Crítica

“Ojalá que los míos nunca se muden”: el giro político de Bad Bunny

DeBÍ TiRAR MáS FOToS, el último álbum de Bad Bunny, no dejó a nadie indiferente. Su evidente toma de postura en favor de causas sociales es una prueba de ello. La nueva faceta de Benito, además de ser una muestra de su enorme capacidad de adaptación, nos recuerda que la música creada para mover masas también es generadora de conciencia y revolución.

Por: Mayra Alejandra Acevedo García
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Benito Antonio Martínez Ocasio (Bad Bunny), cantante puertorriqueño. Foto: Tomada de highxtar.com
Benito Antonio Martínez Ocasio (Bad Bunny), cantante puertorriqueño.
Foto: Tomada de highxtar.com

Benito Antonio Martínez Ocasio, Bad Bunny, nació en Puerto Rico un 10 de marzo de 1994 en el municipio de Bayamón. Empezó su carrera como cantante desde 2013, pero no despegó sino hasta el 2016, con el sencillo Soy peor, y gracias a las colaboraciones con figuras de talla mundial como Cardy B o Drake. Su caso es particular, pues a diferencia de otros artistas, Bad Bunny creció en la época del internet y la viralización. Es cierto que, como sucede casi siempre, se las vio difícil para hacerse un nicho en la industria, pero su condición de latino, como voz del pueblo latino, lo aupó a la fama mucho más rápido de lo que cabría esperar.

Este álbum se realizó en Puerto Rico, para Puerto Rico y por un puertorriqueño. DeBÍ TiRAR MáS FOToS tiene diecisiete canciones y una duración aproximada de una hora y dos minutos. El álbum aborda diferentes géneros, todos de origen latino, como el reguetón, la salsa, la plena, el bolero, el dembow y, por último, pero no menos importante, diversas variantes de música caribeña. Esta tendencia no es inédita; ya en los sencillos que publicó de cara al lanzamiento se percibe una necesidad por responder a cuestiones de carácter político, como en la canción “Una Velita”,que narra la historia del huracán María, causante de múltiples destrozos y de la muerte de cinco mil personas. Bad Bunny adopta la perspectiva del pueblo puertorriqueño y denuncia el abandono estatal y la corrupción de sus funciones, lo que impidió una atención rápida y eficiente. 

El cantante puertorriqueño no solo creó un álbum llamativo y lleno de vida, también realizó un merecido reconocimiento a la isla donde nació y creció. El mensaje es fuerte: la música no solo se baila; en los oídos correctos puede cambiar el mundo.

La isla no vivió un proceso de reconstrucción tradicional. Los lugares que fueron arrasados por María fueron acondicionados de cara al turismo más simplón, lo que desplazó a sus antiguos habitantes y aumentó el coste de la vivienda. La canción “LO QUE PASÓ A HAWAii” es una crítica directa a estos procesos de gentrificación. Para nadie es un secreto que Hawái, luego de ser anexada en 1898, sufrió un borramiento casi total de su cultura autóctona, reelaborada por los publicistas estadounidenses como un paraíso exótico y vacacional. Aunque Puerto Rico no sea un estado más, las políticas que se emiten desde la Casa Blanca apuntan a un futuro como el de Hawái. Ejemplo de ello es la Ley 22, que ofrece exenciones contributivas del 100% sobre ingresos generados en Puerto Rico, lo que atrae a inversionistas y extranjeros, y aumenta la especulación inmobiliaria. No por nada hay más puertorriqueños fuera del país. No es rentable vivir en la isla, donde el valor de los inmuebles ha aumentado en un 24% y hay demasiadas trabas al momento de acceder a un préstamo hipotecario.

Un detalle interesante de la canción es su frase: “No, no suelte la bandera ni olvide el lelolai”. El lelolai es una melodía tradicional puertorriqueña, lo cual podría tomarse como un llamado a no olvidar la historia ni las raíces de la tierra donde se nace y vive. La bandera es una referencia sencilla que apunta hacia el orgullo puertorriqueño y la identidad de sus habitantes. La canción, en definitiva, es un grito de lucha que pretende unificar a los puertorriqueños en contra de las políticas que intentan borrar su cultura en favor de lo “paradisiaco”, más rentable a nivel comercial.

Carátula del nuevo álbum de Bad Bunny. Foto: YouTube.
Carátula del nuevo álbum de Bad Bunny.
Foto: YouTube.

“Ey, ojalá que los míos nunca se muden” es una de las frases más poderosas de la canción “DtMF”, hasta hoy la más popular del álbum. La mención no es gratuita: hay seis millones de puertorriqueños en Estados Unidos, versus los tres millones que aún viven en la isla. Ese “ojalá que nunca se muden” plantea una hoja de ruta que, escuchado el álbum, nos invita a reflexionar sobre las condiciones que han promovido la migración. El mensaje va dirigido a los suyos, y gracias a la difusión mediática, a todos los que pasan por situaciones semejantes. La presencia de gringos en Medellín y su impacto nocivo en la juventud de la ciudad, especialmente en las mujeres, lo demuestra.

Es cierto que la mayoría de las canciones del álbum retratan los mismos asuntos que otros artistas, lo cual se ha vuelto algo frecuente en la industria, pero en el caso de Bad Bunny hay un interés por vincular estos sonidos a las raíces de los ritmos latinos; de ahí los infinitos detalles y movimientos que hay en cada canción. En todas se percibe el mismo espíritu. Como en el caso de “EoO”, que no por ser comercial renuncia a la experimentación. Esto resulta muy provechoso para el futuro del género y de los artistas, pues sienta un precedente, además de revelar el profundo compromiso del artista con su obra.

El cantante puertorriqueño no solo creó un álbum llamativo y lleno de vida, también realizó un merecido reconocimiento a la isla donde nació y creció. El mensaje es fuerte: la música no solo se baila; en los oídos correctos puede cambiar el mundo.

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