Mo Yan en diálogo: un novelista como animal reencarnado
El autor chino se presentó junto al traductor Juan José Ciruela en el ciclo de entrevistas públicas “Entre lenguas”, organizado por la Biblioteca Miguel de Cervantes de Shanghái el 29 de agosto pasado.
Por: Lucila Carzoglio (Doctora en Literatura comparada, periodista y licenciada en Letras) y Salvador Marinaro (Profesor asociado en la Universidad de Fudan)

Foto: fundacionclec.org
Hay autores que escenifican una época, que condensan en su estilo y en sus intervenciones la historia reciente del territorio del cual provienen. Ciertos escritores son capaces de ofrecer a su público un reflejo de los cambios sociales y culturales del último medio siglo. Al hacerlo, se transforman en representantes de su generación. Como ningún otro, Mo Yan, el escritor chino ganador del premio Nobel de 2012, muestra a sus lectores los cruces entre tradición y modernidad en el país asiático, como así también, el diálogo entre literatura mundial y culturas regionales.
El autor se presentó junto al traductor Juan José Ciruela, en el ciclo de entrevistas públicas “Entre lenguas”, organizado por la Biblioteca Miguel de Cervantes de Shanghái el 29 de agosto de 2022. Más de doscientas cincuenta personas se conectaron para escucharlo, a través de sus auriculares y pantallas, mientras los intérpretes cruzaban las dos lenguas, en chino y español. Mo se definió como un “contador de historias”, un artífice de la palabra que busca en el interior de la tierra las raíces de su percepción artística, sin dejar de lado la influencia de las traducciones y la literatura extranjera.

Foto Cortesía de Lucila Carzoglio.
Así, ante la primera pregunta sobre los orígenes de su forma de narrar, el escritor mencionó el pueblo de Gaomi, donde creció, en la provincia de Shandong. “Era una zona rural, así que mis compañeros, mis paisanos en la aldea continuaban usando el idioma de mi abuelo, de mi abuela, de mis padres. Era un lengua muy diferente a la escrita”, afirmó desde su casa en Beijing. Los matices del habla fueron los primeros elementos de los cuales se nutrieron sus libros y las historias que contaban sus vecinos, su primera fuente de inspiración.
De hecho, recordó que en las cercanías del pueblo se encontraba la casa ancestral del Pu Songling, autor de la dinastía Qing que compuso la colección de relatos fantásticos Cuentos de Liao Zhai. “Son historias escritas en un estilo clásico muy elegante. Incluso, para las personas que no han sido formadas para leer chino tradicional, su expresividad sigue siendo muy fuerte”, comentó sobre uno de los autores reseñados por Jorge Luis Borges en su Antología de la literatura fantástica.
Después de leer unas pocas páginas de Cien años de soledad, cerré el libro porque estaba impactado, sentí que yo también podía escribir una novela de la misma manera. Muchas vidas descritas por García Márquez abundan en mi experiencia vital”, confesó Mo Yan.
Como un representante de la generación que vivió las políticas de Reforma y Apertura, la traducción y la recepción de autores internacionales también marcaron sus años de aprendizaje. “En la década de los 80, muchos excelentes traductores volcaron una gran cantidad de obras literarias occidentales al chino”, observó y luego mencionó sus primeros encuentros con la obra de Gabriel García Márquez y William Faulkner. “En este tipo de novelas extranjeras no se lee el idioma chino auténtico ni el extranjero, sino que es el traductor el que busca una forma correspondiente en su lengua natal”, agregó.
De hecho, el traductor al español de Trece pasos, Juan José Ciruela, consideró los desafíos de interpretar la múltiplicidad de matices presentes en la obra de Mo Yan. “Dada la distancia lingüística entre el chino y el castellano, es necesario vivir la lengua, vivir la cultura para hacer una buena traducción”, hizo referencia a su trabajo como intérprete y como profesor de mandarín en la Universidad de Granada.

Foto: ctrip.com
Uno de los personajes principales de Trece pasos está encerrado en una jaula, mientras los habitantes del pueblo pasan y le arrojan tizas para que cuente sus historias. Mo Yan comparó esta narración con la tarea del novelista sumergido en la “prisión del lenguaje”. Al mismo tiempo, libera y restringe. “Ya sea prosa o novela, los géneros literarios son como jaulas. Tanto los escritores como los poetas están encerrados como si fueran pájaros”. Consideró que la tarea colectiva del artista consiste en empujar los límites del arte. “Algunos hacen todo lo posible para liberarse de los barrotes. La presión de muchos pájaros terminará por deformar la jaula”, consideró.
Metáforas de animales y de vidas pasadas, desde relatos de las personas que vivieron la ocupación japonesa en la década de 1930 hasta menciones de autores clásicos, las referencias de Mo transitaron lo tradicional y lo moderno, la memoria colectiva y las experiencias históricas que signaron a su generación. Según sus palabras, la experiencia como campesino durante la Revolución Cultural y más tarde como soldado fue fundamental para su tarea posterior.
En múltiples entrevistas, Mo definió su estilo como una forma de “realismo delirado”, una mezcla de la narración histórica con elementos propios de la ficción. Su estilo surgió en un primer momento influido por la obra de García Márquez, a quien leyó por primera vez en 1984. Fue en la biblioteca de la Academia de Artes del Ejército, donde encontró una copia de Cien años de soledad. “Después de leer unas pocas páginas, cerré el libro porque estaba impactado, sentí que yo también podía escribir una novela de la misma manera. Muchas vidas descritas por García Márquez abundan en mi experiencia vital”, confesó.

Foto Cortesía de Lucila Carzoglio.
De hecho, al año siguiente empezó a escribir Sorgo rojo, una de sus novelas más celebradas y más tarde adaptada al cine por el director Zhang Yimu. La historia surgió a partir de los relatos de los campesinos de su pueblo que se sentaban a conversar en un puente de piedra, donde había sucedido un enfrentamiento entre grupos de resistencia y soldados japoneses. A medida que cada uno relataba su historia descubrió que los detalles cambiaban y se convertían en un caledoscopio con múltiples puntos de vista. “La historia no es completamente cierta en boca del narrador. Una vez que se cuenta la historia, se convierte en leyenda”, afirmó.
En La vida y la muerte me estan desgastando, su novela publicada en 2008, un terrateniente es asesinado a medidados del siglo XX para que su tierra sea dividida entre los campesinos. Empieza así un ciclo de reencarnaciones como diversos animales de granja que relatan los cambios históricos en el campo chino. Uno de los asistentes en el público le preguntó al autor en qué animal haría reencarnar al protagonista para contar el presente del país asiático. Mo Yan contestó que reencarnaría en un hombre, “quizás en un escritor que sepa narrar los cambios que sucedieron en mi tierra natal”.


Foto: Cortesía de Lucila Carzoglio.



