Relatos por conectar
Por: Gustavo Arteaga

Foto: Tomada en el Museo Nacional de Colombia en 2022.
El Museo Nacional de Colombia, como el espacio de otras memorias colectivas en el país, emerge con aportes significativos en la construcción de hilos narrativos diversos en sus colecciones. En los procesos de conocimiento de las culturas del país, sin entrar en los debates propios de los momentos convulsionados que caracterizan la actualidad colombiana, la institución consolida con sus muestras y espacios expositivos abordajes profundos sobre aspectos poco tratados o faltantes de momentos determinantes de nuestra realidad nacional.
Los hilos propuestos encuentran en los territorios del país, en los oficios, en las transformaciones productivas y en el proyecto de la República algunos escenarios para estructurar la reflexión. Al recorrer las muestras, nos acercamos a cómo entender, en calidad de observadores, la construcción de la idea de país. Al proponer las lecturas paralelas se introducen en las narrativas los diversos procesos sociales y se hacen visibles otros fenómenos. Se identifican con ellos condiciones culturales que van tomando rostro y, al hacerse sujetos, producen reflexiones. Algunas profundizan y preguntan sobre lo faltante de manera más crítica, y sobre las causas para que falten partes.
En este sentido, las diversas interpretaciones que se pueden hacer de las colecciones del Museo hacen ver el efecto de los procesos poco vistos, los dados en lugares donde las escalas regionales del país parecen no contar con magnitud. Un ejemplo de lo no visible en esta perspectiva tiene que ver con los elementos asociados a la trata, la actividad de esclavización de seres humanos dada desde la Colonia temprana en Colombia. La trata como situación, en mi caso, dibujó un relieve para recorrer el Museo; como guía me permitió identificar lo faltante, pero en compañía de los objetos de las muestras se siente profundamente presente desde otras formas. En las rutinas cotidianas, los elementos particulares emergen en las colecciones y ponen de manifiesto un tipo de acción entre lo presente y lo ausente. Lo ausente por la magnitud, como el caso de la trata, permite reconstruir lo perdido; como hilo narrativo paralelo coloca la perspectiva de la esclavización como realidad que se introduce en las diferentes salas. Las maneras de reconstruir lo faltante desde las prácticas sociales resulta una posibilidad, y con ella la interacción de los diversos actores define los procesos poco incorporados, pero que desde lo cotidiano, se ven presentes, y los valores que producían son el resultado.
En la lectura que se puede hacer con estos elementos se pueden revisar aspectos, y las poblaciones rurales, las periféricas, se hacen eje de otras formas con magnitudes perdidas. En esta reflexión se posiciona el poblar como una pregunta estructural, la misma adquiere líneas de respuestas en las salas del Museo. La convergencia de la reflexión del observador con los elementos no surge como una casualidad en este horizonte, se ve inducida por la selección de objetos que buscan la construcción narrativa desde una observación reflexiva y pausada. Las respuestas dadas por los objetos inician en lo prehispánico, lo ocurrido antes de la llegada de la influencia europea. Surge como realidad Chiribiquete, La Palestina, Nare y, según el mapa interactivo propuesto en alguna sala, se ve lo periférico como realidad ocurriendo.
Recorrer otras salas con esta idea hace que se busquen conexiones, y emerge, para mi caso, la imagen del proceso contra Bartolomé Mandinga en 1634, acusado de hurtar en Santafé, según manuscrito de Francisco de Sosa (ver Ilustración 1). El relieve para mi recorrido, la esclavización desde un conflicto o una resistencia, toma una magnitud. En la visión del poblar esa periferia, la realidad con magnitud desde los conflictos hace, por ejemplo, de los censos de los esclavizados, un argumento que confronta la versión historiográfica. Como elementos, las cifras aclaran las sombras y los documentos censales no pasan desapercibidos en el conjunto de la colección.
