Reinados en Colombia: ¿una apuesta al empoderamiento femenino o perpetuación del machismo?
El pasado 2 de junio se llevó a cabo en Barranquilla el Miss Universe Colombia, que define la concursante para representar al país en el certamen internacional Miss Universo. Después de varios días de competencia, y tras algunos sucesos inquietantes ―como la revictimizante pregunta que le hicieron a Miss Chocó ―, queda por cuestionarse el verdadero fin de estas organizaciones y lo que comunican a través de estos encuentros.
Por: Sofia Londoño Galeano
Comunicadora social y periodista
Estudiante de Licenciatura en Lenguas Extranjeras, Univalle

El pasado 2 de junio se celebró en Barranquilla el Miss Universe Colombia, un reinado que apenas lleva cinco ediciones en circulación, y que nació desde la separación del Concurso Nacional de Belleza con la franquicia internacional de Miss Universo. Incluso, con la evolución y los cambios de paradigma que estos certámenes han atravesado, es necesario hacer un ejercicio de cuestionamiento con relación a la pertinencia y relevancia que siguen guardando estos concursos en épocas post Me too, donde el discurso de empoderamiento femenino puede estar siendo usado a la ligera.
Colombia, un país de reinados por tradición, no ha parado de transmitir a través de estos, la imagen de una mujer aspiracional que, al fin y al cabo, figura como perfecta. Esta imagen, que indudablemente está atravesada por la mirada masculina y el machismo, tiene de hecho dos aristas opuestas que son dignas de destacar. La primera, es la de los reinados como oportunidad, es decir, como plataformas de reconocimiento que pueden llegar a promocionar carreras en el entretenimiento o el mundo de la moda. Esta reputación de reina puede acompañar por varios años a una joven que quiera ser parte del medio audiovisual o del modelaje. Lo curioso es que, para muchas mujeres, todavía es deseable estar en un certamen de belleza, precisamente por el reconocimiento per sé y las relaciones que se pueden establecer a largo plazo para la formación de sus carreras. Sin embargo, esto no es sorpresivo, ya que en un país lleno de carencias, un concurso de belleza puede ser el impulso o el tiquete de salida hacia una mejor calidad de vida. Y aunque hoy en día vemos que muchas de las participantes están decididas a contribuir al cambio social en sus regiones, queda la duda de si la intención filantrópica de estas entidades no solo es una fachada de lo políticamente correcto.
Si un certamen se convierte en una herramienta de revictimización, este también se transforma en un instrumento para infringir violencia contra las mujeres.
La segunda arista es la que ha permanecido a lo largo de los años: el presentar a la mujer como un objeto de exhibición o decorativo. Esta premisa parte del profundo machismo que enlaza a la belleza física con la mujer. Esta mujer debe ser amable, elegante, complaciente, sensual y sostener gracia en cada uno de sus movimientos. Y aunque es importante resaltar que cada año las mujeres participantes son más diversas y educadas, es imposible alejarse del estereotipo eterno de lo que debería ser una mujer; esto, por supuesto, sienta referentes alejados de la realidad para las niñas que ven las transmisiones de estos concursos. Tanto Miss Universe Colombia como el Concurso Nacional de la Belleza establecen dentro de sus misiones ser organizaciones sin ánimo de lucro que tienen como finalidad resaltar el empoderamiento y la representación femenina a nivel nacional. Sin embargo, en la realidad, pareciese no ser suficiente.
A pesar de estas dos aristas, no podemos dejar a un lado la naturaleza misma de los reinados de belleza: el espectáculo. Es desde esta lógica que se pretende captar audiencias no solo con las concursantes, sino con sus historias de vida y las respuestas que dan a las preguntas que se les formulan. Volviendo al caso de Miss Chocó, Leicy Rivas, vemos la urgencia de causar shock en la audiencia a través de una pregunta revictimizante y poco empática: “¿Cómo superaste el abuso sexual en tu vida y qué mensaje o consejo le darías a otras jóvenes que han pasado por la misma situación?”.Las situaciones de abuso no deben ser usadas como motor de ratings, ni mucho menos como excusas para cuestionar a una víctima en televisión nacional. Con esta pregunta, Miss Universe arrebató a Miss Chocó la posibilidad de contar su historia en el momento y espacio que fuese mejor para ella de acuerdo con su proceso. Similarmente, a Miss Arauca, Laura Garcés, la interrogaron sobre la muerte de su padre en hechos de violencia, agregando irónicamente: “¿En Colombia hemos normalizado la violencia y el dolor?”.
Si un certamen se convierte en una herramienta de revictimización, este también se transforma en un instrumento para infringir violencia contra las mujeres.



