Entrevista

“Nuestra literatura, a pesar de su juventud, es vigorosa y valiente”: Rigoberto Gil Montoya

Rigoberto Gil es, hoy por hoy, una de las figuras cimeras de la literatura del Eje Cafetero colombiano. Su obra académica y creativa es extensa. Dentro de esta última categoría se destacan los siguientes títulos:  El laberinto de las secretas angustias (1992), La urbanidad de las especies (1996), Plop (2004), El museo de la calle Donceles (2015) y Mi unicornio azul (2014). Cabe destacar que el profesor Montoya, adscrito a la Universidad Tecnológica de Pereira, ha sido galardonado, entre otros, con los siguientes reconocimientos: Premio Nacional de Novela Aniversario Ciudad de Pereira (1992), Premio Nacional de Literatura Universidad de Antioquia (2014) y el Premio Departamental de Historia (1998).

Por: Alejandro Alzate

Rigoberto Gil Montoya en el XIII Simposio Internacional Jorge Isaacs La Patria Literaria. Foto: Centro Virtual Isaacs.
Rigoberto Gil Montoya en el XIII Simposio Internacional Jorge Isaacs La Patria Literaria.
Foto: Centro Virtual Isaacs.

Alejandro Alzate (AA): ¿Por qué es importante hacer hoy una historia crítica de la literatura colombiana?

Rigoberto Gil Montoya (RGM): La importancia de este proyecto radica en la novedad y en la actualización de unos tópicos. Novedad en cuanto a la necesidad de plantear miradas críticas, desde visiones novedosas de interpretación, en torno a nuestra tradición literaria. Y actualización en cuanto a continuar abriendo horizontes de interpretación sobre nuestra literatura, a la manera de los trazados por intelectuales como Carlos Rincón, David Jiménez Panesso, Rafael Gutiérrez Girardot y Luz Mery Giraldo.

(AA): ¿Qué importancia tienen los estudios historiográficos en una literatura tan joven como la nuestra?

(RGM): Los estudios historiográficos permiten vislumbrar caminos de interpretación; posibilitan que disciplinas tan cercanas como la historia, la economía, la sociología y la antropología se extiendan como una suerte de tejido simbólico, cuya superficie permitirá comprender mejor lo que hemos sido como memoria, lengua y signo.

(AA): Bien sabido es que los cánones literarios los definen los círculos de poder cultural y político. En ese sentido, ¿qué implicaría hacer una historia crítica de la literatura colombiana?

(RGM): Implicaría que esos poderes culturales y políticos que han estado en manos de élites intelectuales y que han delineado, a su manera, unos cánones, debiliten su impacto, para dar paso a una visión más estereoscópica de lo que ha constituido para nosotros la literatura como memoria y representación. Porque esa historia crítica de la literatura colombiana debe dar cuenta de la variedad y tiene que ser incluyente de lo que somos como sociedad en los múltiples territorios que nos dan pertenencia a un lugar variopinto.

(AA): ¿Qué dato escondido o poco conocido podría desvelar una historia crítica de nuestra literatura?

(RGM): Quizá lo poco conocido podría estar en el reconocimiento de unas tradiciones literarias que no se han leído con calma. Por ejemplo, podría rastrearse en el país la influencia de las culturas orientales o africanas. Podría evidenciarse que en el país sí ha habido una literatura que privilegia el humor; que en el país sí hubo expresiones vanguardistas en periódicos y revistas publicados en pequeñas provincias, y que hay una gran cantidad de mujeres cuya obra está dispersa en medios inéditos de escasa circulación local.

(AA): En un contexto como el nuestro, donde suele leerse poco, ¿qué tan atractivo resulta hacer una colección de libros críticos con perspectiva científica?

(RGM): El hecho de que se publiquen libros críticos, y nos empeñemos en revalorar nuestra breve tradición literaria a través de un proyecto como este, que nace en el seno de ámbitos universitarios, no cambiará en nada el triste balance de que en Colombia se lea poco. Sin embargo, este esfuerzo de muchos escritores e intelectuales servirá para comprobar que es necesario seguir fortaleciendo la necesidad de pensar, de leer críticamente, de aprender a valorar lo que somos, con todo y nuestros silencios e indiferencias como sociedad.

La importancia de este proyecto radica en la novedad y en la actualización de unos tópicos. Novedad en cuanto a la necesidad de plantear miradas críticas, desde visiones novedosas de interpretación, en torno a nuestra tradición literaria. Y actualización en cuanto a continuar abriendo horizontes de interpretación sobre nuestra literatura, a la manera de los trazados por intelectuales como Carlos Rincón, David Jiménez Panesso, Rafael Gutiérrez Girardot y Luz Mery Giraldo.

(AA): En su opinión, ¿qué vertientes poco exploradas ―o vetadas― habría que reivindicar en una historia crítica de la literatura colombiana?

(RGM): La investigación que muchos haremos en torno a la literatura colombiana seguramente abrirá nichos de estudio interesantes. Pienso en la dramaturgia. ¿Cuántos textos de teatro estarán perdidos en las páginas de periódicos y revistas, sin que los especialistas los hayan valorado a la luz de la crítica contemporánea? Sospecho otros órdenes temáticos:  las historia del crimen, la literatura hecha para niños en periodos aún no estudiados, el haikú, la poesía humorística ―más allá de la que exploró el Tuerto López―, la literatura hecha por curas y monjas, en fin.

(AA): Si usted fuese invitado a participar en un proyecto que implique reconstruir y analizar nuestra historia literaria, ¿qué temas abordaría y por qué?

(RGM): Me interesa mucho el tema de la no ficción como expresión propia de la modernidad literaria. Me interesa preguntar por sus orígenes en el contexto del país y por la manera como este género se ha integrado a las realidades históricas del mismo. Otro tema que me interesa abordar es el del ghostwriter. Hay mucha literatura hecha por autores en una especie de clandestinidad remunerada. Hay señales que sugieren que este tipo de literatura podría leerse como experiencia literaria contemporánea.

(AA): ¿Qué temas no abordaría y por qué?

(RGM): Si no trato algunos temas será más por mi inexperiencia y falta de conocimiento en ciertos campos. No estoy en condiciones de valorar las tradiciones poéticas, porque considero que esa valoración implica un profundo conocimiento de la lingüística y sus disciplinas afines. Tampoco podría abordar el periodismo de carácter científico.

(AA): ¿Cómo percibe usted la literatura colombiana hoy?

(RGM): Nuestra literatura colombiana, a pesar de su juventud en términos de su tradición, es vigorosa y valiente. Cada generación nos entrega un catálogo único de autores y obras. Hoy es el tiempo de las mujeres. Da alegría y esperanza leerlas, y tratar de comprender los desafíos con que ellas enfrentan atavismos y precariedades culturales, quizá nos haga más humanos y tolerantes. 

(AA): ¿Cree usted que tanto los escritores como los críticos son personajes centrales en las actuales sociedades? ¿Tienen aún esa aura mágica?

(RGM): No creo que los escritores y críticos tengan hoy aura mágica, salvo que dirijan programas de televisión o sean youtubers. Son apenas actores de reparto en el mundo de los mass media. Pero esa falta de aura los hace más interesantes, porque los condena al anonimato, a caminar a pie, a percibir lo que sucede en la calle, que es donde sucede la literatura.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba