Perfil

Milan Kundera: el escritor que fraternizó con la literatura colombiana

Durante su extensa carrera literaria, el escritor checo, nacionalizado francés desde 1987 y fallecido el pasado martes 11 de julio, dejó una obra tan extensa y profunda como su pensamiento. El autor, quien se desempeñó con notable talento como novelista, poeta, dramaturgo y ensayista, escribió títulos memorables como La insoportable levedad del ser (1984), La broma (1967), La vida está en otra parte (1972), El libro de la risa y el olvido (1978) y El arte de la novela (1986). In memoriam.

Por: Alejandro Alzate

Milan Kundera (1929 – 2023), novelista, cuentista, dramaturgo, ensayista y poeta checo. 
Foto: pensador.com

Dos aspectos importantes, o por lo menos curiosos, se me revelaron de cara a la apertura de estas páginas. Se trata de la relación, casual o fortuita, que tuvo, y ha tenido a través de los años, Milan Kundera con la literatura colombiana. Con algunos de sus escritores. Con el fin de explicar lo dicho, se hace necesario volver la vista atrás unas cuantas décadas. Diremos que fue La broma, texto publicado en 1967, el que compartió anaqueles con la por entonces recién escrita Cien años de soledad. Más allá del dato estadístico, es cierto que García Márquez y Kundera fueron amigos. Así lo dejó en claro el autor de La inmortalidad (1988). De acuerdo con él:

No he podido olvidar aquel triple encuentro: Praga ocupada por el ejército ruso, la visita de Gabo y sus dos amigos [Carlos Fuentes y Julio Cortázar], y las primeras pruebas de la traducción checa de Cien años de soledad. Leí esa novela en una sola jornada, y de inmediato le escribí un posfacio, que recibí impreso en las siguientes pruebas, pero que nunca fue publicado […] Cuando me fui de Checoslovaquia en un pequeño Renault 5, no pude llevar nada conmigo; ningún mueble, por supuesto; ni siquiera mi ropa. Mi biblioteca se redujo a unos cincuenta libros, y el archivo personal de mis propios escritos me pareció entonces tan inútil que lo tiré a la basura. Sin embargo, el posfacio para Cien años de soledad lo llevé cuidadosamente conmigo en pruebas de imprenta, como un amuleto protector. Con ese mismo sentimiento leí luego todos los libros de Gabo. No solo me maravilló su belleza, sino que además creí escuchar la voz de un amigo que solo podía ver de vez en cuando pero cada vez más querido.

Si bien son varios los aspectos que explican la fraternidad entre Gabriel García Márquez y Milan Kundera, es preciso señalar que las simpatías políticas e ideológicas constituyeron un común denominador que, al menos en principio, los unió fervorosamente. Uno y otro simpatizaron, a su manera y con sus matices, desde luego, con el comunismo. Tras advertir las simpatías que en esa dirección afloraban en muchos de los escritores de América Latina, en 1960, la denominada Unión de Escritores invitó a los tres mencionados novelistas suramericanos a Checoslovaquia. El fin no era otro que estimular la producción literaria y ayudar a sofocar la contrarrevolución ideológica que se gestaba a través de las artes, en general, y desde la literatura, en particular.

…Kundera traza un panorama actual, irónico y satírico en torno al poder como instrumento; también cuestiona la necesidad de certezas que requieren los seres humanos para sobrevivir a la experiencia trascendental de la vida.

Llegados a este punto, es preciso mencionar que la simpatía que Kundera sintió por el comunismo duró poco. Se desvaneció rápido; como el agua entre las manos. Una vez desencantado del proyecto político que se presentaba evidentemente represivo y aniquilador, La broma se constituyó en el texto que selló su disidencia ideológica, su exilio y su proscripción del panorama literario checoslovaco. Alejados ya en el plano político, García Márquez y Kundera siguieron unidos por lo que el europeo denominó “la imaginación libre, la poesía y el antilirismo”. Una vez domiciliado en Francia, Kundera empezó no solo una nueva vida sino un nuevo derrotero literario. De acuerdo con El Mundo:

En el contexto convulso de finales de los años 70, Francia le dio a Kundera el lugar que no había podido encontrar en su país, con el que siempre tuvo una relación conflictiva: ahí perdió la nacionalidad, misma que se le restauró años después, cuando ya tenía la gala. Se le llegó a acusar de haber delatado a un disidente a la policía comunista.
Crítico con el comunismo, antes de exiliarse fue expulsado primero del Partido y después sufrió represalias, sobre todo tras el estallido de la Primavera de Praga, en 1968.
En Francia vivió, primero en Rennes, y después en París. [Ciudad] donde publicó algunas de sus obras más conocidas, entre ellas La insoportable levedad del ser.
Los escritores Milan Kundera, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez.
Foto: eluniversal.com.mx

Francia y los años 70 fueron allanando el terreno para los premios que lo aguardaban una vez llegara la década de 1980. Fue en el transcurso de esta última cuando obtuvo el Premio Jerusalén (1985) y el Premio Austriaco de Literatura Europea (1987). Su prosa, ampliamente conocida en todo el mundo, fue motivo de estudios rigurosos y de críticas en las cuales predominó la inquina. De hecho, aún hoy algunos escritores como Jonathan Coe han llegado a comentar que “su obra está irremediablemente dañada por su retrato de las mujeres y su aplastante androcentrismo, donde la primacía de la mirada masculina y la cosificación de la mujer es total, lo cual limita sus logros como novelista y ensayista”. No obstante este tipo de lecturas, lo cierto es que el trabajo de Kundera traza un panorama actual, irónico y satírico en torno al poder como instrumento; también cuestiona la necesidad de certezas que requieren los seres humanos para sobrevivir a la experiencia trascendental de la vida.

El segundo caso que se me reveló de súbito, y que es novísimo, por demás, llegó a mí a raíz de una lectura recién hecha: La traducción del mundo (las conferencias Weidenfeld) de Juan Gabriel Vásquez. En estas, el bogotano y también autor de El ruido de las cosas al caer, no vacila en acudir a las teorías que en torno a la novela y la ficción tuvo el escritor checo. De acuerdo con este:

La sociedad occidental se suele presentar como la sociedad de los derechos del hombre, pero antes de que un hombre tuviera derechos, se tenía que constituir como individuo, considerarse individuo y ser considerado como individuo; y eso no hubiera podido pasar sin la larga experiencia de las artes europeas, y en particular el arte de la novela, que enseña al lector a sentir curiosidad por los otros y a tratar de comprender verdades distintas de la suya propia.

La cita, una de las tantas que hay en el texto de Vásquez, plantea uno de los más caros intereses que como artista tuvo Kundera: la posibilidad de entender al otro más allá de las limitaciones o construcciones ideológicas que devienen en formas esquemáticas de pensamiento. A renglón seguido, el colombiano introduce otra idea capital del autor de Los testamentos traicionados:la posibilidad de que la novela vea y viva la historia “como una situación existencial”. Dado el interés que manifestó el nacido en Brno, en 1929, por el estudio de la narrativa en tanto expresión capaz de testimoniar la historia del hombre y del mundo, aparece una nueva y potente reflexión: “Hay, de una parte, la novela que examina la dimensión histórica de la existencia humana, y, de otra parte, la novela que es la ilustración de una situación histórica, la descripción de una sociedad en un momento dado, una historiografía novelada”.

Tras releer los fragmentos citados por Vásquez, puede comprenderse mejor la enorme inquietud que generaron las ficciones, poemas y ensayos de Kundera en la Checoslovaquia tomada por los rusos a finales de los años 60. En un contexto políticamente monofónico, todo lo referido da cuenta del pensamiento de un autor que fue mucho más allá de escribir o de fabular historias bajo la exclusiva estética del divertimento o el hedonismo creador. Por el contrario, queda claro que la suya fue, y es, una literatura que, como bien señaló García Márquez, tenía una función subversiva, una que no exaltara “valores establecidos”.

Foto: elclubdeloslibrosperdidos.org

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