-1988), un signo constante en la cultura latinoamericana y, sobre todo, colombiana. En formato de video nos encontramos con el performance Rose-Rose, en el cual se autoflagela mientras rompe un ramo de rosas. Es preciso tener paciencia, pues la sangre no brota hasta el final del video. Esta obra refleja su concepción de la belleza: la purga de lo inhumano; lo humano en un mundo antropofágico.
Como estas, también se podrán observar muchas otras obras. Hay varias pantallas que ruedan un mismo video en bucle para que nadie salga de ahí sin verlo. También hay instalaciones memorables, del tenor de Aprendices de chicos malos, obra suya, que recuerda el tendedero de cualquier casa y que se guarda en la memoria como una postal de nuestra vida cotidiana. De cualquier manera, es imposible negar que el artista Rosemberg Sandoval ha dejado una huella importante en la historia del arte en nuestro país. No es fácil tomar algo que hacen en Europa, como lo es el arte conceptual, traerlo a Cali, y además politizarlo; se trata de un movimiento bastante original.
Afuera de la sala Maritza Uribe de Urdinola, donde se realizó la exhibición, nos esperaba la lluvia que ha azotado a la ciudad en las últimas semanas. Por suerte, llevábamos una sombrilla con nosotros, muchos de los que vinieron a la presentación no contaban con una.

Foto: Tomada del Facebook del museo La Tertulia.