Desde la mirada del poblar surgen reflexiones importantes que señalan que, en la medida que desdoblamos los asuntos propios de los territorios, emergerán manifestaciones sociales, y lo que posibilita un recorrido por el Museo Nacional de Colombia parece señalar un horizonte de trabajo sobre la idea que en la periferia ocurrió mucho más de lo que se nos ha dicho.
Las formas de lo periférico y las otras sociedades confrontando el poder colonial, en perspectiva de lo territorial, señalan en las minas puntos de interés particular. La provincia de Novita, con el censo de 1759, es la convergencia para notar lo ausente: los poblados mineros. El de la ribera derecha del río Quinamayó hasta Caloto, como ejemplo en la muestra, señala el poblamiento inducido por la actividad que adquirió magnitud, una difícilmente reconocible desde lo que se escribía en los centros urbanos coloniales. La realidad ausente de las cantidades de individuos que no se querían contar como sociedades emerge como posible causa.
La plata y el oro como los valores creados por el sistema global temprano, ocurriendo en una periferia que se poblaba a una velocidad poco advertida, surgen en la narrativa expositiva. Los conflictos que se hacían comunes, mayores y visibles, lo demuestran. Las preguntas sobre ese tipo de poblamiento adquieren otras respuestas. Los elementos creados por el Museo toman sentidos y las convergencias de las reflexiones se hacen significados por abordar. Con el mapa de “lugares de destino de la población africana esclavizada en el Nuevo Reino de Granada” (ver Ilustración 2) se produce un marco. Las cuatro convenciones: minas, haciendas, palenques y centros urbanos, son el resumen de esas formas de poblamiento con otros sentidos. Como hipótesis, el mapa permite proponer que los centros urbanos son enclaves fundados para administrar, ostentar y mantener la relación con Europa. Son los puntos donde llegan los atuendos, las decoraciones, los muebles, los poderes reales y sus estilos.
La historia se escribe desde estos centros y oímos el eco hasta la actualidad sobre Cartagena de Indias o Santa Fe de Bogotá. Las categorías adicionales del mapa, no tan precisas, permiten capturar los detalles de lo que ocurría en los tres puntos restantes vagamente referenciados como objetos. La advertencia documental de los conflictos y las resistencias toman sentido y hacen de la denominación Palenque una realidad, pero de la mina y la hacienda, ¿qué surge en el horizonte del poblar?

Foto: Tomada en el Museo Nacional de Colombia en 2022.
El mismo mapa hace de Santa Marta, Valledupar, Mompox, Caribarare, Lloró y Neiva, haciendas. Entre la hacienda y la mina están los palenques. La relación no parece casual. La cartografía pone en evidencia que, para poblar, desde el interés minero, se deben producir los alimentos para mantener la población; la minería, dando soporte a las ideas coloniales europeas, hace eco desde los centros poblados. Santafé de Antioquia, Tunja, Bogotá, Popayán y Pasto son la referencia. El triángulo que definen las minas de Titiribí, Mariquita y Novita, establece un perímetro poco observado desde el relieve propuesto ausente de la trata.
La cercanía a grandes palenques referenciados en la historiografía como los de Uré, Zaragoza y Tadó, nos dice que lo ausente está en lo que vimos como conflictos y resistencia. El negro ladrón, el cimarrón, el contrabandista, adquieren sentidos de categorías por revisar. Si la hacienda y la mina se desdoblan en complejidades, las rutinas de la resistencia deben tomar dichas profundidades. Desde la mirada del poblar surgen reflexiones importantes que señalan que, en la medida que desdoblamos los asuntos propios de los territorios, emergerán manifestaciones sociales, y lo que posibilita un recorrido por el Museo Nacional de Colombia parece señalar un horizonte de trabajo sobre la idea que en la periferia ocurrió mucho más de lo que se nos ha dicho. Parte de la historia diversa sigue latente en lo rural, y en esta idea también el Museo nos dice que los sentidos de la diversidad siguen buscando los ecos que permitan su estudio.



