Óscar Osorio: el hombre de las diez voces
Por: Edgard Collazos Córdoba

Acaba de aparecer el libro de crónicas titulado Allende el mar, publicado por Editorial TusQuets. Lo integran diez turbulentas crónicas, diez destinos que ilustran lo que puede ser la fatalidad en Colombia.
Desde el primer renglón, el autor, Óscar Osorio, parece querer evitar el omnisciente juicio sobre los hechos y de los personajes que vivieron esas tristes fatalidades, y es en esa acertada decisión, donde reside el éxito del libro, porque comporta un problema fundamental de un género que precisa la investigación de un suceso y lo antecede el pasado del personaje que lo protagoniza.
Entiendo que el propósito de Óscar Osorio fue la revelación de vidas, en este caso, vidas fatales, narradas por la voz sufrida de los protagonistas; entiendo que, en busca de la percepción del lector y de la construcción ontológica, no deseó mezclar su voz con la de ellos y por eso permitió que hablaran, que bien le bastó con organizar los párrafos, (organizar, no manipularlos), seguirlos con el olfato del cronista y que aceptó los limitantes requerimientos de la crónica, porque sabía que transgredirlos era arruinar el éxito de su trabajo y a causa de ello, no hay en este libro prodigioso, un solo párrafo que alimente la zozobra del lector.
Como la lectura del libro obliga al lector a pasar de una voz a otra, lo que quiere decir, de un suceso a otro, uno de los exegetas de lo narrativo me comentó que, si todas las historias de vida que se narran en Allende el mar son contemporáneas, entonces debían estar sujetas a un hilo narrativo y temporal. Le respondí que ya Borges había conjeturado que el tiempo del arte no corresponde al tiempo de la realidad y que la crónica, así esté atada a la realidad y al tiempo cronológico, es ante todo un género artístico y que en las diez narraciones que componen el libro, hay elementos más secretos, que unen los relatos, como ser colombianos en la diáspora unidos por la adversidad.
Otro acierto de Allende el mar es la ausencia de alegorías y el exceso de metáforas; esa eventualidad aleja el relato de lo banal y obliga al ejercicio de una prosa directa que no permite dilaciones y logra con rapidez contrastes entre el brutal infortunio, la desilusión y la ilusión, elementos que conllevan a crear la tan anhelada unidad del relato.
Óscar logra transmitirnos la soledad, el dolor de los migrantes, eso que la generación beat, para designar el no destino, llamó rolling stones (piedras rodadoras), o como lo expresa el poema de Bob Dylan:
Cómo se siente estar sin hogar,
Como una completa desconocida,
Como una piedra que rueda cuesta abajo
Y eso nos preguntamos cuando leemos Allende el mar: cómo se siente el destino desconcertado del emigrante tercermundista, desterrado a un mundo tan desconocido como desconocidas son las causas de su desgracia. En sus páginas abunda el dolor, porque mediante el dolor, el cronista abre el camino para llegar a su denuncia, aunque se siente que también él ha sufrido y que cada historia le ha desgarrado la intimidad de su prosa.
Otro acierto de Allende el mar es la ausencia de alegorías y el exceso de metáforas; esa eventualidad aleja el relato de lo banal y obliga al ejercicio de una prosa directa que no permite dilaciones y logra con rapidez contrastes entre el brutal infortunio, la desilusión y la ilusión, elementos que conllevan a crear la tan anhelada unidad del relato.

Biografía sintética: Basta agregar que Óscar Osorio nació en un pueblito del norte del Valle llamado La Tulia, de donde siendo muy joven tuvo que emigrar buscando terminar el bachillerato; que es un excelente profesor de literatura; que no conozco a nadie como él tan apasionado con el tema de la violencia en Colombia; que es un escritor de formación académica y un encarnizado lector de novelas, y que tengo la certeza de que la sinceridad de su arte y su incansable labor ya le están deparando un dilecto espacio en la historia de las letras colombianas.



