Crítica

Revisitando a Anne Frank en tiempos de guerra

Han pasado 79 años desde la muerte de Anne Frank en el campo de concentración de Bergen-Belsen en Alemania. Hoy en día, en tiempos cuando las guerras de gran magnitud se están avivando, cabe recordarla no solo como personaje principal de su propia historia, sino como guardiana de la memoria.

Por: Sofia Londoño Galeano
Comunicadora social y periodista
Estudiante de Licenciatura en Lenguas Extranjeras, Univalle

Anne Frank, mayo de 1942. Foto antigua restaurada en alta definición. Foto: Gregorj Cocco.
Anne Frank, mayo de 1942. Foto antigua restaurada en alta definición.
Foto: Gregorj Cocco.

Hace 79 años murió Anne Frank en el campo de concentración Bergen-Belsen de Alemania. Vivió los últimos dos años de su vida encerrada con dos familias (los Frank y los Van Daan) y un dentista en un anexo de una gran casa donde se encontraban las oficinas de la empresa donde trabajaba su padre: Otto Frank, único sobreviviente del grupo. Hay un par de ironías en torno a Anne; la primera es que partió de su país de nacimiento para huir de los nazis, solo para regresar forzosamente a él para morir. La segunda es que ella y los escondidos fueron encontrados pocos meses antes del debilitamiento de las tropas alemanas y el fin de la Segunda Guerra Mundial. El diario de Anne, contrario al material crudo y visceral que se puede referenciar sobre esta época, es un relato que muestra los pensamientos y opiniones de una adolescente en crecimiento y en estado de confinamiento.

A medida que va avanzando el tiempo de lo que se podría denominar una reclusión autoinfligida, Anne va relatando los sucesos simples y mundanos de una nueva dinámica familiar, que trata de optimizar recursos (vestimenta, comida, dinero y bienes) con el objetivo de mantenerse ocultos de la sociedad holandesa que los conocía y de la Gestapo. Precisamente, es en este pasar del tiempo que se refleja no solo una madurez en la escritura de Anne, sino en ella misma. Pasa de relatar una visión del mundo mucho más inocente y superficial ―normal de una niña de 12 años―, a plantearse problemáticas sobre el mundo, su vida, sus aspiraciones, su familia y el resto de los escondidos, hilando finamente en el carácter de los mismos y la relación que tiene con cada uno de ellos. Más allá del contexto histórico que provee Anne sobre la época de guerra en algunas entradas de su diario, el verdadero corazón del relato está en el encierro que podía ser, de acuerdo al día, sofocante o un verdadero privilegio.

La relación de Anne con su madre es, sin duda, el conflicto más interesante. Edith Frank es retratada como una mujer fría y distante, sin mucha vocación maternal y sin interés por conocer las inquietudes o preocupaciones de Anne. Según el diario, la relación de Edith con Margot, la hermana de Anne, era mucho más próxima. Esto también desencadena una suerte de toma de partidos, donde Edith protege a Margot y Otto a Anne. El diario relata la frialdad que percibe Anne de parte de su madre, sintiéndose poco comprendida y querida.

En tiempos cuando las guerras entre países se volvieron más directas y visibles, es importante pensar en la importancia de la escritura de diarios que den cuenta no solo del sufrimiento humano en diversas formas, sino de la supervivencia a través del arte, la religión, o el deber.

Es aquí donde la narración de sus experiencias y emociones se convierte en su mayor aliciente. El sentarse a escribir en su diario era la actividad que más esperaba durante los días interminables de encierro. Pareciese que la destinataria de cada una de sus cartas, (la inexistente Kitty), tuviese el propósito mismo de guardar la esperanza de salir del aislamiento, siendo esta una personificación de lo anhelado: la libertad. Así mismo, sale a relucir en Anne sus inquietudes intelectuales: confiesa que quiere perfeccionar su escritura para convertirse en periodista. Este deseo, junto con la disciplina académica que se revela en el diario y las opiniones que uno pensaría polémicas para la época, hacen pensar que Anne hubiese sido una gran informante, ya que abrazaba la responsabilidad y el crecimiento intelectual como una constante que debe estar presente en cada joven que quiere llegar a cumplir sus metas.

Anne también expresa en el diario su punto de vista sobre el lugar de la mujer en la sociedad, con un feminismo intrínseco que es de admirar para el contexto de guerra ―dominado por los hombres― en el que se encontraba y con predicciones de cambios sobre concepciones machistas: “Creo que todo el concepto de que el tener hijos constituye un deber de la mujer, cambiará a lo largo del próximo siglo, dando lugar a la estima y a la admiración por quien se lleva esa carga al hombro, sin rezongar y sin pronunciar grandes palabras”. Este presagio sigue sin cumplirse completamente; sin embargo, es el corazón del precepto feminista que cree en el poder de decisión en la maternidad y los demás escenarios de la vida.

Foto de pasaporte de Anne Frank pegada a una de las páginas de su diario. Foto: AFP.
Foto de pasaporte de Anne Frank pegada a una de las páginas de su diario.
Foto: AFP.

Es así, como el diario de Anne se constituye en un guardián de la memoria, no solo por la época y momento histórico en el que se enmarca, sino porque permite revisar a través del tiempo sus pensamientos con relación a la situación que estaba atravesando. Este diario fue una forma de transitar el trauma que significó para Anne el cambio de vida abrupto y restringido. Repite en sus páginas cuánto deseaba estar al aire libre, corriendo o montando en bicicleta con sus amigos; cuánto anhelaba ir al colegio y tener espacios que le permitieran mantener la distancia de su hermana y su madre. Los diarios pueden ser, entonces, grandes estrategias de expresión humana, donde el autor encuentra un lugar de desahogo y crítica libre sin reprimendas. Escribir nuestros verdaderos pensamientos siempre será menos escandaloso que decirlos, porque con la escritura mantenemos la privacidad que, en momentos de coyuntura social y política, es sensato conservar.

En tiempos cuando las guerras entre países se volvieron más directas y visibles, es importante pensar en la importancia de la escritura de diarios que den cuenta no solo del sufrimiento humano en diversas formas, sino de la supervivencia a través del arte, la religión, o el deber. Quizás, si leemos a nuestros pares, seres humanos sin ínfulas de grandeza, sometidos por gobiernos que no saben transitar el conflicto de forma justa, podremos conectar más con experiencias tales como las de Ucrania vs Rusia, Israel vs Palestina o Colombia vs Colombia, donde los conflictos atacan internamente. Y hablo de leer el sufrimiento humano, simplemente para recordarnos que existimos de diversas maneras en el mundo y a través del tiempo; para dejar de lado la indolencia; pero, sobre todo, para salir del loop infinito de autodestrucción al que nos condenamos día a día. No por nada dicen que quien no conoce su historia, está condenado a repetirla.

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