Homenaje

Poesía de Jorge Isaacs. Redescubriendo antiguos legados

El siguiente epígrafe es un fragmento del poema Soñé. Hace parte de la obra poética de Isaacs. Obra opacada por el éxito y la fama de su novela María.

Por: Lina Fernanda Córdoba
Estudiante de Lic. en Literatura

Retrato de Jorge Isaacs - Foto: ladiligencialibros.com
Retrato de Jorge Isaacs – Foto: ladiligencialibros.com

Soñé…
He soñado feliz que a tu morada

Llévome en alta noche amor vehemente;
Creí aspirar el delicioso ambiente
De moribunda lámpara velada.
Sobre muelles cojines reclinada,

Dormir fingías voluptuosamente,
Los cabellos de ébano reluciente

Sobre el níveo
ropaje destrenzaba…

Fragmento del libro Poesía 1864 de Jorge Isaacs

Poesía se tituló la producción poética del escritor vallecaucano Jorge Isaacs –impreso por el taller tipográfico de El Mosaico–. Actualmente son pocas las referencias que aluden el trabajo poético de Isaacs, de no ser gracias a algunos amigos de su época y admiradores de su escritura, y, aunque gozaba de un gran prestigio por parte de sus patrocinadores y por su editora, emisaria de la tertulia literaria homónima, no figura que los poemas de Isaacs hubiesen tenido la recepción literaria que se merecían. Estas poesías fueron publicadas también, tras su muerte en México (1907), y en Barcelona (1920), con prólogo de Baldomero Sanín Cano. Otra edición posterior, única que ha llegado a lectores contemporáneos, es la recopilación hecha en Cali, en 1967, por Armando Romero Lozano. Porfiadas, repetidas erratas encuentran en esos volúmenes los estudiosos del poeta. En el libro podemos encontrar poesías como Después de la victoria, Duermen las hadas, Ten piedad de mí y Soñé, entre otros.

Aunque fue un escritor reconocido principalmente en su faceta como novelista, no se ha dejado de resaltar que su genialidad literaria destaca en su poesía lírica, como se manifiesta en sus poemas, en su novela y hasta en su correspondencia. Se ha sostenido también que su calidad lírica logra percibirse en los fragmentos de su soñada, más no concluida, trilogía novelística: Fania, Camilo (o Alma negra) y Soledad. Igualmente en lo que llegó a componer en pequeños trozos que se conoce de sus piezas dramáticas.

Su obra poética está conformada por el ya mencionado volumen de 1864, Saulo y otro extenso poema La tierra de Córdoba, de 1893. En 1964 el investigador y escritor norteamericano Donald McGrady recogió diversas composiciones suyas. Se sospecha que otros tantos poemas de Isaacs quedaron inéditos o dispersos en periódicos de la época. Uno de los más valiosos juicios críticos sobre esta poesía es el ensayo «Jorge Isaacs» (Gran Enciclopedia de Colombia, Literatura, tomo 4) de la catedrática e investigadora literaria María Teresa Cristina Z.

Saulo es, tal vez, su más amoroso poema. El epígrafe que introduce a la que habría sido totalidad del mismo lo forman apenas cuatro palabras de Francisco José de Caldas: “Todo debe ser amor”. La primera parte, única que escribió o dio a conocer, la introduce el fragmento de una carta de Eloísa a Pedro Abelardo: Siempre te he profesado, a la faz del mundo entero, un amor sin límites… Bien sabe Dios que bastaba una palabra tuya para que yo no vacilara en precederte o seguirte, aunque hubiera sido a los abismos infernales.

Sin duda, en gran parte de sus estrofas la naturaleza aparece como añoranza, soledad e ilusión. Según el poeta Rafael Maya, su obra es una recopilación de relaciones sentimentales con el mundo físico, que desde niño jugó un papel importante en su vida. La privilegiada naturaleza del Valle del Cauca, acompañada de algunas lecturas que fueron de importancia en su escritura: Shelley, Rousseau, entre otros románticos y renacentistas, como Shakespeare. Además, estaría siempre presente la originalidad de su alma ardorosa e idealista.

Poesía es, sin duda, uno de sus bellos legados literarios y poéticos, lleno de paisajes vallecaucanos, palabras que serán como arrullos y su gracia poética para la mujer amada, la juventud olvidada, los campos y la soledad que sólo él, por medio de sus versos, pudo encontrar con el paso de los años. Está poblado de paisajes vallecaucanos, de palabras sonoras; arrullo que compone su gracia poética en temáticas como la mujer.

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